San Julián: un testigo de Dios

Por Antonio rodríguez Basanta, vicario general diocesano

Homilía en la fiesta de San Xiao, patrono de la Concatedral y de la ciudad de Ferrol

"El verdadero creyente, si de verdad la fe cristiana que profesa le ha tocado el corazón, se convierte en testigo de lo que tanto necesitamos en nuestro tiempo"

Celebramos hoy nuestra fiesta patronal en honor de San Julián, titular de esta parroquia elevada al rango de concatedral hace más de medio siglo, y patrono también del Concello de Ferrol desde el siglo XVIII.

De san Julián la historia no nos aporta muchos datos: sabemos vivió en siglo IV, educado en una familia cristiana, obligado a casarse con la que también sería canonizada, santa Basilisa, pero manteniendo ambos su promesa de virginidad, lo que les posibilitó retirarse a la vida contemplativa y fundar sendos monasterios. San Julián murió mártir en la persecución del emperador Diocleciano.

Precisamente aquí radica su ejemplaridad. Como escribió su contemporáneo san Agustín, “no es el sufrimiento, sino la verdad lo que hace al mártir”. Mártir, pues, es un testigo. Un testigo de Dios, de la verdad y de la existencia de Dios, precisamente en un tiempo y en una sociedad que, sabiéndolo o ignorándolo, siempre necesita a Dios.

El mártir es un testigo, es alguien que en su vida experimenta la cercanía de ese Dios, se siente misteriosamente habitado por Él hasta tal punto que todo lo demás es relativo, incluso la propia vida. Para un mártir Dios es el centro, el sentido y la razón de vivir. Así lo fue para san Julián y para tantos mártires, hombres y mujeres, incluso niños, a lo largo de la historia y en nuestros días.

Hoy también necesitamos mártires, testigos de una existencia transformada por el evangelio y transida por la cercanía de ese Dios manifestado en la persona y en la vida de Jesucristo. Testigos que no tengan miedo de ir contracorriente o, como suele decirse, contra la dictadura lo políticamente correcto. Precisamente en una sociedad donde Dios parece estar ausente o relegado definitivamente a un pasado ya superado.

El verdadero creyente, si de verdad la fe cristiana que profesa le ha tocado el corazón, se convierte en testigo de lo que tanto necesitamos en nuestro tiempo. Lo dejó dicho un papa contemporáneo de muchos de nosotros, recientemente canonizado, Pablo VI: “el hombre de hoy escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio” (EN 41).

Hay un martirio cotidiano, silencioso y discreto al que todos estamos llamados. Nos lo recuerda el evangelio de las bienaventuranzas que hemos proclamado. Y el papa Francisco nos lo sugiere en su exhortación apostólica sobre la santidad: “Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos - dice el papa -, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Son como el carnet de identidad del cristiano” (Gaudete et Exsultate 63).

Y añade a modo de pautas a tener en cuenta en nuestras vidas: “Ser pobre de corazón, esto es santidad” (70) […] “Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad” (74) […] “Saber llorar con los demás, esto es santidad” (76). “Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad” (79) […] “Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad” (82) ][…] “Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad” (86) […] “Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad” (89).

Y concluye diciendo: “No se puede esperar, para vivir el Evangelio, que todo a nuestro alrededor sea favorable” (91) […] “La cruz, sobre todo los cansancios y los dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación” (92).

Irmáns, que o exemplo e a intercesión san Xiao e santa Basilisa nos axuden a  cada un de nós a espertar a unha fe máis adulta e comprometida, comezando polo máis humano da vida e da convivencia de cada día, ata confesar sen reparos a nosa fe cristiá que nos identifica como “discípulos misioneiros” de Xesucristo, Fillo de Deus e de María Virxe, nacido en Belén para a nosa salvación.

Antonio Rodríguez Basanta

Xove (1950) - Vicario General - Especialista en Catequética

@tonobasanta