Sección litúrgica "Dóminus"

19 de febrero de 2017, 7º domingo del Tiempo Ordinario

Sección confeccionada por el equipo responsable de la Delegación de Liturgia

· Amemos a nuestros enemigos

La revolución de Jesús de Nazaret está precisamente en aplicar un amor sin medida. Y amar a los enemigos es, probablemente, el mayor sacrificio que el Señor puede pedirnos. Se ha puesto muchas veces un ejemplo: ¿podemos amar a los terroristas que cobardemente han asesinado a un buen número de inocentes? Será un esfuerzo sobrehumano que nos pide el Hijo de Dios que murió –en el terrible martirio de la Cruz— perdonando a sus verdugos y a los inductores de tal crimen. Queda claro que el seguimiento de Jesús de Nazaret no es fácil. La respuesta en clave de amor a los actos llenos de odio es un seguro de paz. Eso es el amor.

Monición de entrada
Sed bienvenidos a la Eucaristía. Y hoy debemos estar especialmente atentos y receptivos. Jesús nos va a dar su lección de amor máximo, de amor de infinitud divina, que a todos nos va a costar entender: nos dice que hay que amar a los enemigos. Dios es amor y el amor a los demás es la verdadera esencia del cristianismo, pero hoy el Maestro nos pide lo más difícil: amar a quienes nos hacen daño y mucho… Sigue Jesús de Nazaret enseñando a través de lo que se ha llamado el Sermón de la Montaña que es la base doctrinal más importante del mensaje del Salvador. Y nosotros, aunque sea muy difícil, hemos de luchar para seguir el camino que Jesús nos marca…

Moniciones para las lecturas
1.- La primera lectura procede del capítulo 19 del Libro del Levítico. Y nos muestra que ya Dios, nuestro Padre, encarga a su siervo Moisés que enseñe a cada miembro del pueblo elegido que tiene que amar al prójimo como a sí mismo. En realidad la enseñanza de Dios ha sido siempre la misma. Pero el pueblo judío olvidó la enseñanza divina y tuvo que venir Jesús a dar plenitud al mensaje del Padre de todos.

S.- El salmo 102 esta atribuido a David y tiene un mensaje casi idéntico al conocido salmo 50, al “Miserere”. Es, en definitiva, un himno de alabanza que recorre toda la historia de Israel señalando que todos los bienes proceden del Señor. Para nosotros mismos, hoy, debe ser una oración de agradecimiento por todo lo que somos y recibimos.

2.- Pablo de Tarso, en la segunda lectura, donde continuamos leyendo la primera Carta a los Corintios, marca la esencia predicadora y evangelizadora del cristiano. Y que no es otra cosa que la unidad de Dios Padre con Jesús y, al mismo tiempo, nuestra unidad total con la Trinidad Santa mediante el Espíritu. Es un párrafo muy importante que deberíamos leer varias veces y hacerle sitio en nuestros corazones.

3.- El evangelio de Mateo sigue narrándonos las enseñanzas de Jesús de Nazaret en el Sermón de la Montaña. Y hoy expresa el máximo del amor, la plenitud del amor cristiano que rompe hasta lo razonable: nos pide que amemos a nuestros enemigos. Pero sucede que para Jesús no puede haber amores a medias, amores de conveniencia. El amor ha de romperlo todo y construirlo de nuevo si hubiera desaparecido.
 

· Himnos y cantos

Cristo, alegría del mundo
Cristo, alegría del mundo,
resplandor de la gloria del Padre.
¡Bendita la mañana que anuncia
tu esplendor al universo!
En el día primero,
tu resurrección alegraba
el corazón del Padre.
En el día primero,
vio que todas las cosas eran buenas
porque participaban de tu gloria.
La mañana celebra tu resurrección
y se alegra con claridad de Pascua.
Se levanta la tierra como
un joven discípulo en tu busca,
sabiendo que el sepulcro está vacío.
En la clara mañana,
tu sagrada luz se difunde
como una gracia nueva.
Que nosotros vivamos
como hijos de luz y no
pequemos contra la
claridad de tu presencia.

Vienen con alegría
VIENEN CON ALEGRÍA, SEÑOR,
CANTANDO VIENEN CON ALEGRIA, SEÑOR,
LOS QUE CAMINAN POR LA VIDA, SEÑOR,
SEMBRANDO TU PAZ Y AMOR. (2)

Vienen trayendo la esperanza
a un mundo cargado de ansiedad,
un mundo que busca y que no alcanza
caminos de amor y de amistad.

Vienen trayendo entre sus manos
esfuerzos de hermanos por la paz,
deseos de un mundo más humano
que nacen del bien y la verdad.

Cuando el odio y la violencia
aniden en nuestro corazón,
el mundo sabrá que por herencia
le aguardan tristezas y dolor.
 

· Reflexión: 'Con Dios es posible', por Javier Leoz

No resulta fácil, por propia voluntad, el amor a los enemigos por parte del ser humano. ¿Responder al odio con amor? ¿A la violencia con la mansedumbre? ¿A la afrenta con la humildad? ¿Cómo llegar a ese grado de exquisitez cristiana? ¿Cómo regalar bien ante el mal? Ni más ni menos que, colocando en el centro de nuestra existencia, a Dios mismo. Él es la fuente de la bondad y, cuando Dios configura totalmente el vivir cotidiano de una persona, esa misma persona, es capaz de llegar al grado de perfección o a esa utopía que nos puede parecer el evangelio de este día. El Papa Francisco, a raíz de algunas debilidades que existen dentro de la Iglesia, afirmaba categóricamente: “Sólo se pueden entender por hacer una vida lejos de la Palabra y lejos de Jesucristo. Eso es causa de muchos males”.

1. La característica esencial de Dios es la bondad misma, el amor mismo. Y, Dios, no puede hacer otra cosa que eso: amar. Podrán muchos de sus hijos olvidarle, ultrajar su nombre y dudar de su existencia. Dios, por el contrario, responderá una y otra vez con lo que tiene y ofrece espontáneamente: amor. Dios siempre está dispuesto a perdonar. Esa es la diferencia entre EL y nosotros; por inercia y sin esfuerzo alguno, perdona, olvida y entrega amor. Nosotros, desde nuestra humanidad, dosificamos el perdón, nos cuesta olvidar y el amor lo damos también con cuentagotas. Por ello mismo, el final del evangelio de este evangelio, nos retrata: vivir con Dios significa aspirar a su perfección; ver las cosas como Dios mismo las ve y reaccionar, incluso en situaciones ilógicas y contradictorias, desde el testimonio de la fe. ¿Imposible? Con Dios desde luego que no.

2. Se suele decir que, las imitaciones, son siempre malas. Pero, la vida de un cristiano, debe ser un eco las actitudes, pensamientos, obras y deseos de Cristo. Por lo tanto, abrirnos sin desmayo y sin miedo, mirar hacia el cielo cuando se nos hace sufrir en la tierra, meditar la gran lección que Jesús nos da en la cruz (su amor universal) pueden ser perfectamente unos claros síntomas de que queremos vivir según El y que, entre otras cosas, deseamos ansiar (llevándola a la práctica) la perfección cristiana: en el encuentro con numerosos prójimos, manifestarles (y hasta asombrarles e impresionarles) por la viveza y sinceridad de nuestro amor.

3. Cinco enemigos se levantan en contra de esta aventura del amor a los enemigos y del deseo de agradar a Dios siendo, allá donde estamos, imagen de su amor: el egocentrismo ( mirarnos a nosotros mismos); el egoísmo (querernos demasiado); individualismo (vivir como si todo dependiese de nosotros); el racionalismo (pensar en lo que perdemos o ganamos, cuando prima el pensamiento antes que la fe o la religión) y la ausencia de Dios (cuando en el centro instalamos exclusivamente nuestro propio bienestar y dejamos a un lado al Señor). Frente a estos enemigos tendremos muchas armas para hacerles frente: la oración, la solidaridad, la fe, la comunidad y las promesas de Jesús que, por la fuerza del Espíritu, nos asiste hasta el día en el que vuelva definitivamente. ¿Cómo nos encontrará? ¿Luchando contra los enemigos de la vida cristiana o sometidos a ellos? ¿Amando a “los nuestros” o brindando nuestra amistad a los que piensan de distinta manera a nosotros? ¿Con las puertas abiertas a la fraternidad o con los balcones cerrados a lo que ya tenemos conquistado? Ojala que, el Señor, nos ayude a hacer de nuestra vida una ofrenda y un amor que no sea excluyente. Lo tenemos difícil pero, con El en medio, puede ser posible.

¿CÓMO ME PIDES TANTO, SEÑOR?
¿Sonreír al que deteriora e  invade mi vida,
perdonar a quien me afrenta
ayudar a quien me arruina
y asistir a quien me olvidó  un mal día?

¿CÓMO  ME PIDES TANTO, SEÑOR?
¿Amar al que tal vez nunca  me amó,
abrazar al que, ayer, me  rechazó,
llorar con el que, tal vez,
nunca yo encontré consuelo  en la aflicción?
¡Cómo, Señor! ¡Dime cómo!
Cuando ya es difícil amar al  que nos ama
Caminar con el que queremos
entregarnos al que conocemos
o alegrarnos con el que nos  aplaude
¡Cómo, Señor! ¡Dinos cómo  hacerlo!
Cuando nos cuesta rezar por  los nuestros
o prestar nuestra mejilla
a quien ya nos da un beso
Cuando es duro el ser  felices
con aquellos que con  nosotros conviven

¿CÓMO  NOS PIDES TANTO, SEÑOR?
Ayúdanos a estar en comunión  permanente con Dios
y entonces, Señor,
tal vez no nos parezca tanto  ni un imposible
ser cómo Tú eres y llevar a  cabo lo que Tú quieres:
AMOR  SIN CONDICIONES.
Amén.