Los hermanos de La Salle recuerdan a su fundador

En España trabajan 650 religiosos, en 122 centros educativos, con 77.600 alumnos y 6.100 profesores

Actos en la diócesis con motivo del 300º aniversario del fallecimiento de San Juan Bautista de La Salle

San Juan Bautista de La Salle nace en Reims en 1651 en el seno de una familia francesa rica y noble. Es el mayor de ocho hermanos. Canónigo de la catedral a los 15 años. Siente su vocación al sacerdocio; estudia teología en San Sulpicio y la Sorbona en París. Mueren sus padres cuando tenía 21 años. Vuelve a Reims para hacerse cargo de sus hermanos, siguiendo sus estudios sacerdotales, que culminará con el doctorado. Se ordena sacerdote en 1678. Impresionado por la situación de abandono material y espiritual de los hijos de los artesanos y los pobres, descubre poco a poco, pasando de un compromiso a otro, la llamada de Dios a dar solución a esa situación. Él lo llamará “la obra de Dios”. Dirá que “si es obra de Dios, será Él quien la funde”. Su fortuna no la empleará en fundar escuelas, sino que la repartirá entre los pobres aprovechando la gran hambruna de 1684. En 1688 crea escuelas en París y, posteriormente, por la geografía de Francia. A su muerte, ocurrida el 7 de abril (Viernes Santo) de 1719, existían 57 escuelas. Beatificado en 1888, canonizado en 1900 y declarado patrono universal de los educadores cristianos en 1950.

Defendió el derecho universal a la educación de las clases pobres y humildes, teniendo que enfrentarse a las leyes y usos de la época, causa que le costó persecuciones, condenas judiciales e incomprensiones civiles y eclesiásticas. Reformó los métodos educativos y formas de enseñanza: enseñanza colectiva y en lengua nativa; contenido curricular que sirva para la vida, tratando de conseguir fieles hijos de la Iglesia y buenos ciudadanos para el Estado.

Hoy, La Salle está presente en 78 naciones. Son 3.750 hermanos, todos laicos. El número de alumnos es cercano al millón. Educan a sus alumnos en todos los niveles de enseñanza: Educación infantil, primaria, secundaria, bachillerato y universidades. En España son 650 religiosos; trabajan en 122 centros educativos, con un volumen de alumnado de 77.600 alumnos; colaboran 6.100 profesores seglares. En la ciudad de Ferrol son conocidos por su presencia en la Escuela Obrera (desde 1942 a 1976) y ahora en el barrio de Caranza, desde 1976.
 

De su espiritualidad destacamos

Que es comunitaria. Cuando los historiadores se preguntan por qué la obra de La Salle sobrevivió a lo que intentaron hacer sus predecesores o contemporáneos, se dan cuenta de que su éxito se debe al hecho de que fue capaz de dar a su obra una espiritualidad comunitaria. Convenció a sus Hermanos para compartir una vida comunitaria, que no era ni monástica ni clerical; les ayudó a escoger el nombre que deseaban llevar y de qué modo debían organizar su vida. En la asamblea de Reims de 1686 tomaron la decisión de llamarse “Hermanos de las Escuelas Cristianas”. Un título muy evangélico, dado a hombres consagrados y no clérigos, novedoso y renovador por cuanto se consideran todos iguales en el interior de su comunidad; hermanos unos de los otros y “hermanos mayores” respecto de sus alumnos. Lo esencial del espíritu de comunidad se enraíza en la expresión de su primera fórmula de los votos de su consagración: “Juntos y por asociación para el servicio educativo de los pobres”.
 


 

Basada en el espíritu de fe. Este espíritu consiste a ver y descubrir a Dios en las personas y en los acontecimientos de la vida. “Adorad a Dios bajo los harapos de los niños pobres a quienes instruís”, dirá. La presencia de Dios en todo momento será un recordatorio continuado a lo largo del día y que resumirá en el santo y seña “Viva Jesús en nuestros corazones”. Entresacamos algunos textos de sus meditaciones:

+ En la Regla original se lee: "El espíritu de este Instituto es, en primer lugar, el espíritu de fe, que debe mover a quienes lo componen a no mirar nada sino con los ojos de la fe, a no hacer nada sino con la mira en Dios, y a atribuirlo todo a Dios“.

+ “¿Poseéis vosotros tal fe que sea capaz de mover el corazón de vuestros alumnos e inspirarles el espíritu del cristianismo? Ese es el mayor milagro que podéis realizar y el que Dios os exige, puesto que es el fin vuestro empleo” (Meditación 139,3).

Esta convicción conducirá a De La Salle a recordar a sus hermanos que deben ver a Jesús en todos sus alumnos, especialmente en los más pobres.

Y en el espíritu de celo. Es la manifestación del espíritu de fe: un celo ardiente para servir a aquellos que les han sido confiados, mediante un acompañamiento asiduo. Es algo que conducirá a los Hermanos a “mover los corazones” para llevar a los alumnos a Dios. La Salle desarrolla una teología adelantada para su época cara a la misión que realizan. Llamará a los educadores cristianos “embajadores y ministros de Jesucristo (Meditación 195,2), sucesores de los apóstoles (Meditación 199,3), ángeles custodios (Meditación 198)…”. Sus comunidades serán comunidades ministeriales; así está reconocido en la Instrucción del papa Francisco “Identidad y misión del religioso laical en la Iglesia”.
 

Todo eso pide una práctica

Si la comunidad fundada por La Salle tiene sus ejes en la comunidad, la fe y el celo, eso no significa que solo atiendan a inculcar la doctrina cristiana y su práctica. La instrucción catequística era su “principal deber”; pero pasaban seis horas diarias en la escuela enseñando otras asignaturas fundamentales (lectura, escritura, ortografía, aritmética, gramática…) De la Salle decía: “No hagáis distinción entre los asuntos propios de vuestro estado y el negocio de la salvación y perfección propias, y convenceros de que nunca se asegura mejor la salvación ni se adquiere mayor perfección que cumpliendo los deberes del propio cargo, con tal que lo cumpláis con la mira puesta en la voluntad de Dios”. Concibe al Hermano como un apóstol que transmite el evangelio enseñando las máximas cristianas; pero también es apóstol cuando enseña a leer, escribir o materias profanas, por cuanto contribuyen a perfeccionar al hombre y hacerlo crecer como persona en el Cuerpo Místico de Cristo.


En resumen: Es una visión profética de Juan Bautista de La Salle, que supone una reflexión seria y profunda de lo que son los ministerios en la Iglesia.

En el ideario o carácter propio de todo centro La Salle se educa en los siguientes valores: la responsabilidad (descubrir el sentido del esfuerzo, el trabajo y el crecimiento de la propia persona), la creatividad (capacidad de iniciativa para dar respuestas, originalidad y espíritu crítico), la convivencia (aceptación del otro, relaciones fraternas, tolerancia, ejercicio democrático), la justicia (derechos humanos, solidaridad, proyección social), la interioridad (valores, emociones, creencias, proyecto de vida) y trascendencia (como escuela cristiana hablará, desde el evangelio, de los valores que defienden Jesús de Nazaret y la Iglesia).

Hno. Fernando Barrio, superior de la comunidad de Hnos. de La Salle de Ferrol