Vivir como hijos de Dios para ser hermanos

Escrito del obispo Luis Ángel de las Heras para la Cuaresma 2019

"El perdón que pedimos y nos piden, que damos y recibimos nos lava y purifica, aunque tengamos sangre en las entretelas del alma"

Queridos diocesanos, hermanos y hermanas:

El papa Francisco nos ha regalado un mensaje para la Cuaresma de este año que titula con este versículo de la carta a los romanos: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Os invito a leerlo y meditarlo con todas sus consecuencias. Para presentar y motivar su acogida, me permito ahora compartir, sin ánimo de ser exhaustivo, cuatro tiempos que en el mensaje del Santo Padre me resultan especialmente retadores para poder vivir a fondo —personalmente y en comunidad— este magnífico itinerario hacia la Pascua que nos ofrece la Iglesia.
 

1. Tiempo para sacudirse y salir

Todos los años lo repetimos con fuerza en este tiempo porque no podemos olvidarlo y lo tenemos presente en nuestro plan diocesano para la misión: no hay fe madura sin conversión continua. La Cuaresma es tiempo de sacudida, de cambio, de conversión, de decisión. Tiempo para dejarse transformar por la acción purificadora de Dios que nos guía hacia la plenitud. Tiempo de desierto para llegar al jardín. La Cuaresma, con el horizonte de la Resurrección, nos invita a volver los ojos sobre nosotros mismos para salir fuera y superar cualquier egoísmo y ensimismamiento. Para dejar de victimizarnos, para dejar de mendigar la dignidad que ya tenemos cuando no somos capaces de reconocerla y vivir en coherencia.
 

2. Tiempo de vivir como hijos de Dios

La mejor conversión que podríamos experimentar en Cuaresma es la de vivir como hijos de Dios. Que lo seamos no quiere decir que vivamos como tales y, desde luego, siempre podemos crecer en nuestra filiación divina. Realmente el universo que contemplamos está esperando la manifestación de los hijos de Dios (cf Rom 8,19), que han de vivir como “personas redimidas”, nos recuerda el Papa. Vivir como hijos de Dios supone abandonar cualquier pensamiento y comportamiento destructivo. Exige dejar los caminos codiciosos que deshumanizan y arrasan la obra del Creador. Compromete con un futuro de esperanza que requiere una adhesión firme al Dios que nos fortalece en medio de una realidad borrascosa.
 

3. Tiempo de ser hermanos

Otra buena sacudida cuaresmal es la que nos impele a recrear la fraternidad cristiana. La vida de los hijos de Dios en Cristo es una vida llamada a la comunión. Necesitamos crecer en comunión fraterna acercándonos más al otro, especialmente al pobre y al oprimido. El pecado, nos recuerda el Papa Francisco, interrumpe la comunión con Dios, con los demás y con la creación. El pecado lleva al ser humano a sentirse dueño y señor de todo y de todos, incluso de Dios, buscando solo el propio interés. Para vivir como hijos de Dios después de haber pecado es necesario pasar por la compunción y el perdón sinceros para poder recuperar en libertad nuestro rostro fraterno y nuestro corazón cristiano. Hemos conocido terribles situaciones de abuso y pecado en el seno de la Iglesia y sabemos que, como ha recordado el propio papa Francisco en la reciente cumbre celebrada en Roma a este respecto, no puede haber reconciliación ni restauración sin un arrepentimiento profundo. El perdón que pedimos y nos piden, que damos y recibimos nos lava y purifica, aunque tengamos sangre en las entretelas del alma.
 

4. Tiempo para caminar desde el desierto hacia el jardín

Los tiempos litúrgicos son a la vez tiempos de abrir senderos y de cultivar la paciencia. Vivir como hijos de Dios para ser hermanos nos permitirá avanzar aminorando la “impaciencia” de la creación, que sigue privada de armonía, de paz y de amor y que, como nos recuerda el papa Francisco, está llamada a salir, junto con nosotros «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No escatimemos oración, ayuno ni limosna, descubriéndonos en un desierto de pruebas que es lugar de tránsito para llegar al jardín del Reino. Caminemos con sabiduría hacia el jardín que Dios nos invita a revisitar y que quizá reserve para muchos un descubrimiento inesperado: el del amor infinito que, aun con sufrimiento, colma el vacío del hombre.

¡Qué sublime dádiva, la de ser hijos en el Hijo y poder convertirnos cada día un poco más hacia nuestro Padre, hacia nuestros hermanos, hacia la creación entera que anhela su plenitud! ¡Qué camino de humanidad el de la fe, que permite arrostrar los padecimientos desde la misericordia y desear la herencia copiosa desde la paciencia comprometida!

A todos os deseo que podáis hacer vuestra propia lectura cuaresmal —espiritual y comprometida— de las palabras del Santo Padre y de todo lo que la Iglesia nos brinda para caminar con paso firme y esperanzado hacia la Pascua. Que vivamos, en fin, como hijos de Dios para ser hermanos en Mondoñedo-Ferrol, dejando atrás el desierto para llegar al jardín de la Pascua de Resurrección.


