Carta a los diocesanos del arciprestazgo de Ribadeo-Miranda

Mons. Luis Ángel comparte sus experiencias tras la Visita Pastoral al arciprestazgo

"En medio de todo lo que viváis, cuando os asalten dudas, miedos y pesimismos —que también me habéis compartido—, manteneos firmes e inconmovibles en el Señor. Creed de veras que vuestro esfuerzo no es vano si está fundado en Dios"

Queridos hermanos sacerdotes, queridas consagradas, queridos matrimonios, queridas familias, hermanos y hermanas todos. Un cordial saludo de Pascua en la festividad de Pentecostés.

Cuando el 2 de marzo de este año 2019 clausuré la Visita Pastoral que había comenzado el 3 de noviembre de 2018, os anuncié una carta que os envío hoy con contenido pascual de vida esperanzada en el Espíritu Santo, tal y como yo experimenté la visita pastoral.

Aquel sábado —con la liturgia ya del VIII Domingo del Tiempo ordinario—, en el que celebrábamos también el día de Hispanoamérica, comprometidos con la vida de los pueblos, las lecturas me parecieron sugerentes para dejaros este mensaje de final de visita pastoral, que hoy os envío recordando con cariño el tiempo de gracia que vivimos durante la Visita.
 

1. ABUNDA LA RIQUEZA EN VOSOTROS

Después de escucharos, de atender las inquietudes, temores y esperanzas que me habéis querido transmitir, puedo resaltar vuestros dones y riquezas, que nos llenan de agradecimiento. Siguiendo el consejo de la primera lectura del VIII Domingo del T. O., tomada del libro del Eclesiástico, os elogio solo después de escucharos (cf. Eclo 27,7). Y, como os dije el primer día y he repetido por todas partes, es lo que he querido hacer —escucharos—, para ahora poderos ofrecer mi impresión, como si de un espejo se tratara.

He encontrado en vosotros mucha riqueza, muchos signos de la misericordia y la fidelidad del Señor. Amor a la Iglesia, a los pobres, a vuestras parroquias, a vuestros sacerdotes. Vuestra fe aquilatada en tiempo y en pruebas es muy valiosa. Os permite ir adquiriendo los ojos que Dios concede a sus amigos para guiar a quien no ve. A quien no ve nada, a quien ve algo, a quien ve borroso. Pedid a Jesús que os mantenga o devuelva la vista, esa que nos ilumina a todos, para que no haya guías ciegos.

Vuestra riqueza es un gran testimonio de fe y amor. Seguid ofreciendo el testimonio, seguid anunciando, de palabra y de obra, la abundancia evangélica de vuestro corazón. Hablad sin temor, con la libertad de los hijos de Dios, cultivando el pensamiento y el corazón en la relación con Cristo, para pareceros cada vez más a Él. De esa abundancia hablará vuestra boca y podréis testimoniar que el Señor ha vencido a la muerte y, así, ha desterrado para siempre todo mal y todo sufrimiento.

En medio de todo lo que viváis, cuando os asalten dudas, miedos y pesimismos —que también me habéis compartido—, manteneos firmes e inconmovibles en el Señor. Creed de veras que vuestro esfuerzo no es vano si está fundado en Dios. Él no defrauda nunca. En medio de todo, tenéis muchos motivos para el agradecimiento y la alegría.
 

2. Podéis estar agradecidos y alegres

El salmo responsorial que recitamos en aquella ocasión decía: «Es bueno dar gracias al Señor, proclamar su misericordia y su fidelidad» (Sal 91). Alabo al Señor porque os ha mostrado su misericordia y su fidelidad, doy gracias y os invito a dar gracias a Dios hoy por tanto fruto y por tanta luz, por vuestra riqueza.

Entre vosotros brillan los justos que crecen y dan fruto porque están fundamentados en la fe, plantados en la casa del Señor. Demos gracias juntos, con alegría, por los hermanos de parroquia, unidad pastoral, arciprestazgo y diócesis.

