San Rosendo, místico vertical y horizontal

S.I. Catedral-Basílica de Mondoñedo, viernes 1 de marzo de 2019

Homilía de Mons. Luis Ángel de las Heras, CMF, en la fiesta de San Rosendo

"Sintiéndonos acompañados por el Maestro y por nuestro santo patrono, veremos de un modo nuevo a nuestros hermanos que buscan a Dios"

Los biógrafos de san Rosendo coinciden en describirlo como hombre de Dios, de acción y de meditación. Un santo de mística vertical y horizontal, como lo refiere monseñor Araujo en la vida que escribe del santo y titula “San Rosendo, bispo e fundador”. Hombre con profunda experiencia de fe, que palpa, vive y descubre al Señor latiendo con amor entrañable en las cosas de la vida cotidiana. De entre todas sus virtudes, destacamos hoy la doble e inseparable mística de san Rosendo, enraizado en Dios y comprometido con todos, preferentemente con los más oprimidos de la historia, siendo egregio gobernante y evangelizador.

Es san Rosendo discípulo misionero del Padre, que responde con determinación a los desafíos de su época mediante acciones reflexionadas y oradas para el gobierno eclesiástico y político. Además de ser un valioso modelo de santidad, es un ejemplo iluminador para dar respuesta a la realidad social y religiosa que nos encontramos. Profundizando en su figura podemos aprender a configurarnos en nuestra condición de hijos, discípulos y misioneros volcados hacia todos sin exclusión, con mirada preferente a los más débiles; constructores de una Iglesia misionera, misericordiosa y samaritana en estos tiempos, tan lejanos a los de san Rosendo y, sin embargo, tan similares en muchas cosas.

Efectivamente, hoy también nosotros tenemos fuertes desafíos como Iglesia, pueblo santo de Dios. Igual que san Rosendo, nos encontramos con encrucijadas que precisan orar, dialogar y reflexionar para hallar el camino mejor. Todos los tiempos encierran dificultades y nosotros, guiados por el ejemplo de nuestro santo patrono, podemos responder a la llamada a la santidad centrando el corazón en el Señor y en las búsquedas y necesidades de las gentes, con autenticidad cristiana en este tiempo de Dios.

Inspirados por la mística vertical de san Rosendo, fijemos bien los ojos en el Señor y confiemos en el Buen Pastor que no nos abandona, que viene en nuestra busca, nos rescata cuando andamos perdidos y nos proporciona los mejores pastos con benditas sorpresas. Impelidos por la mística horizontal de nuestro santo, marchemos intrépidos hacia una tierra nueva, una nueva realidad de Iglesia que vamos vislumbrando y que podremos descubrir más cuanto menos miremos hacia atrás con la nostalgia que paraliza. Esa tierra nueva, el Reino prometido, es contenido de esperanza para quienes toman parte en los duros y preciosos trabajos del Evangelio que el Señor regala con pasión misionera.

Buscar a los desesperanzados y tristes y anunciarles que son liberados por Cristo. Superar fronteras con los inmigrantes que hay entre nosotros y ya no son extranjeros, sino hermanos. Adoptar la perspectiva de la universalidad y peregrinar unidos al resto del mundo en la casa común que hemos de cuidar por amor al Creador y a su obra, tan perceptible en los parajes de nuestra diócesis.

Proteger con exquisito cuidado los apriscos que nos ofrece el Buen Pastor, de modo que todos se encuentren con Jesucristo por medio de su Iglesia y no se alejen de Él por causa nuestra. Restaurar y hacer seguro este redil. Ser los ojos, las manos y los pies de Cristo y buscar con Él a las ovejas perdidas, vendar con Él a las heridas, fortalecer con Él a las débiles y reprender con Él a quienes se aprovechan de las demás, las humillan o las utilizan de cualquier forma.

Nuestra celebración de hoy, alentados por el testimonio de san Rosendo, ha de afianzarnos como hombres y mujeres que se reconocen camino de la santidad con las vestiduras interiores del amor, el servicio, la humildad, el perdón y la paz, y que se afanan en actuar en consecuencia y en palpar, vivir y descubrir a Dios latiendo con amor entrañable en las cosas de la vida cotidiana.

Cristo Jesús escucha y conoce nuestras angustias y esperanzas: nos invita a ir a un lugar apartado para descansar y fortalecernos. Hagámoslo, como lo hacía san Rosendo en Caaveiro u otros lugares. Sintiéndonos acompañados por el Maestro y por nuestro santo patrono, veremos de un modo nuevo a nuestros hermanos que buscan a Dios, algunos sin saberlo, y nos moveremos compadecidos con ánimo misionero.

Bendecidos por la doble mística vertical y horizontal de san Rosendo, acojamos la audacia misionera que nos otorga el Señor para construir la Iglesia de estos tiempos, aceptando lo que hemos de abandonar y asumiendo lo que hemos de fundar con nuevos horizontes eclesiales: comunidades cristianas fuertes, religiosidad popular renovada y misión compartida en el pueblo santo de Dios con matrimonios, laicos, sacerdotes y consagrados dispuestos todos a servir y sumando nuevas vocaciones que tenemos la responsabilidad de pedir y acompañar. Damos gracias al Señor y a su Madre, evangelizadora maternal del Reino, por el don de san Rosendo, místico, discípulo y misionero. Él inspira e impulsa nuestra Iglesia misionera, misericordiosa y samaritana para responder a la llamada a la santidad en Mondoñedo-Ferrol.

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Os biógrafos de san Rosendo conveñen en describilo coma home de Deus, de acción e de meditación. Un santo de mística vertical e horizontal, coma o refire Mons. Araujo na vida que escribe do santo e titula «San Rosendo, bispo e fundador». Home con profunda experiencia de fe, que palpa, vive e descobre ao Señor latindo con amor entrañable nas cousas da vida cotiá. Entre tódalas súas virtudes, destacamos hoxe a dobre e inseparable mística de san Rosendo, que enraizado en Deus e comprometido con todos, preferentemente cos máis oprimidos da historia, sendo egrexio gobernante e evanxelizador.

É san Rosendo discípulo misioneiro do Pai, que responde con determinación aos desafíos da súa época mediante accións reflexionadas e oradas para o goberno eclesiástico e político. Ademais de ser un valioso modelo de santidade, é un exemplo iluminador para dar resposta á realidade social e relixiosa na que nos atopamos. Profundando na súa figura podemos aprender a configurarnos na nosa condición de fillos, discípulos e misioneiros afanados por todos sen exclusión, con mirada preferente aos máis débiles; construtores dunha Igrexa misioneira, misericordiosa e samaritana nestes tempos, tan lonxe dos de san Rosendo e, sen embargo, tan similares en moitas cousas.

Efectivamente, tamén hoxe temos fortes desafíos como Igrexa, pobo santo de Deus. O meso que san Rosendo, atopamos encrucilladas que precisan orar, dialogar e reflexionar para achar o camiño mellor. Tódolos tempos encerran dificultades e nós, guiados polo exemplo do noso santo patrón, podemos responder á chamada á santidade centrando o corazón no Señor e nas buscas e necesidades das xentes, con autenticidade cristiá neste tempo de Deus.

Inspirados pola mística vertical de san Rosendo, fiquemos ben os ollos no Señor e confiemos no Bo Pastor que non nos abandona, que vén na nosa busca, que nos rescata cando andamos perdidos e que nos proporciona os mellores pastos con benditas sorpresas. Impelidos pola mística horizontal do noso santo, marchemos intrépidos cara unha terra nova, unha nova realidade de Igrexa que imos albiscando e que poderemos descubrir máis canto menos miremos cara atrás coa morriña que paraliza. Esa terra nova, o Reino prometido, é contido de esperanza para quen toma parte nos duros e preciosos traballos do Evanxeo que o Señor regala con paixón misioneira.

Buscar os desesperanzados e tristes e anunciarlles que son liberados por Cristo. Superar fronteiras cos inmigrantes que hai entre nós e que xa non son estranxeiros, senón irmáns. Adoptar a perspectiva da universalidade e peregrinar unidos canda o resto do mundo na casa común que temos que coidar por amor ao Creador e á súa obra, tan perceptible nas paraxes da nosa diocese.

Protexermos con exquisito coidado os curros que nos ofrece o Bo Pastor, de xeito que todos se encontren con Xesucristo por medio da súa Igrexa e non se afasten del pola nosa causa. Restaurarmos e facermos seguro este rabaño. Sermos os ollos, as mans e os pés de Cristo e buscar con El as ovellas perdidas, vendar con El ás feridas, fortalecer con El ás débiles e reprender con El a quen se aproveita das demais, a que as humilla ou as utiliza de calquera forma.

A nosa celebración de hoxe, alentados pola testemuña de san Rosendo, hanos de afianzar coma homes e mulleres que se recoñecen camiño de santidade coas vestiduras interiores do amor, o servizo, a humildade, o perdón e a paz, e que se afanan en actuar en consecuencia e en palpar, vivir e descubrir a Deus latindo con amor entrañable nas cousas da vida cotiá.

Cristo Xesús escoita e coñece a nosas angurias e esperanzas: invítanos a irmos cara un lugar apartado para descansar e fortalecernos. Fagámolo, coma fixo san Rosendo en Caaveiro ou en outros lugares. Sentíndonos acompañados polo Mestre e polo noso santo patrón, veremos dun novo modo os nosos irmáns que buscan a Deus, algúns sen o saberen, e moverémonos compadecidos con ánimo misioneiro.

Bendicidos pola dobre mística vertical e horizontal de san Rosendo, acollamos a audacia misioneira que nos outorga o Señor para construír a Igrexa destes tempos, aceptando o que tenmos que abandonar e asumindo o que temos que fundar con novos horizontes eclesiais: comunidades cristiás fortes, relixiosidade popular renovada e misión compartida no pobo santo de Deus con matrimonios, laicos, sacerdotes e consagrados dispostos todos a servir, e sumando novas vocacións que temos a responsabilidade de pedir e acompañar. Damos grazas ao Señor e á súa Nai, evanxelizadora maternal do Reino, polo don de san Rosendo, místico, discípulo e misioneiro. El inspira e impulsa a nosa Igrexa misioneira, misericordiosa e samaritana para responder á chamada á santidade en Mondoñedo-Ferrol.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel