San Simeón y santa Ana, patronos de Vida Ascendente

VA está establecida en todas las diócesis españolas, con cerca de 30.000 miembros repartidos en 1.800 grupos parroquiales · Autor: Vida Ascendente

Vida Ascendente es un movimiento de Apostolado Seglar de jubilados y mayore

Su objetivo: que personas mayores aporten a la sociedad y a la Iglesia su fe, su experiencia y su tiempo

El obispo diocesano presidirá una eucaristía en Ferrol el próximo 6 de febrero

"A los mayores nos toca ver las cosas con los ojos de nuestra fe y de nuestra experiencia"

Cuando hablamos de los Santos Patronos de Vida Ascendente se suele creer que son san Joaquín y santa Ana, los abuelos de Jesús; pero la realidad es que los Santos que han elegido los fundadores de esta institución son: san Simeón, el anciano vidente, quien, guiado por el Espíritu, reconoció a Jesús cuando sus padres le presentaron en el Templo de Jerusalén; y santa Ana, la profetisa e hija de Fanuel (a quien, por supuesto, no debemos confundir con la más conocida santa Ana, abuela de Jesús).

Los que escogieron a los Santos Patronos se fijaron en el relato de Lucas, cap.2 27-33, que cuenta así el encuentro de Jesús en la entrada del templo de Jerusalén con Simeón y con Ana. Leemos allí:

«He aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba con él el Espíritu Santo. Le había sido revelado, por el Espíritu, que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

"Ahora, Señor, puedes, según tu palabra,
dejar que tu siervo se vaya en paz;
porque han visto mis ojos a  tu salvador,
que Tú has prepararste
para presentarlo a la vista de todos los pueblos,
luz para iluminar a los todos los pueblos  y gloria de tu pueblo Israe
l".

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él.

Simeón los felicitó y después dijo a María, su madre: "Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones".

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios, noche y día, en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalé
n".

Este fue el acontecimiento que llamó la atención de los fundadores de Vida Ascendente. Dos personas ancianas que dedican gran parte de su tiempo a la oración y al servicio del templo de Jerusalén. Que guiados por el Espíritu son capaces de descubrir más allá de lo que ven sus ojos.

Simeón era justo a lo divino, lleno de piedad era comprensivo, amable, acogedor del débil. Era un hombre de fe sencilla y estaba seguro de que Dios, vendría en su momento, a cumplir la promesa que a través del Espíritu le había hecho.

Ana acudía también al templo diariamente, dedicada  a la oración y al cuidado del templo, en donde encontró refugio a sus tristezas.

Los dos se encontraban cumpliendo su función diaria en el templo de Jerusalén cuando se encontraron a la puerta del templo a una familia humilde, de apariencia insignificante. Traen en brazos un niño y manifiestan su deseo de presentarlo al Señor y presentar la ofrenda que señala la ley de Moisés. Enseguida captaron, inspirados por el Espíritu, el valor de aquel tesoro escondido que tenían ante sus ojos y Simeón, cogiendo al niño en sus brazos, exclamó: “¡Gracias, porque mis ojos han visto al Salvador prometido!”.

Dieron gracias a Dios y le anunciaron a María uno de los riesgos que llevaba el ser escogida para Madre de Dios: “Una espada te atravesará el alma”.

Ana, que ejercía la función de profetisa, llegó al templo en aquel momento y comenzó a alabar a Dios y hablaba de aquel niño a todos los que esperaban la salvación de Jerusalén.

A los mayores nos toca ver las cosas con los ojos de nuestra fe y de nuestra experiencia, anunciar a las personas que amamos en momentos, a veces de dolor, el sentido de esos acontecimientos, para que no les coja desprevenidos el sufrimiento. Nuestro corazón llora a veces de alegría y otras de tristeza, pero Dios va por delante y con su amor, que nos ama y sabe más que nosotros, es capaz de transformar en alegría nuestras penas. María tuvo treinta años para asimilar aquel  dolor que Jesús convertiría en alegría, al darle a cambio el amor de todos los hijos adoptivos, que intentarían aliviar el dolor de la Madre.

En aquel día de anuncio del dolor y la alegría de la redención en el niño presentado en el templo, podemos imaginarnos a Simeón bendiciendo a Dios con parecidas palabras a las que pronunciaría Jesús: “Te doy gracias, Señor de cielo y tierra, porque has escuchado mis plegarias, yo sé que Tú siempre me escuchas".

Vida Ascendente con su triple mensaje de apostolado, espiritualidad y amistad, está llamada a descubrir a Jesús que se presenta en la vida de cada persona y viene a compartir con nosotros su mensaje de amor. Estemos atentos al Espíritu que nos quiere descubrir como a Simeón su presencia y el compromiso de hacerlo presente también en las personas que nos rodean, y a las que como Ana tenemos que anunciarles la buena noticia con nuestro amor, nuestra solidaridad y nuestra palabra.

Es la misión de abuelos: consejeros, amigos de las personas con las que convivimos. Imitemos a nuestros patronos en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios, acojamos al Espíritu para que Él nos indique el momento oportuno de nuestra intervención en donde nos sitúa el Señor y espera nuestra intervención como evangelizadores.

José Couce Rey
Consiliario diocesano de Vida Ascendente


· ACTO DIOCESANO: Eucaristía presidida por el obispo diocesano, monseñor Luis Ángel de las Heras, CMF. Martes 6 de febrero, 17 horas, en la iglesia parroquial de San Xoán de Filgueira de Ferrol.