De los mantos a la cruz: Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Homilía del obispo Luis Ángel en la SI Catedral-Basílica de Mondoñedo

"El infinito amor por los hombres que contemplamos en la pasión de Jesús aparece en ese camino de los mantos hacia la cruz"

Jesús entra en Jerusalén como el Mesías prometido, el rey definitivo. Él es la prueba de que Dios no deja perecer a su pueblo, sino todo lo contrario: le otorga una vida plena. Los discípulos acompañan al Mesías, se adhieren con entusiasmo a esta proclamación mesiánica, sin pensar en las consecuencias. Los mantos extendidos y los gritos de júbilo de los discípulos son testimonio de que Dios está detrás de lo que ha hecho Jesús; está en Jesús mismo, el Padre en su hijo amado. Jesús es bendito. Cesarán los hosannas y desaparecerán los mantos para que recorra Jesús descalzo un suelo abrupto y desnudo camino del calvario con el madero a cuestas. De los mantos y el alborozo a la cruz y el silencio.

Jesús, siempre atento a la voluntad del Padre y conforme con ella, recorre este camino para darnos una vida de comunión con Dios. Con una entrega de Jesús personal y afectuosa. Él desea ardientemente comer esta comida pascual contigo. Por eso te ha escogido. Él no se dirige a una muchedumbre anónima, sino a cada persona, a ti en particular. El infinito amor por los hombres que contemplamos en la pasión de Jesús aparece en ese camino de los mantos hacia la cruz. Camino de gloria e ignominia en el que el hijo de Dios y del hombre no recrimina nada, ni, por supuesto, permite herir a sus adversarios. Incluso llama por su nombre con tono afectuoso al traidor, no queriendo perderlo. Mira con ternura a Pedro, después de negarle tres veces y consuela a las mujeres llorosas de Jerusalén. Ya crucificado, pide al Padre que perdone a quienes no saben lo que hacen y, por fin, asegura al buen ladrón el paraíso. El cumplimiento de la promesa mesiánica que parecía resplandecer en Jesús caminando a lomos de un pollino sobre los mantos, es ahora cuando se manifiesta en todo su esplendor en el Crucificado que abre las puertas de la vida nueva.

La Pasión en el evangelio de san Lucas está llena de encuentros en los que Jesús mira con amor y se muestra redentor con su manera de actuar. Dejémonos encontrar cada uno por la mirada del Mesías esta Semana Santa. Comencemos por extender hoy nuestros mantos reconociendo al hijo de Dios y de la Madre traspasada por una espada de dolor; al hijo que nos enseña a ser hijos y hermanos en el camino que va desde los mantos y los gritos jubilosos hasta el pie de la cruz, donde se nos muestra, con su verdad desnuda y en silencio, el Crucificado que cuestiona y renueva. Escuchémosle.


GALEGO

Xesús entra en Xerusalén como o Mesías prometido, o rei definitivo. El é a proba de que Deus non deixa perecer ao seu pobo, senón todo o contrario: outórgalle unha vida plena. Os discípulos acompañan ao Mesías, adhírense con entusiasmo a esta proclamación  mesiánica, sen pensar nas consecuencias. Os mantos estendidos e os berros de xúbilo dos discípulos son testemuño de que Deus está detrás do que fixo Jesús; está en Jesús mesmo, o Pai no seu fillo amado. Xesús é bendito. Cesarán os hosannas e desaparecerán os mantos para que percorra Xesús descalzo un chan abrupto e espido camiño do  calvario co madeiro ao lombo. Dos mantos e o alborozo á cruz e o silencio.

Xesús, sempre atento á vontade do Pai e conforme con ela, percorre este camiño para darnos unha vida de comuñón con Deus. Cunha entrega de Xesús persoal e afectuosa. El desexa ardentemente comer esta comida  pascual contigo. Por iso escolleuche. El non se dirixe a un xentío anónimo, senón a cada persoa, a ti en particular. O infinito amor polos homes que contemplamos na paixón de Xesús aparece nese camiño dos mantos cara á cruz. Camiño de gloria e ignominia no que o fillo de Deus e do home non recrimina nada, nin, por suposto, permite ferir os seus adversarios. Mesmo chama polo seu nome con ton afectuoso ao traidor, non querendo perdelo. Mira con tenrura a Pedro, despois de negarlle tres veces e consola ás mulleres  llorosas de Xerusalén. Xa crucificado, pide ao Pai que perdoe a quen non saben o que fan e, por fin, asegura ao bo ladrón o paraíso. O cumprimento da promesa  mesiánica que parecía  resplandecer en Xesús camiñando a lombos dun  pollino sobre os mantos, é agora cando se manifesta en todo o seu esplendor no Crucificado que abre as portas da vida nova.

A Paixón no evanxeo de san Lucas está chea de encontros nos que Jesús mira con amor e móstrase redentor coa súa maneira de actuar. Deixémonos atopar cada un pola mirada do Mesías esta semana Santa. Comecemos por estender hoxe os nosos mantos recoñecendo ao fillo de Deus e da Nai traspasada por unha espada de dor; ao fillo que nos ensina a ser fillos e irmáns no camiño que vai desde os mantos e os berros  jubilosos ata o pé da cruz, onde se nos mostra, coa súa verdade espida e en silencio, o Crucificado que cuestiona e renova. Escoitémoslle.

ÁLBUM DE FOTOS: Bendición de los ramos, procesión y eucaristía en Mondoñedo

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel