En la festividad de San Juan de Ávila, patrono del clero secular español

· Autor: Catedral Córdoba

Con los testimonios de los sacerdotes José Bello, Marcos Marino Parapar y Antonio Rúa

Homenaje de la diócesis a sus sacerdotes, en especial a los que celebran sus Bodas de Plata, Oro y Diamante en este 2020

"¿Saben ustedes cuántos años de servicio a Dios y al prójimo suman entre todos ellos? Pues, si las cuentas no me fallan, ¡670 años de vida sacerdotal!"

Decía un tal Rubén Darío, en uno de sus poemas, que “ser español es timbre de nobleza”, algo que no es malo recordar (independientemente del sentido con que él lo dijese) en estos tiempos difíciles que estamos viviendo, pensando en la nobleza de un pueblo que se sacrifica y esfuerza en aras de superar una situación terrible en la que nunca imaginamos encontrarnos. A Dios gracias, parece que ya estamos un poco más cerca de la salida. A pesar de ello, y aunque hoy (11 de mayo) reabren al culto público muchas de nuestras iglesias en la diócesis, al entrar Galicia en la fase 1 de lo que se ha dado en llamar la “desescalada” de la actual situación de crisis, no podremos celebrar como se merece en esta jornada y del modo que estaba programado desde comienzo de curso la festividad de San Juan de Ávila, patrono del clero secular español (atrasada a este lunes, por caer el día 10 en domingo). Así lo comunicaba el vicario general, D. Antonio Rodríguez Basanta, en su calidad de delegado del Clero, a los sacerdotes diocesanos en una circular fechada a 30 de abril. Queda pospuesto, de esta manera, el homenaje que tenía que realizarse esta mañana de lunes, en el Seminario Santa Catalina de Mondoñedo, a los presbíteros de nuestra diócesis que a lo largo de este año 2020 cumplen sus bodas de diamante, de oro o de plata.

El hecho de que no realicemos hoy este homenaje no nos impide, más bien todo lo contrario, nos anima a felicitarlos a todos y a cada uno de ellos; al clero en general en el día de su patrono y, de un modo lógicamente especial, a los catorce presbíteros para los que el presente año supone un muy significativo aniversario:

· Bodas de Plata de D. Manuel Ares Fernández, D. Manuel Escariz Magariños, D. José Ángel Fernández López y D. Antonio Rúa Saavedra, ordenados en 1995.

· Bodas de Oro de D. Cosme Insua López, D. José Carlos Moreno Barragán y D. Marcos Marino Parapar Lago, ordenados en 1970.

· Bodas de Diamante de D. José Bello Lagüela, D. Luis Fole Freire, D. Alejandro González Vidueiro, D. José María López García, D. Lorenzo Martínez González, D. Luis Piñeiro Hermida y D. Restituto Prieto Verdes, ordenados en 1960.

¿Saben ustedes cuántos años de servicio a Dios y al prójimo suman entre todos ellos? Pues, si las cuentas no me fallan, ¡670 años de vida sacerdotal! Casi nada. Desde este Servicio de Comunicación, y en nombre de toda nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol, queremos expresarles nuestro enorme agradecimiento por su inmensa labor de dedicación y generosidad cotidiana hacia todos aquellos que forman parte de sus comunidades, parroquias o entornos vecinales, su preocupación y cuidado por todos aquellos que, a lo largo de su vida sacerdotal, se han cruzado en su camino.

La verdad es que nos hubiese gustado hablar con cada uno de ellos, con cada uno de estos catorce sacerdotes y ojalá que tengamos oportunidad de hacerlo a lo largo de este año (ya sea en entrevista escrita o radiofónica), pero finalmente nos hemos decantado por traer aquí el testimonio de un representante de cada uno de los tres grupos (Bodas de Plata, de Oro y de Diamante).
 

