Jueves Santo: "Tener que ver con Cristo para amar como él"

Concatedral de San Julián de Ferrol

Homilía del obispo Luis Ángel en la eucaristía de la Cena del Señor

"Para construir un mundo nuevo, hemos recibido el tesoro del fuego del amor y la misericordia de Dios que encienden los corazones"

Esta tarde del Jueves Santo se deberían conmover nuestras entrañas y cambiar algo ante tanto amor derramado delante de nosotros. El amor que celebramos en el Triduo Pascual es capaz de cambiar el luto de esta tierra en danza. Pero todavía está por sondear y conocer bien el amor de Dios. Además, es un amor de difícil alcance, no porque esté lejos, sino porque somos escurridizos y no nos dejamos alcanzar por Dios tan fácilmente.

Marabillosa Cea
de pan e viño que nos fan un Corpo
tan grande coma Deus:
Alimento do nós
que racha coas barreiras
en quen se fai pequeno.
Divino Memorial
do servidor abaixado e triunfante
que a todos lava os pés;
memoria que supera
as tebras do fracaso
en quen se fai pequeno
.
(Liturxia das Horas, Himno de Laudes Textos Comúns para a Semana Santa)

Celebramos hoy la hondura del misterio del amor humano que puede ser transformado en un amor como el de Dios. Es el amor llamado a ser servicial, con vocación de lavatorio, que prende en los corazones y los enciende cuando lo experimentamos en la Eucaristía como su fuente, en la fraternidad cristiana como modo de relacionarnos con los demás, en el ministerio sacerdotal como entrega total al servicio de Dios y de su Pueblo.

Dios ha venido a ofrecernos la libertad de la salvación por medio del amor. No lo hace para que fijemos la mirada en el cielo aguardando que nos contemple a cada uno en exclusiva. Lo hace para que aprendamos a amar y amemos como Él nos ama. Para que seamos capaces de girar nuestros ojos, y con ellos nuestro corazón, y descubrir, así, a los hermanos, encontrando en el servicio por amor la libertad de Jesucristo para todos. Nadie se salva solo, como nadie peca solo. Cuando pecamos extendemos el daño del pecado a los demás. Cuando aceptamos la salvación del amor de Dios, derramamos la dicha de los bienaventurados sobre nuestros hermanos.

Lo que mueve a Dios para ofrecer una Pascua de liberación a su Pueblo es la misericordia y el amor ante la esclavitud y la opresión de los hombres y mujeres de Israel en Egipto. Su misericordia y amor ponen en camino fraterno de liberación a todos los que quieren confiar en el Dios que ofrece una pascua liberadora: salir de la esclavitud y la opresión, de la ira, el odio, la rabia, el rencor, la decepción, la ausencia de amor que generaba aquella situación como hoy genera cualquier situación similar de esclavitud y opresión.

Ahora, en camino de libertad, incluso creyéndonos muy libres, podemos padecer esclavitudes si nos falta el verdadero amor, si el corazón se nos queda frío, indiferente, rencoroso, justiciero o soberbio. Pero el Señor Jesús nos ofrece el don de encender nuestros corazones en su amor para tomar la toalla y la jofaina, con actitud humilde de servicio, y construir unas relaciones fraternas nuevas, por encima de viejos sentimientos que nos hacen cautivos del hielo humano. Ahora, para construir un mundo nuevo, hemos recibido el tesoro del fuego del amor y la misericordia de Dios que encienden los corazones.

Como seguramente los pies de nuestra vida cristiana están ennegrecidos, dejemos este Jueves Santo que el Señor nos lave, para tener nosotros algo que ver con Él y así también invitar a otros a encontrarse, a “tener que ver” con Cristo, que nos manifiesta la única vía de solución de este mundo: amar como Él nos ama.