San Julián: vivir una fe auténtica que nos trae paciencia y valentía

Homilía del obispo en la fiesta de San Julián, patrón de la ciudad de Ferrol

Concatedral de Ferrol, martes 7 de enero de 2020

"Que sepamos comunicar este mensaje de esperanza a nuestros conciudadanos para construir el futuro de Ferrol juntos —mejor aún: unidos—, extendiendo la cultura del amor y de la vida, de la paz y del perdón"

La fiesta de san Julián nos impulsa en el comienzo del año a renovar con ilusión la misión que cada uno tiene encomendada. Una misión que ha de contribuir siempre al bien común, dando lo mejor de nosotros mismos y descubriendo la valía y los tesoros de Ferrol, en continuidad histórica con nuestras raíces. Es lo que ponen de manifiesto las personas e instituciones que cada año reciben las insignias de oro de la ciudad y el premio ferrolano del año.

Una misión personal con proyección comunitaria, que ha de procurar el respeto hacia los demás, especialmente hacia quienes son más vulnerables, nos contrarían o no piensan como nosotros. Misión, por tanto, que nos ha de liberar de toda autorreferencialidad para construir una sociedad más justa, libre y pacífica, con una Iglesia que vaya por delante en estas exigencias.

Precisamente la falta de comprensión, de libertad, de justicia y de respeto a la fe en Cristo Jesús —nuestra misma fe—, que profesó san Julián con enorme valentía, ocasionó su martirio, como el de su esposa santa Basilisa. Su coraje es un ideal al que todos los cristianos debemos aspirar y estar dispuestos, al mismo tiempo que reprobamos y denunciamos cualquier persecución contra la libertad, la justicia y la dignidad de la persona humana, también a causa de su fe.

En nuestra Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol hoy nos hacemos eco comprometido de los problemas que afectan a los ferrolanos. La falta de empleo y las amenazas de muchos puestos de trabajo, la precariedad laboral, la violencia doméstica, la droga que sigue haciendo estragos, las familias rotas, las personas sin hogar, los inmigrantes, los que viven solos, especialmente ancianos, los que mueren solos, la falta de confianza en el futuro, la desesperanza, la indiferencia y la falta de aprecio hacia la vida y hacia la fe cristiana en la que se fundamenta nuestro presente.

Ante esta realidad, que precisa tantos cambios, queremos caminar “hacia un nuevo modo de ser y edificar la Iglesia”, haciendo vida el libro de los Hechos de los Apóstoles, para formar e impulsar comunidades cristianas que tengan como paradigma los orígenes del cristianismo dentro del proceso de transformación misionera y de la reorganización diocesana que nos proponemos.

Para todo ello, siguiendo los pasos de nuestro santo patrono y su esposa santa Basilisa, queremos contar con la protección y el auxilio de Dios, que nos libra de todo mal cuando nos acordamos de su misericordia y tenemos presente que sostiene a quienes esperan en Él, como hemos escuchado en la lectura del libro del Eclesiástico (Eclo 51,1-8).

Con esta confianza nos vemos confortados en medio de distintas pruebas, que ni deseamos ni queremos, pero suceden y logramos sobrellevar hasta con gozo, recibiendo la paciencia que es fruto de una fe auténtica, como leemos en la carta del apóstol Santiago (Sant 1,2-4.12). Ahí tenemos la promesa del mayor triunfo que podemos anhelar: la corona de la vida que el Señor concede a los que lo aman. Es decir, la vida plena y eterna: la futura inmortalidad. Amar a Dios y a los hermanos es la senda que lleva a la mayor conquista que puede soñar un ser humano. Es el amor verdadero que nos hace auténticos discípulos misioneros.

Senda de amor que recorremos como peregrinos pacientes y esperanzados hoy en Ferrol, sin temor a ningún mal y con coraje; construyendo unidad y permaneciendo en ella, como reza el evangelio de san Juan en la última parte de la oración de Jesús que hemos escuchado (Jn 17,20-26). Una unidad que tiene como modelo la del Hijo enviado con el Padre en el Espíritu Santo, extendida a todos los creyentes.

Una unidad que da testimonio de la gloria divina, es decir, de la acción salvadora de Dios a favor de la humanidad. Reconocer la salvación y aceptarla es participar de la misma vida de Dios. Es tener vida, acoger la corona de vida que se ofrece a los que creen hoy y a quienes, por nuestra pobre palabra y nuestras pequeñas acciones, lleguen también a creer en Cristo y formar parte de una Iglesia siempre renovada en el futuro.

Que la celebración de san Julián nos impulse a todos los cristianos de Ferrol a vivir una fe auténtica que nos trae paciencia y valentía, contando con la misericordia de Dios. Que sepamos comunicar este mensaje de esperanza a nuestros conciudadanos para construir el futuro de Ferrol juntos —mejor aún: unidos—, extendiendo la cultura del amor y de la vida, de la paz y del perdón, de la misericordia y de la justicia en la libertad de los hijos de Dios. La cultura del reino nuevo de Cristo vivo que, como estamos celebrando en este tiempo de Navidad, es Dios hecho hombre, palabra poderosa del Padre, luz que ilumina toda tiniebla para la salvación de la humanidad.

 

GALEGO

A festa de san Xiao impúlsanos no comezo do ano para renovar con ilusión a misión que cada un ten encomendada. Unha misión que ha de contribuír sempre ao ben común, dando o mellor de nós mesmos e descubrindo a valía e os tesouros de Ferrol, en continuidade histórica coas nosas raíces. É o que poñen de manifesto as persoas e institucións que cada ano reciben as insignias de ouro da cidade e o premio ferrolán do ano.

Unha misión persoal con proxección comunitaria, que ha de procurar o respecto cara aos demais, especialmente cara a quen é máis vulnerables, nos  contrarían ou non pensan como nós. Misión, por tanto, que nos ha de liberar de toda  autorreferencialidad para construír unha sociedade máis xusta, libre e pacífica, cunha Igrexa que vaia por diante nestas esixencias.

Precisamente a falta de comprensión, de liberdade, de xustiza e de respecto á fe en Cristo Jesús —nosa mesma fe—, que profesou  san Julián con enorme valentía, ocasionou o seu martirio, como o da súa esposa santa Basilisa. A súa coraxe é un ideal ao que todos os cristiáns debemos aspirar e estar dispostos, ao mesmo tempo que reprobamos e denunciamos calquera persecución contra a liberdade, a xustiza e a dignidade da persoa humana, tamén por mor da súa fe.

Na nosa Igrexa particular de Mondoñedo-Ferrol hoxe facémonos eco comprometido dos problemas que afectan os ferroláns. A falta de emprego e as ameazas de moitos postos de traballo, a precariedade laboral, a violencia doméstica, a droga que segue facendo estragos, as familias rotas, as persoas sen fogar, os inmigrantes, os que viven sós, especialmente anciáns, os que morren sós, a falta de confianza no futuro, a desesperanza, a indiferenza e a falta de aprecio cara á vida e cara á fe cristiá na que se fundamenta o noso presente.

Ante esta realidade, que precisa tantos cambios, queremos camiñar “cara a un novo modo de ser e edificar a Iglesia”, facendo vida o libro dos Feitos dos Apóstolos, para formar e impulsar comunidades cristiás que teñan como paradigma as orixes do cristianismo dentro do proceso de transformación misioneira e da reorganización diocesana que nos propoñemos.

Para todo iso, seguindo os pasos do noso santo patrón e a súa esposa santa Basilisa, queremos contar coa protección e o auxilio de Deus, que nos libra de todo mal cando nos acordamos do seu  misericordia e temos presente que sostén a quen espera nel, como escoitamos na lectura do libro do Eclesiástico ( Eclo 51,1-8).

Con esta confianza vémonos confortados no medio de distintas probas, que nin desexamos nin queremos, pero suceden e logramos soportar ata con gozo, recibindo a paciencia que é froito dunha fe auténtica, como lemos na carta do apóstolo Santiago (Sant 1,2-4.12). Aí temos a promesa do maior triunfo que podemos anhelar: a coroa da vida que o Señor concede aos que o aman. É dicir, a vida plena e eterna: a futura inmortalidade. Amar a Deus e aos irmáns é a senda que leva á maior conquista que pode soñar un ser humano. É o amor verdadeiro que nos fai auténticos discípulos misioneiros.

Senda de amor que percorremos como peregrinos pacientes e esperanzados hoxe en Ferrol, sen temor a ningún mal e con coraxe; construíndo unidade e permanecendo nela, como reza o evanxeo de  san Juan na última parte da oración de Jesús que escoitamos ( Jn 17,20-26). Unha unidade que ten como modelo a do Fillo enviado co Pai no Espírito Santo, estendida a todos os crentes. Unha unidade que dá testemuño da gloria divina, é dicir, da acción salvadora de Deus a favor da humanidade. Recoñecer a salvación e aceptala é participar da mesma vida de Deus. É ter vida, acoller a coroa de vida que se ofrece aos que cren hoxe e a quen, pola nosa pobre palabra e as nosas pequenas accións, cheguen tamén a crer en Cristo e formar parte dunha Igrexa sempre renovada no futuro.

Que a celebración de  san Julián impúlsenos a todos os cristiáns de Ferrol a vivir unha fe auténtica que nos trae paciencia e valentía, contando coa  misericordia de Deus. Que saibamos comunicar esta mensaxe de esperanza aos nosos concidadáns para construír o futuro de Ferrol xuntos —mellor aínda: unidos—, estendendo a cultura do amor e da vida, da paz e do perdón, da  misericordia e da xustiza na liberdade dos fillos de Deus. A cultura do reino novo de Cristo vivo que, como estamos a celebrar neste tempo de Nadal, é Deus feito home, palabra poderosa do Pai, luz que ilumina toda tebra para a salvación da humanidade.
 

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel