Adviento: esperamos al redentor, al compañero, al confidente

Escrito del obispo Luis Ángel para el número de noviembre de la revista 'Dumio'

"Permanezcamos atentos; más aún, vigilantes. El Señor viene a nosotros en cada persona y en cada acontecimiento"

«Para nosotros ha nacido el Señor. (...) Dándose a todos, se da enteramente a mí. (...) Sintámoslo así al Señor: el redentor de mi familia, el compañero de mi vida, el confidente de mis angustias» (S. Óscar Romero, Homilía en la Vigilia de Navidad de 1978)


Este año, que ha sido el de su canonización, san Óscar Romero nos ayuda a vivir la esperanza del Adviento. Esperemos y acojamos a Cristo, el Mesías, el Señor como redentor, compañero y confidente.

Redentor de mi familia, la más pequeña, la mediana y la más grande. La familia de los que vienen de lejos y me eran extraños, siendo ahora hermanos. Todos abrazados por la familia de la parroquia, de la Iglesia. Redentor del que más sufre en la familia.

Compañero de mi vida, que me impulsa a superar soledades y tristezas. Compañero que me lleva a caminar con quienes van solos para acompañarlos yo también dos millas del camino cuando me pidan que camine una o que les dé lo que necesitan (cf Mt 5,41-42). Compañero del que más sufre en la vida.

Confidente de mis angustias. Ante quien no tengo que entrar en detalles porque los conoce todos. Quien comprende y consuela al mismo tiempo. Confidente que me enseña cómo escuchar confidencias. Para ser yo también confidente del que más sufre y no se siente escuchado.

Esperemos con anhelo al redentor, al compañero, al confidente, Cristo, el Hijo de Dios, el Mesías, el Señor. Seamos sobrios y permanezcamos atentos; más aún, vigilantes. Viene a nosotros en cada persona y en cada acontecimiento. Allá donde la vida se pone en peligro, donde la vida pierde sentido, donde la vida recibe nuevas angustias que claman redención y compañía en confidencia de infinito amor.

Ese amor envuelto en pañales y acostado en un pesebre que amplía el horizonte del corazón creyente y esperanzado, como se ampliaron hasta el firmamento los corazones de la sorprendente y admirable María y del atónito y confiado José.

Para nosotros ha nacido el Señor. Dándose a todos, se da enteramente a TI. Está a la puerta y llama; si oyes su voz y abres la puerta, entrará y cenaréis juntos (cf Ap 3,20).

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel