Sección litúrgica "Dóminus"

20 de enero: 2º domingo del Tiempo Ordinario

Sección confeccionada por el equipo responsable de la delegación de Liturgia

"Siempre falta algo en el intento de alcanzar la felicidad por parte del hombre. Y, siempre, mirando a María escuchamos lo que con insistencia, ella pide a Jesús: que intervenga en nuestras vidas"
· Una jornada especial... ¡Es domingo!

Las celebraciones móviles del año litúrgico 2019
La gloria del Señor se ha manifestado y se continuará manifestando entre nosotros, hasta el día de su retorno glorioso. En la sucesión de las diversas fiestas y solemnidades del tiempo, recordamos y vivimos los misterios de la salvación. Centro de todo el año litúrgico es el Triduo Pascual del Señor crucificado, sepultado y resucitado, que este año culminará en la Noche Santa de Pascua que, con gozo, celebraremos el día 21 de abril. Cada domingo, Pascua semanal, la santa Iglesia hará presente este mismo acontecimiento, en el cual Cristo ha vencido al pecado y la muerte.

De la Pascua fluyen, como de su manantial, todos los demás días santos: el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, que celebraremos el día 6 de marzo. La Ascensión del Señor, que este año será el 2 de junio. El domingo de Pentecostés, que este año coincidirá con el día 9 de junio. El primer domingo de Adviento, que celebraremos el día 1 de diciembre. También en las fiestas de la Virgen María, Madre de Dios, de los apóstoles, de los santos y en la conmemoración de todos los fieles difuntos, la Iglesia, peregrina en la tierra, proclama la Pascua de su Señor.

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
El Octavario para la Unidad de los Cristianos se inicia el viernes, día 18, y termina el también viernes de la semana próxima, el día 25, festividad de la Conversión de san Pablo. Es un tiempo de oración y reflexión pues Cristo hablo de “un solo Pastor y un solo rebaño”. El Pastor es el mismo Jesús de Nazaret y el único rebaño es el conjunto de hombres y mujeres que nos declaramos seguidores de Cristo, sin importar origen y procedencia. “Actúa siempre con toda justicia” (Dt 16, 18-20) es el lema para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos para ese octavario de 2019.
 

· Hoy celebramos...

Jesús de Nazaret, milagro en Caná
Jesús de Nazaret realiza su primer milagro en una boda. Es cierto que su Madre, María, le pide que lo haga, pero el “produce” 600 litros de vino excelente, que sorprende a todos. Ese signo es muy llamativo. Jesús no buscaba un inicio solemne, ni un milagro en el Templo de Jerusalén. Jesús buscaba ayudar a la gente allí donde lo necesitara. Y una boda es lugar de alegría y felicidad… y de esperanza. Hemos terminado hace una semana, con el Bautismo del Señor, las fiestas navideñas e iniciamos hoy el primer tramo del Tiempo Ordinario que nos llevará a la Cuaresma que iniciaremos el 6 de marzo, con el Miércoles de Ceniza. Celebremos con alegría este II Domingo del Tiempo Ordinario donde comenzaremos el recorrido por los ejemplos de la vida pública de Jesús de Nazaret.

Monición de entrada
Recibid nuestra fraternal bienvenida al inicio de la eucaristìa. Comenzábamos el lunes pasado la primera fase del Tiempo Ordinario que nos llevará hasta el 6 de marzo-- Miércoles de Ceniza-- en que iniciaremos la Cuaresma. Hoy, en este II domingo del Tiempo Ordinario, vamos a asistir al primer milagro de la vida pública de Jesús de Nazaret. A petición de su Madre, María, transforma 600 litros de agua en vino de excelente calidad. A los novios se les agotaba el vino para agasajar a sus invitados y la Virgen quiso evitarles esa vergüenza. Es un comienzo muy singular por parte de Jesús... en una boda, una celebración llena de alegría y esperanza. Por otro lado, Pablo nos va a hablar del Espíritu Santo, el gran inspirador de toda acción religiosa. Y esta semana también, mañana, lunes, 18, comenzábamos el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos. El Espíritu ha de estar con nosotros para conseguir lo que Cristo siempre nos pidió: que todos sus seguidores fuéramos uno en el amor… Hoy es, asimismo, la Jornada Mundial por el emigrante y el refugiado. Las migraciones –emigrantes, inmigrantes y refugiados— están muy presentes en nuestra vida actual. Demos la importancia que tiene dicha celebración pontificia y ayudemos con nuestra oración y nuestro apoyo material a un fin muy actual y muy notable. Y en muchos con mucho dolor y no pocas victimas…

Preces
SEÑOR ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN
En comunión con todos los que invocan la grandeza y el poder del Señor, oremos por nuestras necesidades y las de todo el mundo.

R.- SEÑOR ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN.

1. - Por la Iglesia; para que esté atenta a las necesidades de todos los hombres que buscan al Señor desde sus distintas realidades.
OREMOS

2. - Por los que viven alejados de Dios, envueltos en sus comodidades y caprichos; para que encuentren en los cristianos el testimonio que necesitan para cambiar de actitud.
OREMOS

3. - Por los enfermos y por todos los que sufren; para que el vino de nuestro amor endulce su amargura y mitigue su dolor.
OREMOS

4. - Por los que han perdido la fe, pero buscan a Dios sin saberlo; para que les llegue su luz y su verdad.
OREMOS

5.- Por los frutos del Octavario de Oración para la Unidad de los cristianos, para que el Espíritu nos ayude a resolver las diferencias entre los seguidores de Jesús de Nazaret.
OREMOS

6.- Por todos los inmigrantes y emigrantes del Mundo. Y en especial por los que acuden a nuestro pais. Tengamos para ellos un especial recuerdo en este día, Jornada Mundial de las Migraciones
OREMOS

7. - Por nosotros, invitados a participar de esta eucaristía; para que sepamos ofrecer a los demás el vino que alegra y fortalece.
OREMOS

Escucha Señor nuestra oración que traemos a tu presencia, y ayúdanos a cumplir tu voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 

· Reflexión: '¡Falta algo!', por Javier Leoz

Han quedado atrás las fiestas navideñas y, cuando tantos símbolos desaparecen de las calles o de las iglesias (luces, estrellas, belenes, adornos) un nuevo signo, por parte del Señor, sale a nuestro encuentro: comienza su misión ofreciendo buen vino, generoso y abundante, en la mesa de los hombres.

1.- Siempre falta algo en el intento de alcanzar la felicidad por parte del hombre. Y, siempre, mirando a María escuchamos lo que con insistencia, Ella pide a Jesús: que intervenga en nuestras vidas. Que, el agua por sí misma, no es suficiente para alegrar nuestro vivir. Que el hombre, por sí mismo, no es suficiente para llegar al colmo de la felicidad que pretende esta sociedad tan vacía de valores como aquellas tinajas que estuvieron a punto de abortar el éxito de una boda.

¿Qué son las bodas de Caná? Muchas interpretaciones se han dado al primer signo que, Jesús, realizó en el comienzo de su misión. Entre todas ellas, me quedo con una que me parece esencial: Jesús viene a establecer una alianza definitiva entre Dios y la humanidad. ¿Seremos capaces de percatarnos de este Misterio más allá de lo extraordinario del agua convertida en vino? María, siempre atenta y solícita a las peticiones de sus hijos, muestra las carencias de aquellos que –buscando al Señor- saben que sin Él, la vida, es difícil teñirla con el traje de fiesta. Y es que, siempre, nos falta un algo y un alguien. Un algo para que la fiesta sea completa y un alguien para que ponga “ese punto” y todo sea un éxito.

2.- Llevemos alegría, como el vino mejor y más selecto, allá donde el otro vino –dulce pero traicionero- es incapaz de llegar: al corazón. Y es que, lo ebrio del mundo, no es lo más aconsejable para alcanzar la dicha o llegar al supremo grado de bienestar. Más bien al contrario. Las Bodas de Caná nos traen una sugerente catequesis: Dios pone todo en su punto. Dios pone ese “algo” y ese “alguien” cuando, la creatividad o las previsiones de las personas se quedan cortas. Faltó el vino en Caná, y María (lista como ella sola y controlando todo lo que acontecía) susurra a Jesús: “les falta el vino”. O lo que es lo mismo: se han quedado cortos para llegar hasta el final en el banquete de la vida. Hoy, en el Señor, vemos su semblante más festivo. Acostumbrados a escucharle en el templo, a tenerlo rodeado de leyes y de normas, nos asombra su otra dimensión: viene con nosotros y, cuando hace falta, se suma al espíritu festivo de nuestro caminar.

3.- Como María, también nosotros, debiéramos de estar atentos en esas situaciones que necesitan un poco de paz y de sosiego. María, con los ojos bien abiertos, fue consciente de que algo raro ocurría en aquel convite. Que, de repente, todo podría irse al traste si el vino, elemento importante en una comida, hubiera faltado. Esa puede ser también nuestra misión: ser sensibles a las necesidades de las personas o situaciones que nos rodean. Aquello de “ojos que no ven, corazón que no siente” no es una buena filosofía para aquellos que creemos y esperamos en Jesús. Que el Señor en este Año Santo de la Fe nos ayude a poner el buen vino de nuestra fe, de nuestro testimonio, de nuestra alegría cristiana en tantas mesas donde rezuman los vasos de licores que han dejado de ser cristianos para convertirse sólo en exponente de fiesta pagana sin referencia a lo eterno. Ojala, entre otras cosas, recuperásemos la bendición de la mesa como el vino de solera de cualquier fiesta social, familiar o incluso eclesial.

4.- QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR
Que ponga  palabra oportuna
allá donde  se desarrolle el desconcierto
Que irradie  música y alegría
cuando brote  el escenario de la tristeza y la angustia

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR
Que hable de  Ti y de tus hazañas
aún en medio  de incomprensiones y vacíos
Que lleve la  esperanza y el optimismo
a un mundo  que llora perdido
Que cargue  las tinajas de los corazones de las personas
con tu  Palabra que todo lo colma y satisface
Que  convierta el vinagre de muchas historias
en el dulce  vino de tu fraternidad y de tu Evangelio

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR
Que, con  María, también abra los ojos
y descubra  los sufrimientos y la escasez
el fracaso y  tanto aguafiestas
que abortan  el espíritu festivo de la humanidad
el anhelo de  fraternidad de este mundo.

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR
Y sepa darte  gloria, por mis obras
Y sepa  bendecirte, por tanto signo que realizas
Y sepa  agradecerte, por tantos dones que regalas
Y sepa  alabarte, por salir al encuentro del hombre
Gracias,  Señor,
tu vino (el  único, el mejor y el más auténtico)
alegra la  mesa de toda nuestra vida.
Que en este  Año de la Fe, como buen vino,
sea capaz de  ofrecer tu Palabra con mi voz
tu  presencia, en mi entrega
tu  fortaleza, con mi testimonio
tu amor, a  través de mi caridad
tu corazón,  por mi comprensión
tu reino, en  mi forma de entender y de vivir la vida.
Amén.