Nuestra misión en conversión

Homilía del obispo en la misa del Encuentro Diocesano de Envío

S.I.B. Catedral de Mondoñedo, sábado 28 de octubre de 2017

"Sintámonos alegres y orgullosos de la fe que hemos recibido y tanto nos ayuda a nosotros y a otros"

Celebramos hoy en la catedral la misa del envío en este nuevo curso diocesano 2017/2018. Recordamos las raíces de nuestra fe en este templo que se acerca a los ocho siglos. Precisamente esta Santa Iglesia Basílica Catedral es imagen hermosa del misterio de la Iglesia como casa de Dios en medio de su pueblo, que se edifica con las piedras vivas que somos cada uno de los diocesanos. Buscad en estas piedras vuestros nombres y los nombres de quienes os preceden en el camino cristiano por estas tierras.

En continuidad con los orígenes de la fe, nos sentimos en comunión con los apóstoles celebrando la fiesta de san Simón y san Judas. Estamos cimentados sobre ellos, como también sobre san Rosendo y cuantos nos preceden como hombres y mujeres de Dios.

Durante este curso queremos construir nuestra comunidad eclesial diocesana y su misión evangelizadora en conversión. Queremos alcanzar la transformación misionera de Mondoñedo-Ferrol y hemos de comenzar por tomar conciencia de lo que cada piedra viva de este edificio diocesano necesita restaurarse, pulirse, adaptarse, revestirse con la hermosura del Evangelio.

Cada uno estamos llamado a dar pasos concretos y reales sabiendo que no hay caminos solitarios, aunque las decisiones sí son personales. Se requiere la determinación personal, pero el camino de conversión es compartido. Nos ayudamos y apoyamos unos a otros, ensamblando cada piedra viva con la piedra angular, Cristo el Señor.

Revisémonos y alegrémonos por liberarnos de lo que pesa y dificulta el camino. Revistámonos de la hermosura del Evangelio y ocupemos el lugar que nos corresponde y estabiliza el edificio. Todas las piedras somos del mismo valor a los ojos de Dios.

Con el deseo de conversión, buscando cada uno su lugar de piedra viva en este edificio eclesial de Mondoñedo-Ferrol, tenemos un magnífico plan diocesano de misión en conversión que ilumina la lectura de la carta a los Romanos que hemos escuchado (Rom 12, 3-13).

Empecemos por que nadie se estime ni más ni menos de lo debido. Como dice Pablo, así como un solo cuerpo tiene muchos miembros y no todos tienen la misma función, así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo unidos a Cristo y somos miembros los unos de los otros con dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Así, el que habla en nombre de Dios, que lo haga de acuerdo con la fe; el que sirve, entréguese al servicio; el que enseña, a la enseñanza; el que ayuda, que lo haga con generosidad y amabilidad; el que practica la misericordia, que la practique con alegría.

Bien organizados, dando gracias por los dones que cada uno ha recibido, sin envidiar los de los demás, sintámonos unidos viviendo con autenticidad el amor, tal y como Dios nos lo muestra en Cristo Jesús. Apeguémonos a lo bueno, despeguémonos de los males espíritus. No seamos negligentes, no nos dejemos llevar de la acedia gris y vacía. Mantengamos encendida la lumbre de la alegría con las ascuas de la esperanza siempre preparadas. Seamos firmes en estas convicciones y en el cuidado de estos dones, de modo que no nos los robe ninguna tribulación, grande o pequeña. Sintámonos alegres y orgullosos de la fe que hemos recibido y tanto nos ayuda a nosotros y a otros.

Finalmente, pero al principio, en medio y en todo momento, seamos asiduos en la oración. No seamos rácanos orando. Y, como consecuencia y compromiso, solidarios y acogedores, con esa acogida cristiana que habla de Dios a quien recibimos.

Aquí estamos, Señor, para hacer tu voluntad. Con este proyecto de vida y misión queremos sentirnos enviados, no como francotiradores, nunca solos, sino en comunidad, al menos de dos en dos, como los setenta y dos, como los apóstoles llamados cada uno por su nombre. Anunciemos juntos, unidos, como Iglesia, que el Señor viene, está cerca el Reino y trae la salvación. Roguemos al Dueño de la mies que envíe obreros para trabajar por mejorar este mundo necesitado, herido y enfermo. Llevemos su paz, la que solo Él sabe dar. Seamos sencillos y austeros. Adelantemos el Reino de Dios.

Amén.