D. José Bello Lagüela

Comencemos por el grupo de los que llevan más tiempo sirviendo a la comunidad, los que fueron ordenados en 1960 y cumplen, por tanto, sus bodas de diamante. Hemos tenido la gran oportunidad de que D. José Bello Lagüela, canónigo de la Catedral de Mondoñedo y actual director de la residencia sacerdotal en el Seminario Santa Catalina de la ciudad episcopal, nos haya transmitido el siguiente testimonio, en el que nos habla, entre otras cosas, del comienzo de su vocación así como de la poesía que escribió los días previos a su ordenación, el día 11 de junio:

“Siendo niño de pocos años, viniendo con mi madre (recuerdo aún el camino y donde fue) le dije: “mamá, yo quiero ser cura.” Ella me hizo unas consideraciones y yo se lo razoné a mi manera. Desde entonces, nunca más dejé esta idea. Fue mi vocación. Al llegar a los 12 años marché al Seminario y cada año que pasaba era un ir acercándome a la meta deseada. Tengo que decir que llevaba dos amores en mi corazón que me ayudaban mucho: amor a Cristo Jesús en la Eucaristía y amor a la Virgen María. Por fin pasaron los años y ya era el último curso con la ordenación sacerdotal a la   vista. Es fácil saber por dónde andaban mis pensamientos y emociones. Recuerdo que uno de esos días, ya cercano a la ordenación, se me ocurrió una poesía que comenzaba con estos versos: ¡Oh qué bella será la mañana – La mañana de mi Ordenación! - Despertarme estoy viendo aquel día – Rebosante de paz y emoción – Aleteos suaves de un Ángel – Ya parece que oigo su voz: - Levántate. Ya es día – Levántate. Te espera el Señor.

Sí, era el 11 de junio de 1960. En Vilalba se estaba celebrando el Congreso Eucarístico y uno de los actos importantes iba a ser nuestra ordenación. Allá nos trasladamos en un bus todos juntos, los que nos íbamos a ordenar. Vilalba nos acogía a nosotros, a nuestros familiares y demás asistentes a esta celebración. La presidió el Sr. Obispo D. Jacinto Argaya Goicoechea, en la gran plaza donde está la iglesia parroquial. Todo estaba preparado para este acto tan importante. Todo era emocionante, pero la cumbre de la emoción fue cuando el obispo pronunciaba las palabras esenciales que nos transformaban y marcaban para siempre como sacerdotes. En ese momento dos lagrimones, sí, lagrimones, salieron de mis ojos, que ya no podían contener la emoción. Sacerdote para siempre y con poderes del mismo Cristo, que nos hacía sus ministros a favor de nuestros hermanos.

Terminada la celebración, siguieron las felicitaciones, abrazos y besos, sobre todo, ese día, en las manos que el obispo nos había consagrado. Por eso la poesía que antes citaba, terminaba con estas palabras: “Y las manos vendrán a besarme… ¡Cuántos besos y cuánta emoción…!”.



D. Marcos Marino Parapar Lago

En cuanto al grupo de las bodas de oro, ha sido D. Marcos Marino Parapar Lago, actual capellán de la Compañía de María en Ferrol, quien nos ha hecho llegar la siguiente sentida acción de gracias:

Aunque todos los días son de acción de gracias, hoy, día de San Juan de Ávila, lo es de una manera muy especial para nosotros.

Y quisiera, en primer lugar, darle las gracias a Dios: Padre + Hijo + Espíritu Santo, en quien “vivimos, nos movemos y existimos”.

Gracias también a mis padres, a mi familia y a todos mis antepasados.

Gracias a la Iglesia Católica, con sus grandes papas, desde Pío XII, el primero que yo recuerdo, y que ha sido tan calumniado, y hasta el papa Francisco. Todos grandes. Sin olvidarme de Juan Pablo I.

Gracias a la Iglesia diocesana con sus obispos, desde el cardenal Arriba y Castro, del que sólo recuerdo haber leído su nombre en algún Catecismo, hasta don Luis Ángel, felizmente reinante en su 4º año. Y con un recuerdo especial para don Mariano, que fue el que me confirmó un mes antes de su fallecimiento, y a don Miguel Ángel que fue el que me ordenó de presbítero un 12 de diciembre.

Gracias a mi parroquia de Mera de Riba con sus sacerdotes, desde don Vicente que me bautizó, y un recuerdo especial a D. Jesús López Castro que me llevó al Seminario. Era natural da Moxoeira. Y siendo párroco de San Pantaleón de Cabanas, y, cuando regresaba de un servicio religioso con el párroco de Bravos, en un cruce de caminos allí mataron a dicho párroco. Y recuerdo especial también para don Rafael Lombardero y a don Avelino González Loureiro. Fueron mis últimos párrocos, porque tras mi ordenación empecé yo a ser párroco de Santa María de Montouto y de A Balsa.

Y gracias a todos los superiores, profesores y compañeros del Seminario.

Y gracias a todos los que dejo sin nombrar y que son o fueron muchos a los que mucho debo.

Y para terminar, no dar las gracias sino pedir perdón a todos aquellos a los que debía de habérselo pedido”.
 

D. Antonio Rúa Saavedra

Por lo que se refiere al grupo de cuatro sacerdotes que celebran este año sus bodas de plata, tenemos el relato que D. Antonio Rúa Saavedra, actual párroco in solidum de San Andrés de Teixido, nos ha enviado:

“Veño de celebrar xunto con tres compañeiros (Manolo, Manolito e Xosé Anxo) as Vodas de Prata sacerdotais. Parece que aínda non acabo de crelo. A pesar de certas expectativas, fomos encarando as nosas limitacións con paz e confianza en Deus, sen acobardarnos. Cada día fomos experimentando nas nosas vidas de consagrados como a Divina Providencia foi conducindo os nosos pasos ata o de agora, e espero que tamén daquí para diante.

Persoalmente síntome realizado con poder servir con amor e ledicia e con plena liberdade de espíritu a miña diocese de Mondoñedo-Ferrol e de adicarme ó pobo de Deus con cercanía e acollida. Podo decir con san Paulo, gracias ás oracións (e ó apoio de tanta xente ó longo destes anos) e ó Espíritu de Xesús, que me patrocina, todo me ha de ser para ben (Fl 1,19).

En cada comunidade a onde fun enviado tentei servir ó pobo como mellor puiden, asumindo responsabilidades con amor e dedicación, procurando sempre acertar dentro das miñas limitacións, pois doadamente me entreteño con enredos (son historiador da arte e pintor, e cuidador do meu pai… ). Son consciente de que estou a facer a vontade do Señor, aunque sexa quitando o pé dun furado e metendoo en outro, como o burro do probe. Tento ser creativo todo canto poido e eso si, sempre cheirando a ovella como dixo Francisco, no bon e no mal sentido pois non escatimei meterme polas cortes e polos corrales e tamén tiven de fregueses a alguna das fortunas mais grandes de España. Ó fin e ó cabo todos somos fillos de Deus.

Se me preguntan polo meu periodo formativo, vaia todo ofrecido a Deus. Quero dar as grazas ós meus directores espirituais, D. José Sánchez Ruibal e D. Gabriel Vázquez Seijas, ámbolos dous xa falecidos, e tamén a D. José Antonio Llenderrozos López.

Cando xa rematei, estaba tan ilusionado coa pastoral que salín como unha carrilana ceiba por unha costa abaixo, aínda que o camiño foi de subida: Abadín, Romariz, San Cosme da Montaña, tan querido para min. Que o santo bendito nos axude, especialmente ós que sufren os efectos desta pandemia que estamos a vivir; el é o padroeiro dos médicos e persoal sanitario, e especialmente dos enfermos, por eso ten tantos devotos naquela súa capela. Fun tan feliz alí!

Pues con estas palabras de D. Antonio Rúa finalizamos, no sin antes tener, en las actuales circunstancias, un especial recuerdo de felicitación, reconocimiento, aprecio y agradecimiento a los capellanes de hospitales y residencias de mayores, que han estado y siguen estando en primera línea en la atención de tantos enfermos y personas de edad avanzada. A todos ellos y a todo nuestro clero diocesano y a todo nuestro clero secular español, nuestra felicitación en esta fiesta de San Juan de Ávila.

Rubén Amor Fernández

Mondoñedo (1970) - Coordinador de Comunicación y portavoz diocesano