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Queridos diocesanos, irmáns e irmás:

O papa Francisco regalounos unha mensaxe para a Coresma deste ano que titula con este  versículo da carta aos romanos: «A creación, expectante, está a agardar a manifestación dos fillos de Deus» ( Rm 8,19). Convídovos a lelo e meditalo con todas as súas consecuencias. Para presentar e motivar a súa acollida, permítome agora compartir, sen ánimo de ser exhaustivo, catro tempos que na mensaxe do Santo Pai resúltanme especialmente  retadores para poder vivir a fondo —persoalmente e en comunidade— este magnífico itinerario cara á Pascua que nos ofrece a Igrexa.
 

1. Tempo para sacudirse e saír

Todos os anos repetímolo con forza neste tempo porque non podemos esquecelo e témolo presente no noso plan diocesano para a misión: non hai fe madura sen conversión continua. A Coresma é tempo de sacudida, de cambio, de conversión, de decisión. Tempo para deixarse transformar pola acción  purificadora de Deus que nos guía cara á plenitude. Tempo de deserto para chegar ao xardín. A Coresma, co horizonte da Resurrección, convídanos a volver os ollos sobre nós mesmos para saír fose e superar calquera egoísmo e  ensimismamiento. Para deixar de  victimizarnos, para deixar de  mendigar a dignidade que xa temos cando non somos capaces de recoñecela e vivir en coherencia.
 

2. Tempo de vivir como fillos de Deus

A mellor conversión que poderiamos experimentar en Coresma é a de vivir como fillos de Deus. Que o sexamos non quere dicir que vivamos como tales e, desde logo, sempre podemos crecer na nosa filiación divina. Realmente o universo que contemplamos está a esperar a manifestación dos fillos de Deus (cf  Rom 8,19), que han de vivir como “persoas  redimidas”, lémbranos o Papa. Vivir como fillos de Deus supón abandonar calquera pensamento e comportamento destrutivo. Esixe deixar os camiños  codiciosos que  deshumanizan e arrasan a obra do Creador. Compromete cun futuro de esperanza que require unha adhesión firme ao Deus que nos fortalece no medio dunha realidade  borrascosa.
 

3. Tempo de ser irmáns

Outra boa sacudida  cuaresmal é a que nos  impele a recrear a fraternidade cristiá. A vida dos fillos de Deus en Cristo é unha vida chamada á comuñón. Necesitamos crecer en comuñón  fraterna achegándonos máis ao outro, especialmente ao pobre e ao oprimido. O pecado, lémbranos o Papa Francisco, interrompe a comuñón con Deus, cos demais e coa creación. O pecado leva ao ser humano a sentirse dono e señor de todo e de todos, mesmo de Deus, buscando só o propio interese. Para vivir como fillos de Deus despois de pecar é necesario pasar pola  compunción e o perdón sinceros para poder recuperar en liberdade o noso rostro  fraterno e o noso corazón cristián. Coñecemos terribles situacións de abuso e pecado no seo da Igrexa e sabemos que, como lembrou o propio papa Francisco no recente cume celebrado en Roma a este respecto, non pode haber reconciliación nin restauración sen un arrepentimento profundo. O perdón que pedimos e pídennos, que damos e recibimos lávanos e  purifica, aínda que teñamos sangue nas  entretelas da alma.
 

4. Tempo para camiñar desde o deserto cara ao xardín

Os tempos litúrxicos son á vez tempos de abrir carreiros e de cultivar a paciencia. Vivir como fillos de Deus para ser irmáns permitiranos avanzar minorando a “impaciencia” da creación, que segue privada de harmonía, de paz e de amor e que, como nos lembra o papa Francisco, está chamada a saír, xunto connosco «da escravitude da corrupción para entrar na gloriosa liberdade dos fillos de Deus» ( Rm 8,21). Non escatimemos oración, xaxún nin esmola, descubríndonos nun deserto de probas que é lugar de tránsito para chegar ao xardín do Reino. Camiñemos con sabedoría cara ao xardín que Divos convídanos a  revisitar e que quizá reserve para moitos un descubrimento inesperado: o do amor infinito que, aínda con sufrimento, colma o baleiro do home.

Que sublime dádiva, a de ser fillos no Fillo e poder converternos cada día un pouco máis cara ao noso Pai, cara aos nosos irmáns, cara á creación enteira que anhela a súa plenitude! Que camiño de humanidade o da fe, que permite  arrostrar os  padecimientos desde a  misericordia e desexar a herdanza copiosa desde a paciencia comprometida!

A todos deséxovos que poidades facer vosa propia lectura  cuaresmal —espiritual e comprometida— das palabras do Santo Pai e de todo o que a Igrexa nos brinda para camiñar con paso firme e esperanzado cara á Pascua. Que vivamos, en fin, como fillos de Deus para ser irmáns en Mondoñedo-Ferrol, deixando atrás o deserto para chegar ao xardín da Pascua de Resurrección.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel