Luces de misericordia

Homilía del obispo en la Jornada de Formación de las Cáritas de Galicia

Santiago de compostela, sábado 8 de febrero de 2020

"Que nadie que acuda a Cáritas, o a cualquier otro ámbito de la Iglesia, tenga que decir que, habiendo buscado y esperado luz de misericordia, apoyo y consuelo para iluminar, liberar o reparar su vida, ha encontrado tinieblas de confusión, miedo, vergüenza, culpa, angustia, amargura, inhumanidad… inimaginables"

Descubrir a quienes andan como ovejas sin pastor es una de nuestras misiones más preciadas como voluntarios, trabajadores, directivos, sacerdotes, consagrados —acompañantes todos— al servicio de nuestros hermanos más débiles en Cáritas, para quienes estamos llamados a ser luces de misericordia. Como las que encontró para salir de la esclavitud y consagrarse a Dios santa Josefina Bakhita, a quien la Iglesia recuerda hoy y nos invita a una Jornada de Oración y Reflexión contra la trata de personas de la que esta santa fue víctima, secuestrada y vendida a la temprana edad de nueve años.

Esta pasión de Cristo por la humanidad, que aparece en el texto del evangelio de Marcos que hemos escuchado (Cf. Mc 6,30-34), nos muestra el camino que hemos de tomar y configura el “poder” que hemos recibido para “servir”, es decir, “estar con” y “para” los demás, pero no “sobre” ni “por encima de” nadie. Un poder, por tanto, que, como el de Salomón (Cf. 1Re 3,4-13), ha de ser rico en sabiduría, no en dinero, ni en halagos fatuos, ni en intereses espurios. La sabiduría que Dios nos concede, cuando la pedimos como el rey sabio, nos ayuda a construir y no a destruir, a levantar y no a derribar, a liberar y no a esclavizar. El tesoro inviolable de cada persona que se acerca a Cáritas, como a cada miembro de la Iglesia, nos ha de desvelar nuestro poder de servicio que da vida, jamás un poder de dominio ni abuso que trae muerte.

La Virgen María, reina y madre de Misericordia, cuya memoria estamos celebrando, brilla hoy para que seamos luces de misericordia como nuestro Padre Dios es Misericordioso. Para que escojamos siempre este camino de la novedad de Cristo y dejemos el camino de la opresión, propio del hombre viejo, cargado de maldad e indiferencia, lejos del Evangelio.

El hombre nuevo es imagen del discípulo misionero, movido a misericordia, que ve, siente y hace suyas las heridas de quienes han sido maltratados, traicionados, esclavizados, abusados. Interiorizar el sufrimiento ajeno nos conduce a curar, a reparar, a liberar y a poner todos los medios a nuestro alcance para que no haya más heridos, teniendo especial cuidado con quienes se acercan pidiendo ayuda y confiando en nosotros.

Hermanos y hermanas de Cáritas, comprometámonos hasta el punto de que nadie que llegue hasta nosotros quede defraudado ni, de ninguna manera, abusado o vulnerado. Que nadie que acuda a Cáritas, o a cualquier otro ámbito de la Iglesia, tenga que decir que, habiendo buscado y esperado luz de misericordia, apoyo y consuelo para iluminar, liberar o reparar su vida, ha encontrado tinieblas de confusión, miedo, vergüenza, culpa, angustia, amargura, inhumanidad… inimaginables.

Nosotros, que afinamos el oído para escuchar los gritos silenciosos de los más débiles, prestemos atención a este alarido ensordecedor de las víctimas de abusos en el que Dios nos está aldabeando. No caigamos en la tentación de sofocarlo y contribuyamos decidida y valientemente a construir una Iglesia y una sociedad libres de abusos de todo tipo.

Hagamos frente, pues, a la manifestación descarada y destructiva del mal con una dedicación solícita a acompañar, escuchar, reparar, proteger, cuidar a las personas humanas por encima de polémicas instrumentalizadoras de los dramas que se han producido o se quieren precaver.

María, madre y discípula misionera de la misericordia, haz crecer en nosotros la entraña misericordiosa de Cristo de modo que tratemos a cada persona, especialmente a las más vulnerables, tal y como Él nos ama y nos envía para amarlas en libertad, en justicia y en verdad.



GALEGO

Descubrir a quenes anda como ovellas sen pastor é unha das nosas misións máis prezadas como voluntarios, traballadores, directivos, sacerdotes, consagrados —acompañantes todos— ao servizo dos nosos irmáns máis débiles en Cáritas, para quenes estamos chamados a ser luces de  misericordia. Como as que atopou para saír da escravitude e consagrarse a Deus santa Xosefina Bakhita, a quen a Igrexa lembra hoxe e convídanos a unha Xornada de Oración e Reflexión contra a trata de persoas da que esta santa foi vítima, secuestrada e vendida á temperá idade de nove anos.

Esta paixón de Cristo pola humanidade, que aparece no texto do evanxeo de Marcos que escoitamos (Cf.  Mc 6,30-34), móstranos o camiño que habemos de tomar e configura o “poder” que recibimos para “servir”, é dicir, “estar con” e “para” os demais, pero non “sobre” nin “por encima de” ninguén. Un poder, por tanto, que, como o de Salomón (Cf. 1 Re 3,4-13), ha de ser rico en sabedoría, non en diñeiro, nin en afagos fatuos, nin en intereses espurios. A sabedoría que Deus nos concede, cando a pedimos como o rei sabio, axúdanos a construír e non a destruír, a levantar e non a derrubar, a liberar e non a escravizar. O tesouro inviolable de cada persoa que se achega a Cáritas, como a cada membro da Igrexa, hanos de desvelar o noso poder de servizo que dá vida, xamais un poder de dominio nin abuso que trae morte.

A Virxe María, raíña e nai de Misericordia, cuxa memoria estamos a celebrar, brila hoxe para que sexamos luces de misericordia como o noso Pai Deus é Misericordioso. Para que escollamos sempre este camiño da novidade de Cristo e deixemos o camiño da opresión, propio do home vello, cargado de maldade e indiferenza, lonxe do Evanxeo.

O home novo é imaxe do discípulo misioneiro, movido a  misericordia, que ve, sente e fai súas as feridas de quenes foron maltratados, traizoados, escravizados, abusados. Interiorizar o sufrimento alleo condúcenos a curar, a reparar, a liberar e a poñer todos os medios ao noso alcance para que non haxa máis feridos, tendo especial coidado con quen se achega pedindo axuda e confiando en nós.

Irmáns e irmás de Cáritas, comprometámonos ata o punto de que ninguén que chegue ata nós quede defraudado nin, de ningunha maneira, abusado ou vulnerado. Que ninguén que acuda a Cáritas, ou a calquera outro ámbito da Igrexa, teña que dicir que, habendo buscado e esperado luz de misericordia, apoio e consolo para iluminar, liberar ou reparar a súa vida, atopou tebras de confusión, medo, vergoña, culpa, angustia, amargura,  inhumanidad… inimaxinables.

Nós, que afinamos o oído para escoitar os berros silenciosos dos máis débiles, prestemos atención a este alarido ensordecedor das vítimas de abusos no que Deus estanos aldabeando. Non caiamos na tentación de sufocalo e contribuamos decidida e valientemente a construír unha Igrexa e unha sociedade libres de abusos de todo tipo.

Fagamos fronte, pois, á manifestación descarada e destrutiva do mal cunha dedicación solícita a acompañar, escoitar, reparar, protexer, coidar ás persoas humanas por encima de polémicas  instrumentalizadoras dos dramas que se produciron ou se queren precaver.

María, nai e discípula misioneira da misericordia, fai crecer en nós a entraña misericordiosa de Cristo de modo que tratemos a cada persoa, especialmente ás máis vulnerables, tal e como El nos ama e nos envía para amalas en liberdade, en xustiza e en verdade.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel