Sección litúrgica "Dóminus"

7 de mayo de 2017, 3º domingo de Pascua

Sección confeccionada por el equipo responsable de la Delegación de Liturgia

· Jesús marcha junto a nosotros

Leemos este domingo el bello relato evangélico de San Lucas en el que se narra el episodio de los discípulos de Emaús. Se trata de una las primeras apariciones de Jesús Resucitado al atardecer de ese primer Domingo de Resurrección de la Historia de la Iglesia. El corazón de los de Emaús ardía al ver a escuchar a Jesús pero no lo reconocieron. Supieron que era Él en la forma de bendecir y partir el pan, símbolo claramente eucarístico… Y así el Señor Resucitado quiso hacer fuertes a los que eran débiles, valientes a quienes siempre fueron temerosos y entregados al amor por los otros a aquellos que siempre fueron egoístas y buscadores de los primeros puestos. El claroscuro del cuadro de Rembrandt sobre la escena de partir el pan de Jesús a los discípulos de Emaús da especial relevancia a nuestra portada. Otros años hemos utilizado esa pintura pero no la hay mejor

La liturgia de este tercer domingo de Pascua nos invita a descubrir a Jesús vivo que acompaña a los hombres por los caminos del mundo.  A Jesús que con su Palabra anima los corazones afligidos y desolados.  A Jesús que en la comunidad de los discípulos se reúne para “partir el pan”; y que nos impulsa a ser testigos de su resurrección ante los hombres.

Jesús, vivo y resucitado, camina siempre a nuestro lado.  Él es nuestro compañero de viaje que nunca nos deja solos, aunque no siempre seamos capaces de reconocerlo, y llenar nuestro corazón de esperanza.

¿Cómo nos habla el Señor? ¿Cómo hace renacer en nosotros la esperanza?  El Evangelio de hoy nos dice que, en primer lugar, a través de la Palabra de Dios.  Cuando escuchamos, meditamos, compartimos y acogemos la Palabra de Dios en nuestro corazón, Jesús nos indica el camino, nos señala perspectivas nuevas, nos da el coraje de continuar, después de cada fracaso, construyendo un mundo más humano.  Preguntémonos: ¿Qué importancia le doy a la Palabra de Dios en mi vida?
En segundo lugar: en la Eucaristía.  Siempre que venimos a misa y compartimos el Pan que Jesús nos ofrece, nos damos cuenta que Jesús continúa vivo, caminando a nuestro lado, alimentándonos a lo largo del camino, enseñándonos que la felicidad está en compartir, en amar.  Siempre que nos juntemos con los hermanos alrededor de la mesa de Dios, celebrando con alegría y amor la santa Misa y seamos capaces de compartir y de servir a los demás, encontraremos a Cristo resucitado llenando nuestra vida de sentido, de plenitud, de vida auténtica.

Cuando nos encontremos con Jesús, ¿Qué tenemos que hacer?  Tenemos que llevarlo a los demás, tenemos, sin miedo, que decir, que Jesús está vivo y que Él nos ofrece a todos una vida nueva y definitiva.

Que Jesús resucitado, que diariamente nos acompaña en la vida, no pase nunca desapercibido por nosotros y que sepamos descubrirlo siempre a nuestro lado para que diariamente nos encontremos con Él en su Palabra y en la Eucaristía.
 

· Himno, cantos y preces

Cristo, alegría del mundo
Cristo alegría del mundo,
resplandor de la gloria del Padre.
¡Bendita la mañana que
anuncia tu esplendor al universo!

En el día primero,
tu resurrección alegraba
el corazón del Padre.
En el día primero,
vió que todas las cosas eran buenas
porque participaban de tu gloria.

La mañana celebra tu resurrección
y se alegra con claridad de Pascua.
Se levanta la tierra como un joven discípulo
en tu busca, sabiendo que el sepulcro está vacío.

En la clara mañana,
tu sagrada luz se difunde
como una gracia nueva.
Que nosotros vivamos como
hijos de luz y no pequemos contra la
claridad de tu presencia. Amén.
 

Andando por el camino
Andando por el camino,
Te tropezamos, Señor,
Te hiciste el encontradizo,
nos diste conversación.

Tenían Tus palabras,
fuerza de vida y amor,
ponían esperanza,
y fuego en el corazón.

Te conocimos, Señor,
al partir el pan.
Tú nos conoces, Señor,
al partir el pan.
(2 veces).

Llegando a la encrucijada,
Tú proseguías, Señor,
Te dimos nuestra posada,
techo, comida y calor.

Sentados como amigos,
a compartir el cenar,
allí Te conocimos,
al repartirnos el pan.

Andando por los caminos,
Te tropezamos, Señor,
en todos los peregrinos,
que necesitan amor.

Esclavos y oprimidos,
que buscan la libertad,
hambrientos desvalidos,
a quienes damos el pan.
 

Oremos a Cristo, autor de la vida, a quién Dios resucitó de entre los muertos, y que por su poder nos resucitará también a nosotros, y digámosle: Cristo, vida nuestra, sálvanos.

Cristo, luz esplendorosa que brillas en las tinieblas, rey de la vida y salvador de los que han muerto,
—concédenos vivir hoy en tu alabanza.

Señor Jesús, que anduviste los caminos de la pasión y de la cruz,
—concédenos que, unidos a ti en el dolor y en la muerte, resucitemos también contigo.

Hijo del Padre, maestro y hermano nuestro, tú que has hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes,
—enséñanos a ofrecer con alegría nuestro sacrificio de alabanza.

Rey de la gloria, esperamos anhelantes el día de tu manifestación gloriosa,
—para poder contemplar tu rostro y ser semejantes a ti.
 

· Reflexión: 'Descubramos a Jesús', por Javier Leoz

¡Feliz Santa Pascua! Cuando todavía muchos cientos de miles de peregrinos –al igual que los de Emaús— tienen sus corazones enardecidos por el encuentro personal con Jesucristo. Seguimos intentado también nosotros descubrir a ese Jesús que nos sorprende, que marcha en paralelo a nosotros, que nos seduce y nos muestra claras señales de que, su presencia, es garantía y esperanza para creer firmemente en su resurrección.

1.- En multitud de ocasiones, la soledad y el pesimismo, nos agobian y se convierten en una pesadilla en nuestro vivir. Alguien, con cierta razón, ha llegado a decir que “el hombre mira más hacia el suelo que hacia el cielo”. Los discípulos de Emaús estaban un poco de aquella manera; se encontraban desconcertados y cabizbajos. Vuelven desazonados y sin muchas perspectivas de una experiencia idílica hacia una “nada” que les hace sentir su fragilidad, orfandad y desesperanza.

2- . Lo mismo, en distintas ocasiones y con muchos matices, nos ocurre al hombre de hoy: pensábamos que todo estaba a nuestro alcance y cualquier catástrofe nos desestabiliza; creíamos dominar la naturaleza y, cualquier tsunami, pone patas arriba años y años de progreso y hasta las más atrevidas edificaciones. ¡Pensábamos que…y resulta que…! ¿Dónde está el Señor? ¿Ya le dejamos avanzar y transitar a nuestro lado? ¿No estaremos dibujando un mundo a nuestra medida sin trazo alguno de su resurrección? ¿Se dirige nuestro mundo hacia un bienestar permanente y duradero o sólo a corto plazo? Son interrogantes que surgen constantemente como fruto de la desazón de los discípulos del Emaús de nuestros días: regresamos decepcionados de muchos panoramas que se nos presentan en nuestra vida corriente como fantásticos…y resultan que eran ruinosos.

3.- Necesitamos volver hacia el encuentro con el Señor. No para que nos resuelva de un plumazo nuestras peticiones o inquietudes. En principio es necesario regresar de la desesperanza. Cristo salió fiador por nosotros, por nuestra salvación, por nuestra felicidad eterna y….seguimos huyendo cabizbajos concluyendo que, el Señor, se ha desentendido de nosotros. Que, el Señor, tal vez murió y….nunca resucitó. Necesitamos regresar hacia aquellas situaciones y gestos que hicieron grande nuestra fe; la eucaristía y la oración, la confesión personal y los momentos de piedad sincera. El mes de mayo a punto de comenzar, dedicado a María, nos puede ayudar –con su mano intercesora- a encontrarnos cara a cara con Jesucristo Resucitado.

4.- No es necesario anhelar signos extraordinarios para dar con el Señor. En el camino, allá por donde discurre nuestra vida, podremos alcanzar, sentir y palpar la presencia de Jesús. Sólo una cosa es necesaria: nos fiemos de Él. Para que Jesús camine junto a nosotros es necesario que le hagamos sitio y, cuántas veces, reducimos tanto el espacio para las cuestiones de la fe que a duras penas Cristo puede hablarnos y recordarnos el inmenso amor que siente por nosotros.

5.- QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Que, si  ahora todo es luz,
sin ti y  cuando te vayas, volverá a ser oscuridad
Que, si  ahora veo tu grandeza,
sin Ti y  cuando te vayas, sólo tocaré mi pobreza

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Porque, mis  dudas con tu Palabra,
se  convierten en seguras respuestas
Porque, mi  camino huidizo y pesaroso
se  transforma en un sendero de esperanza
en un grito  a tu presencia real y resucitada

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Que, contigo  y por Ti,
merece la  pena aguardar y esperar
Que, contigo  y por Ti,
no hay gran  cruz sino fuerza para hacerle frente
Que, contigo  y por Ti,
la sonrisa  vuelve a mi rostro
y el corazón  recuperar su vivo palpitar

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Porque,  contigo, mi camino es esperanza
Porque,  contigo, amanece la ilusión
Porque,  contigo, siento al cielo más cerca
Porque,  contigo, veo a más hermanos
y siento que  tengo menos enemigos
Porque,  contigo, desaparece el desencanto
y brota la  firme fe de quien sabe que Tú, Señor,
eres  principio y final de todo.