Demos gracias por las vocaciones de especial consagración y entrega: por los sacerdotes, por las personas consagradas contemplativas (Clarisas) y apostólicas (Hijas de la Caridad y Religiosas de Marta y María).

Demos gracias por los mayores. Tened la seguridad de que en la vejez podéis dar y estáis dando fruto, al proclamar que el Señor es justo y que en Él, nuestra roca de salvación, no existe la maldad. Viviendo con esta esperanza, nos transmitís sabiduría y prudencia. Pensemos especialmente en los que viven solos o en residencias. Demos gracias por los que atienden las religiosas de Marta y María. Queridos mayores, que todos tengáis la oportunidad de disfrutar de las atenciones que necesitéis y de un cercano acompañamiento en vuestro camino de fe.

Demos gracias por los niños y jóvenes, por sus catequistas, por sus padres y abuelos, transmisores de la fe. Por los profesores de los colegios. Por las profesoras de religión en los centros públicos y por el colegio Sagrado Corazón de Ribadeo de las Hijas de la Caridad. Queridos niños y jóvenes, creemos y confiamos en vosotros. Queremos mostraros el camino para que os acerquéis y encontréis con Jesucristo.

Demos gracias por las familias, por esa unión y fuerza, por esa concordia con calor de hogar que todos necesitamos. Tengamos presentes a quienes pasan por dificultades de relación, de falta de trabajo, de enfermedad, de escasez de cualquier tipo.

No dejemos de dar gracias por ser bendecidos y experimentemos el gozo de haber recibido el don de la fe para superar y ayudar a superar a otros las contrariedades de la vida, grandes o pequeñas. El mundo será mejor cuanto mejor seamos cada uno. Centrémonos en hacer crecer el bien, la verdad, la bondad, la justicia y la misericordia, como nos muestra Cristo, el Buen Samaritano que pone ante nosotros la misión.
 

3. NO DESISTÁIS DE LA MISIÓN

Con la confianza que da Dios, os invito a afrontar todos los retos, con vuestro sentir y obrar, aunándolos en una sola perspectiva: la de la misión. Estamos urgidos a ser misioneros y a edificar una Iglesia misionera. Cada uno personalmente, cada grupo, cada comunidad religiosa y cristiana, cada asociación, cada cofradía, cada parroquia, unidad pastoral y arciprestazgo... y, en fin, toda la diócesis, que tiene que vivir en estado permanente de misión.

Así pues, levantemos la mirada y el ánimo. Sin dejar de ser responsables con lo nuestro más próximo y querido —la parroquia, la iglesia, la rectoral…—, que tanto cuidamos, pensemos al mismo tiempo cómo compartirlo generosamente, puesto que ninguno somos dueño de nada. Nos necesitamos todos; no hay que descartar a nadie. Perteneciendo a distintas parroquias, no somos rivales, sino hermanos en Cristo, miembros del mismo Pueblo de Dios, compañeros de peregrinación en estas tierras. Para combatir y superar cualquier escasez y penuria, seamos generosos, esforcémonos en descubrir cómo podemos unirnos mejor, qué podemos dar, qué podemos hacer por otros... y se nos devolverá multiplicado.

De este modo, llegará a nosotros aquella abundancia que echamos en falta y se desarrollará la misión por cauces fecundos. Hermanos y hermanas, nuestro árbol es bueno y ha de dar muchos y buenos frutos. Necesitamos nutrirnos de la misericordia y la bendición que vienen de Dios, de su amor y su perdón, de su comunión trinitaria. Seamos discípulos misioneros, misericordiosos y samaritanos, constructores de fraternidad. Es decir, seamos como Cristo, otros Cristos. Deseemos el bien a todos con el saludo de la paz. Que en cada hijo e hija de Dios y de la Iglesia que peregrina en las parroquias del arciprestazgo de Ribadeo-Miranda, todos puedan conocer a Jesús, buen samaritano, misionero del Padre, rostro de su misericordia, ungido por el Espíritu Santo.

Con mi afecto, gratitud y bendición.
Ferrol, 9 de junio de 2019
Solemnidad de Pentecostés

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel