La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente

Catedral de Mondoñedo y capilla de las MM. Mercedarias de Ferrol, 1 y 2 de febrero

Homilía del obispo Luis Ángel en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2020

"Tenéis el futuro en vuestras manos. El futuro que os da el encuentro gozoso con el Señor que os une a Él y a los hermanos hasta la vida eterna"

Queridas religiosas y consagradas, queridos religiosos, queridos laicos, queridos sacerdotes y seminaristas. Estamos aquí miembros de todo el pueblo de Dios, porque es una fiesta de todos. Para dar gracias a Dios por la vida consagrada, conocerla y apreciarla un poco más en el seno de la Iglesia. Un agradecimiento especial, por tanto, para los sacerdotes, seminaristas y laicos que nos acompañáis hoy significando que esta celebración también es vuestra.

El lema de este año y los motivos de esta Jornada nos llevan a pensar en las personas consagradas como estrellas en el camino del Pueblo de Dios, teniendo como Maestra a la primera discípula, la Virgen María, Estrella del Mar, Estrella de esperanza. Dice el papa Benedicto XVI: «Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza» (Spe Salvi, n. 49).

Queridos hermanos y hermanas consagrados: vivid rectamente, sed verdaderas estrellas, luces de esperanza, respondiendo a vuestra vocación a la santidad. Es decir, sed hombres y mujeres de ofrenda; hombres y mujeres de Dios; hombres y mujeres de esperanza.

Venís hoy aquí a realizar una ofrenda que sea agradable a Dios. Por tanto, que sea justa, digna, gratuita, generosa y presentada con amor. Que sea la ofrenda de toda vuestra vida de consagración y misión. Hombres y mujeres, discípulos misioneros que, como la madre de Jesús, modelo perfecto de discipulado, permanecéis cerca del Maestro, lo seguís, lo acompañáis, compartís todo con Él y vais donde os envía. Sed hombres y mujeres de ofrenda límpida y daréis testimonio de santidad.

Vuestra ofrenda en la Fiesta de la Presentación del Señor evoca la pertenencia a Dios que libera e ilumina el corazón del hombre. Ser de Dios os permite encontrar la salvación y la luz, que da esperanza y que cuando se halla, os urge a transmitirla y os hace agraciados y agradecidos. Sed hombres y mujeres que pertenecen a Dios libres y radiantes de luz y daréis testimonio de santidad.

Siendo suyos, Dios os unge con aceite de esperanza para ser estrellas en el camino de su pueblo; para ser reflejo de Jesucristo, Luz de Luz, con María, estrella de esperanza. Ungidos y confiados, de igual modo que Simeón, podéis ver la sombra de la cruz y del rechazo, de la sangre y del martirio; la sombra del sufrimiento con sus mil caras, del camino difícil de la vida humana, como lo recorrió Jesús. No obstante, como Simeón y Ana, manteneos en la firme confianza de que Dios no olvida ni abandona nunca a sus hijos, a su pueblo. Sed hombres y mujeres de esperanza cierta y daréis testimonio de santidad.

En suma, vivid recta y jubilosamente para ser luces de ofrenda límpida, de pertenencia liberadora y luminosa a Dios y de esperanza cierta; luces que brillan en medio del pueblo santo con el que camináis, caéis y os levantáis. Tenéis el futuro en vuestras manos. El futuro que os da el encuentro gozoso con el Señor que os une a Él y a los hermanos hasta la vida eterna. Amén.



GALEGO

Queridas relixiosas e consagradas, queridos relixiosos, queridos laicos, queridos sacerdotes e seminaristas. Estamos aquí membros de todo o pobo de Deus, porque é unha festa de todos. Para dar grazas a deus pola vida consagrada, coñecela e apreciala un pouco máis no seo da Igrexa. Un agradecemento especial, por tanto, para os sacerdotes, seminaristas e laicos que nos acompañades hoxe significando que esta celebración tamén é vosa.

O lema deste ano e os motivos desta Xornada lévannos a pensar nas persoas consagradas como estrela no camiño do Pobo de Deus, tendo como Mestra á primeira discípula, a Virxe María, Estrela do Mar, Estrela de esperanza. Di o papa Bieito XVI: «As verdadeiras estrelas da nosa vida son as persoas que souberon vivir rectamente. Elas son luces de esperanza» (Spe Salvi, n. 49).

Queridos irmáns e irmás consagrados: vivide  rectamente, sede verdadeiras estrelas, luces de esperanza, respondendo á vosa vocación á santidade. É dicir, sede homes e mulleres de ofrenda; homes e mulleres de Deus; homes e mulleres de esperanza.

Vides hoxe aquí a realizar unha ofrenda que sexa agradable a Deus. Por tanto, que sexa xusta, digna, gratuíta, xenerosa e presentada con amor. Que sexa a ofrenda de toda a vosa vida de consagración e misión. Homes e mulleres, discípulos misioneiros que, como a nai de Xesús, modelo perfecto de  discipulado, permanecedes preto do Mestre, seguídelo, acompañádelo, compartides todo con El e ides onde vos envía. Sede homes e mulleres de ofrenda  límpida e daredes testemuño de santidade.
A vosa ofrenda na Festa da Presentación do Señor evoca a pertenza a Deus que libera e ilumina o corazón do home. Ser de Deus permítevos atopar a salvación e a luz, que dá esperanza e que cando se acha, úrxevos a transmitila e faivos agraciados e agradecidos. Sede homes e mulleres que pertencen a Deus libres e radiantes de luz e daredes testemuño de santidade.

Sendo seus, Deus vos  unge con aceite de esperanza para ser estrela no camiño do seu pobo; para ser reflexo de Xesucristo, Luz de Luz, con María, estrela de esperanza. Unxidos e confiados, de igual modo que Simeón, podedes ver a sombra da cruz e do rexeitamento, do sangue e do martirio; a sombra do sufrimento cos seus mil caras, do camiño difícil da vida humana, como o percorreu Xesús. Con todo, como Simeón e Ana, mantédevos na firme confianza de que Deus non esquece nin abandona nunca aos seus fillos, ao seu pobo. Sede homes e mulleres de esperanza certa e daredes testemuño de santidade.

En suma, vivide recta e  jubilosamente para ser luces de ofrenda  límpida, de pertenza liberadora e luminosa a Deus e de esperanza certa; luces que brillan no medio do pobo santo co que camiñades, caedes e levantádesvos. Tedes o futuro nas vosas mans. O futuro que vos dá o encontro gozoso co Señor que vos une a El e aos irmáns ata a vida eterna. Amén.
 

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel