'Padrenuestro'. La Vida Consagrada, presencia del amor de Dios

Escrito del obispo Luis Ángel con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

La Concatedral de Ferrol acogerá una eucaristía el sábado 2 de febrero a las 11 horas

"La vida consagrada, desde cada valioso carisma, es presencia del amor de Dios para con todos, principalmente los más débiles"

Qué hermoso privilegio poder llamar Padre a Dios, como nos ha enseñado Jesucristo, a quien la persona consagrada sigue muy de cerca en comunidad de vida fraterna. Además, en esta se recibe el don de llamar Padre a Dios cada día como hermanos o hermanas que viven bajo un mismo techo. Así, celebramos este año el don de la vida consagrada en la Iglesia como presencia del amor de Dios Padre manifestado en su Hijo.

Ciertamente en Cristo hemos conocido que Dios, movido por su infinito amor, tiene voluntad de acompañarnos como necesitamos, nos habla como amigos, no como siervos, y nos invita a una comunicación de amor con Él que siempre está abierta a crecer. Afirma el papa Francisco en la exhortación Gaudete et exsultate que el designio del Padre es Cristo amando en nosotros, que la santidad es la caridad plenamente vivida y, en consecuencia, que la santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros (cf GE 21).

En la vida consagrada podemos descubrir cómo profundizar en el conocimiento del amor de Dios y ayudarnos de modo que la estatura de Cristo crezca en nuestro corazón. Porque las personas consagradas han puesto en el amor de Dios su más alto ideal y el mismo Señor que las ha llamado anima su vida, es la fuerza de su vocación.

Este año 2019, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada nos permite renovar la mirada agradecida hacia la inestimable riqueza de la presencia de cada persona consagrada y cada comunidad religiosa en Mondoñedo-Ferrol. El camino misionero de nuestra Iglesia diocesana se hace más ligero y llevadero con quienes son presencia del amor de Dios nuestro Padre con su singular vida y misión.

El testimonio de las personas consagradas aviva la fe en Dios Padre y la conciencia de hijos de Dios. Buscar a nuestro Padre nos acerca al Reino, nos ayuda a confiar en su Providencia, nos expone al viento del Espíritu y nos prepara para la comunión entre hermanos como hijos queridos de Dios que aprenden a vivir el amor como Cristo nos ha amado (cf Ef 5,1-2).

Necesitamos personas que nos muestren relaciones fraternas desde su trato especial con el Hijo de Dios; que transparenten el exceso del amor de Dios. Necesitamos personas que vivan y transmitan la confianza filial en el Padre misericordioso; que practiquen y contagien el perdón y la reconciliación; que nos revelen el secreto del abrazo sanador y liberador de Dios a la humanidad.

Tenemos la oportunidad de aproximarnos a quienes nos acercan al amor infinito del Padre, presencia que solamente puede hacernos bien y que nos va a permitir caminar unidos al Señor, superando todo temor y reconociendo su amor constante en nuestras vidas (cf GE 51), el amor de Cristo que trasciende todo conocimiento hacia la plenitud total (cf Ef 3, 19).

Demos gracias a Dios por el don insustituible de la vida consagrada en la Iglesia y en nuestra diócesis y crezcamos en el amor que Jesús nos da a conocer entregándonos los rostros del Padre y del hermano «o mejor, uno solo, el de Dios que se refleja en muchos. Porque en cada hermano, especialmente en el más pequeño, frágil, indefenso y necesitado, está presente la imagen misma de Dios» (GE 61). La vida consagrada, desde cada valioso carisma, es presencia del amor de Dios para con todos, principalmente los más débiles, en cuyos rostros vemos nítido el de nuestro Padre.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel