Es tiempo de creer para cuidar la casa común

Escrito del obispo Luis Ángel con motivo de la Campaña 2020 de Manos Unidas

"Hemos de preocuparnos seriamente por conocer cómo el ritmo de maltrato con el que infligimos a la tierra, a la creación, provoca hambre, escasez de agua, fuerza las migraciones y, por tanto, aumenta la pobreza y el sufrimiento de muchas personas"

El pasado año Manos Unidas lanzó un proyecto trienal (2019-2021) bajo el título “Promoviendo Derechos con Hechos”. Como viene haciendo coherente y constantemente desde que nació, Manos Unidas llama nuestra atención sobre el conjunto de los derechos humanos, garantes de la dignidad de las personas y condición insoslayable en la lucha contra el hambre, la pobreza y la desigualdad.

En este marco, la campaña 61 de este 2020 presenta un lema desafiante: “Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú”. Nos hace recapacitar sobre el sufrimiento con proyección universal. Algo ineludible para la Iglesia católica y cada uno de sus discípulos misioneros. Cada cual puede pensar que no hay nadie que sufra más que él, aunque en el fondo sabe que no es así. Pero, además, este lema habla de un sufrimiento ligado al maltrato del planeta. Un asunto que algunos no acaban de entender ni, por tanto, admitir, mientras que a otros les resulta indiferente.

Nuestra fe en el Creador nos permite y nos impulsa a encontrar razones y compromisos para ser cuidadosos con la obra de Dios. Por tanto, se trata de un cuidar que nace del creer. Como también surge de contemplar las maravillas de la creación; de estar en contacto con la naturaleza y, en muchos casos, de reconocer nuestra dependencia de ella y de comprometernos a salvaguardarla.

Siempre hay tiempo para darse cuenta y reaccionar, para dejar de dar la espalda al planeta y cuidar la «casa común». Sabemos que el consumismo desenfrenado nos llena de cosas y nos vacía el espíritu. Y nos cuesta ponerle freno. Por supuesto, la inmoderación en la adquisición de bienes innecesarios provoca la sobreexplotación de los recursos naturales, la deforestación, el aumento de la contaminación. Más aún, hemos de preocuparnos seriamente por conocer cómo el ritmo de maltrato con el que infligimos a la tierra, a la creación, provoca hambre, escasez de agua, fuerza las migraciones y, por tanto, aumenta la pobreza y el sufrimiento de muchas personas en lugares lejanos a nuestra Galicia, a nuestras poblaciones, a nuestros prados, montes, costas y mares de Mondoñedo-Ferrol, que también están dañados.

El «cuidado de la casa común» es una llamada que precisa atención urgente para que todas las personas tengamos una vida digna en la que se respeten los derechos humanos. Lo cual exige que ayudemos a los pueblos más vulnerables para que puedan superar las consecuencias de la crisis medioambiental. Una acción ciertamente justa, puesto que, siendo los más afectados, ellos son los menos culpables del problema. Por consiguiente, hoy es tiempo de cuidar la casa común, sin dilación, desde la fe que hemos recibido y profesamos con gratitud y satisfacción. En definitiva, es tiempo de creer para cuidar.

Es tiempo de creer para cuidar nuestra solidaridad con los más empobrecidos, como fruto de la justicia y el amor que hemos conocido en Cristo Jesús.

Es tiempo de creer para cuidar el medioambiente, frenando el consumismo exacerbado y asegurando la supervivencia de los seres vivos, comenzando por la familia humana amenazada.

Es tiempo de creer para cuidar la cultura del encuentro y la inclusión, evitando la dinámica del desecho y del descarte, especialmente con las personas, tal y como el Evangelio de Jesús nos anima a hacer.

Es tiempo de creer para cuidar el compromiso con la agricultura familiar, de modo que todos puedan tener acceso a los alimentos imprescindibles para vivir y lo hagan desde una opción agroecológica.

Es tiempo de creer para cuidar sistemas de producción y consumo sostenibles y respetuosos con la obra que Dios ha puesto en nuestras manos.

Es tiempo de creer para cuidar las decisiones valientes que nos conducen a un mundo más sostenible, justo y pacífico, que esté cada vez más cerca del reino nuevo.

Animados por Manos Unidas, vemos que el tiempo apremia para cuidar la casa común con nuestras manos unidas. Que nadie titubee. Con el corazón puesto en los cielos y las manos sobre la tierra, renovemos nuestra fe en Dios Creador. Hacen falta todos los corazones y todas las manos.

 

GALEGO

O pasado ano Manos Unidas lanzou un proxecto  trienal (2019-2021) baixo o título “Promovendo Dereitos con Feitos”. Como vén facendo coherente e constantemente desde que naceu, Manos Unidas chama a nosa atención sobre o conxunto dos dereitos humanos, garantes da dignidade das persoas e condición  insoslayable na loita contra a fame, a pobreza e a desigualdade.

Neste marco, a campaña 61 deste 2020 presenta un lema desafiante: “Quen máis sofre os malos tratos ao planeta non es ti”. Fainos recapacitar sobre o sufrimento con proxección universal. Algo ineludible para a Igrexa católica e cada un dos seus discípulos misioneiros. Cada cal pode pensar que non hai ninguén que sufra máis que el, aínda que no fondo sabe que non é así. Pero, ademais, este lema fala dun sufrimento ligado aos malos tratos do planeta. Un asunto que algúns non acaban de entender nin, por tanto, admitir, mentres que a outros lles resulta indiferente.

A nosa fe no Creador permítenos e impúlsanos a atopar razóns e compromisos para ser coidadosos coa obra de Deus. Por tanto, trátase dun coidar que nace do crer. Como tamén xorde de contemplar as marabillas da creación; de estar en contacto coa natureza e, en moitos casos, de recoñecer a nosa dependencia dela e de comprometernos a salvagardala.

Sempre hai tempo para darse conta e reaccionar, para deixar de dar as costas ao planeta e coidar a «casa común». Sabemos que o consumismo desenfreado énchenos de cousas e baléiranos o espírito. E cústanos poñerlle freo. Por suposto, a  inmoderación na adquisición de bens innecesarios provoca a sobreexplotación dos recursos naturais, a deforestación, o aumento da contaminación. Máis aínda, habemos de preocuparnos seriamente por coñecer como o ritmo de malos tratos co que infliximos á terra, á creación, provoca fame, escaseza de auga, forza as migracións e, por tanto, aumenta a pobreza e o sufrimento de moitas persoas en lugares afastados á nosa Galicia, ás nosas poboacións, aos nosos prados, montes, costas e mares de Mondoñedo-Ferrol, que tamén están danados.

O «coidado da casa común» é unha chamada que precisa atención urxente para que todas as persoas teñamos unha vida digna na que se respecten os dereitos humanos. O cal esixe que axudemos aos pobos máis vulnerables para que poidan superar as consecuencias da crise ambiental. Unha acción certamente xusta, debido a que, sendo os máis afectados, eles son os menos culpables do problema. Por conseguinte, hoxe é tempo de coidar a casa común, sen dilación, desde a fe que recibimos e profesamos con gratitude e satisfacción. En definitiva, é tempo de crer para coidar.

É tempo de crer para coidar a nosa solidariedade cos máis empobrecidos, como froito da xustiza e o amor que coñecemos en Cristo Xesús.

É tempo de crer para coidar o  medioambiente, freando o consumismo  exacerbado e asegurando a supervivencia dos seres vivos, comezando pola familia humana ameazada.

É tempo de crer para coidar a cultura do encontro e a inclusión, evitando a dinámica do refugallo e do descarte, especialmente coas persoas, tal e como o Evanxeo de Xesús anímanos a facer.

É tempo de crer para coidar o compromiso coa agricultura familiar, de modo que todos poidan ter acceso aos alimentos imprescindibles para vivir e fágano desde unha opción agroecolóxica.

É tempo de crer para coidar sistemas de produción e consumo sostibles e respectuosos coa obra que Deus puxo nas nosas mans.

É tempo de crer para coidar as decisións valentes que nos conducen a un mundo máis sostible, xusto e pacífico, que estea cada vez máis preto do reino novo.

Animados por Manos Unidas, vemos que o tempo aprema para coidar a casa común coas nosas mans unidas. Que ninguén  titubee. Co corazón posto nos ceos e as mans sobre a terra, renovemos a nosa fe en Deus Creador. Fan falta todos os corazóns e todas as mans.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel