Jueves Santo: Cenáculo de amor eucarístico, sacerdotal y fraterno

Homilía del obispo en la Misa de la Cena del Señor en Mondoñedo

"Lavemos os pés aos que viven sós, aos enfermos, abandonados, encarcerados, refuxiados, drogodependentes. Lavemos os pés aos perseguidos pola fe e a quen nos causa aflición. Lavemos os pés ás vítimas dos abusos, de trata humana, da fame, da violencia e da guerra. Lavemos os pés aos que recapacitan, déixanse lavar por Xesús e acollen a súa fraternidade"

El Maestro ha querido comer esa comida pascual con cada de uno de nosotros, puesto que nos conoce, y nos invita a sentarnos a la mesa con los hermanos ¿Quieres tú dejarte convidar por Jesús y compartirla con los hermanos? ¿Qué te suponer aceptar esta invitación?

Miremos al cenáculo y seamos agradecidos. Es un cenáculo de amor eucarístico, sacerdotal y fraterno. Ahí nos descubrimos como comunidad eucarística fundada en el amor de Jesús entregado hasta el extremo. Una nueva alianza de salvación que se mantiene viva y operante en el pan y el vino de la Eucaristía. Comunidad eucarística presidida en la caridad y acompañada por los sacerdotes, al estilo de los apóstoles. Comunidad eucarística que irradia el amor y el servicio fraterno, a imagen de la caridad y el servicio del Señor hasta su muerte por nosotros.

Hemos de descubrir en el cenáculo cómo vivir hoy los seguidores de Jesús, sus discípulos misioneros, hijos y hermanos. La respuesta ha de ser vivencial, personal y comunitaria: como cenáculo de amor y comunidad eucarística. En la última cena resalta el gesto del lavatorio, que revela el significado de la entrega de la vida de Jesús y es el testigo que Él nos pasa: «os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis» (Jn 13,15). Palabras que evocan las del final de la parábola del buen samaritano —«ve y haz tú lo mismo» (Lc 10,37)— y son parte ineludible del mandato del amor fraterno «como yo os he amado, amaos también unos a otros» (Jn 13,34).

Por eso, repetir hoy el lavatorio de Jesús no es un recordatorio del pasado, sino la expresión actual del amor, tal y como el Señor nos ama, dispuestos a dejarnos servir por Él y por los hermanos para después amar y servir de la misma manera. En silencio ahora, antes del lavatorio, pensemos qué tenemos que superar como Pedro para dejarnos lavar, es decir, para estar en comunión de vida con Jesús y con los hermanos. Y, durante el lavatorio, comprometámonos a amar y servir a los hermanos, en especial a los que más necesitan conocer y experimentar el amor de Dios. Lavemos los pies a los que viven solos, a los enfermos, abandonados, encarcelados, refugiados, drogodependientes. Lavemos los pies a los perseguidos por la fe y a quienes nos causan aflicción. Lavemos los pies a las víctimas de los abusos, de la trata humana, del hambre, de la violencia y de la guerra. Lavemos los pies a los que recapacitan, se dejan lavar por Jesús y acogen su fraternidad.

Que nos dejemos tocar y cambiar el corazón por el Señor Jesús, que ha querido comer esta comida pascual esta tarde con nosotros. Que crezca nuestra comunión con él y con los hermanos hasta estar dispuestos a dar la vida como Él. Seguimos en el cenáculo. Nos hace bien para que nosotros hagamos el bien.



GALEGO

O Mestre quixo comer esa comida  pascual con cada dun de nós, debido a que nos coñece, e convídanos a sentarnos á mesa cos irmáns Queres ti deixarche  convidar por Xesús e compartila cos irmáns? Que che supoñer aceptar esta invitación?

Miremos ao  cenáculo e sexamos agradecidos. É un cenáculo de amor  eucarístico, sacerdotal e  fraterno. Aí descubrímonos como comunidade  eucarística fundada no amor de Xesús entregado ata o extremo. Unha nova alianza de salvación que se mantén viva e  operante no pan e o viño da Eucaristía. Comunidade eucarística presidida na caridade e acompañada polos sacerdotes, ao estilo dos apóstolos. Comunidade eucarística que irradia o amor e o servizo fraterno, a imaxe da caridade e o servizo do Señor ata a súa morte por nós.

Habemos de descubrir no  cenáculo como vivir hoxe os seguidores de Xesús, os seus discípulos misioneiros, fillos e irmáns. A resposta ha de ser vivencial, persoal e comunitaria: como  cenáculo de amor e comunidade  eucarística. Na última cea resalta o xesto do  lavatorio, que revela o significado da entrega da vida de Jesús e é a testemuña que El nos pasa: «deivos exemplo para que o que eu fixen convosco, vós tamén o fagades» ( Jn 13,15). Palabras que evocan as do final da parábola do bo  samaritano —«ve e feixe ti o mesmo» ( Lc 10,37)— e son parte ineludible do mandato do amor  fraterno «como eu ameivos, amádevos tamén uns a outros» ( Jn 13,34).

Por iso, repetir hoxe o  lavatorio de Jesús non é un recordatorio do pasado, senón a expresión actual do amor, tal e como o Señor ámanos, dispostos a deixarnos servir por El e polos irmáns para despois amar e servir da mesma maneira. En silencio agora, antes do  lavatorio, pensemos que temos que superar como Pedro para deixarnos lavar, é dicir, para estar en comuñón de vida con Xesús e cos irmáns. E, durante o  lavatorio, comprometámonos a amar e servir aos irmáns, en especial aos que máis necesitan coñecer e experimentar o amor de Deus. Lavemos os pés aos que viven sós, aos enfermos, abandonados, encarcerados, refuxiados, drogodependentes. Lavemos os pés aos perseguidos pola fe e a quen nos causa aflición. Lavemos os pés ás vítimas dos abusos, de trata humana, da fame, da violencia e da guerra. Lavemos os pés aos que recapacitan, déixanse lavar por Xesús e acollen a súa fraternidade.

Que nos deixemos tocar e cambiar o corazón polo Señor Xesús, que quixo comer esta comida  pascual esta tarde connosco. Que creza a nosa comuñón con el e cos irmáns ata estar dispostos a dar a vida como El. Seguimos no cenáculo. Fainos ben para que nós fagamos o ben.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel