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Eugenio
García Amor
Don Gabriel, hombre de Dios: Semblanza de
D. Gabriel Pita da Veiga (1903-1976)
Separata de Estudios Mindonienses nº5
(1989)

[...] La vida cristiana de D. Gabriel
se abre a la luz en la Iglesia parroquial de Nuestra Señora del Socorro de
la ciudad de Ferrol. Allí fue bautizado D. Gabriel Pita da Veiga y Rodríguez
el de marzo de 1903, al mes exacto de haber nacido en la calle
Sinforiano López, n. 168. Lleva en el acta de bautismo cinco nombre: Gabril,
Juan, José Mariano e Isidoro..^[...]
[...] Llama la atención el
rumbo inicial de los estudios de D. Gabriel. A los doce años le encontramos
matriculado en la Escuela de Artes y Oficios de Ferrol (año 1915),
estudiando Dibujo de Paisaje, asignatura que aprobó con 16,50 puntos, y que
completó en dos cursos sucesivos con nota de Sobresaliente. [...]
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[...] D. Gabriel ingresó en el
seminario de Mondoñedo a los veinte años: es como un anticipo de las que
luego se llamarían "vocaciones tardías". ¿Qué motivos le impulsaron a
cambiar el Dibujo o las "artes aplicadas" por este nuevo arte del
sacerdocio? No quedan papeles que lo descubran, a no ser los fríos
certificados y solicitudes que conserva el Archivo del Seminario. Según su
sobrino Juan, la vocación sacerdotal de D. Gabriel debió de ser más bien
temprana. Pero había que ayudar al sostenimiento de la familia. D. Gabriel
trabajaba para ello como escribiente.[...]
[...] Coinciden todos estos
testimonios en que D. Gabriel tenía un talante cariñoso y lleno de
delicadezas: cultivaba el detalle, la felicitación oportuna, la sugerencia
discreta... Lo reconocían sobre todo, los niños, metidos debajo de su
manteo, recibiendo en son de fiesta los diarios caramelos, acompañados hasta
su casa, cuando se hacía de noche en los ensayos... Siempre sonriente y
afable, a pesar de su trabajosa salud: "irradiaba algo especial". "No tenía
gran ciencia, pero sí una gran prudencia, y sobre todo humildad para
preguntar". "su personalidad estaba en su virtud".
Hay una faceta de su retrato
que resaltó siempre de forma muy significativa, y que se convirtió casi en
"leyenda áurea" entre quienes le conocieron desde el pueblo: su caridad con
los enfermos y los pobres. Su hermana Antonia tenía que comprar con
frecuencia sábanas y ropas, porque las que había en casa "desaparecían"...
Lo mismo se diga del dinero, que dejaba disimuladamente bajo la almohada de
algún enfermo.
Otro
rasgo abundantemente subrayado: su capacidad de trabajo. Desde el tiempo que
dedicaba a las veladas y poesías que ensayaba a los niños, hasta las largas
horas de despacho y de confesionario, y, lógicamente, de oración solitaria
ante el Sagrario, que constituían una parte esencial de su programa. "Sus
superiores siempre le cargaron más de lo que podía, y siempre "pudo"". No
hubo apenas períodos de vacaciones en su vida, a no ser las estancias que
pasó en sanatorios y pueblos de la montaña, para aliviar sus precarios
pulmones, y las horas que se permitía descansar en la casa familiar de "Las
Aceñas" (Jubia), disfrutando un poco de la naturaleza y de la intimidad
doméstica.
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[...] "Os
amoriños primeiros son moi malos de olvidare": la copla popular puede servir
también para expresar ese especial idilio que supone para un sacerdote la
primera parroquia que se le encomienda, sobre todo si se entiende bien con
ella. A D. Gabriel le encomendaron la parroquia de Guitiriz cuando llevaba
tres años de sacerdote y estaba en la flor de los treinta y dos años: fue
nombrado el 7 de noviembre de 1935.[...]
[...] Una anécdota
que está documentada: D. Gabriel encargó al sacristán que repartiese por las
casas unas hojas de propaganda religiosa. Parece que esta difusión estaba
mal vista por las autoridades civiles, y el sacristán fue detenido. Al
saberlo, D. Gabriel se presentó ante el juez y se declaró culpable de este
"delito", por lo que hubo de pasar varias noches en la cárcel. La "cárcel",
una casa particular, se convirtió entonces en "iglesia", a donde iba la
gente para rezar el Rosario con el cura y acompañarle, hasta que le
permitieron salir nuevamente a la calle, al menos durante el día...[...]
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[...] En Villaba se consagró
definitivamente el "mito" del Cura que se entregaba sin reservas al pueblo
sencillo y que se llevaba de calle a la gente, apenas sin pretenderlo[..]
[...] A los nueve años de su
estancia en Villalba se produjo un desgarrón aparentemente inesperado.: D.
Gabriel hubo de renunciar a la parroquia y comenzar un nuevo trabajo en el
Seminario de Mondoñedo. [...] Lo que sí está claro es que la marcha de D.
Gabriel produjo un enorme impacto popular. Desde que él la anunció
públicamente durante una Misión popular, en plena plaza de la Iglesia,
pidiendo perdón por sus fallos y deficiencias, comenzó la marea de
adhesiones y reclamaciones ante el Obispo: pliegos de firmas,
desplazamientos de autobuses a Mondoñedo, organización de homenajes...
Apenela recuerda que la gente de Mondoñedo, al ver llegara tantos
villalbeses en manifestación, comentaban humorísticamente: "¿vides polo
Cura? ¡Levádeos a todos![...]
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[...] D. Gabriel fue nombrado
párroco de Nuestra Señora de las Angustias (Ferrol) y tomó posesión de su
nueva feligresía en noviembre de 1954.
La parroquia de Las Angustias
nacía con un censo aproximado de 8.000 habitantes en la barriada más pobre y
destartalada de Ferrol - el barrio de Esteiro-, con sus "corredoiras" y
chabolas, como se describe incluso en el decreto de erección. No tenía
Iglesia propia, utilizándose como centros de culto la capilla de Las
Angustias, la capilla del Hospital de Marina [...]
[...] Las obras de la Iglesia
comenzaron en enero de 1955, a los dos meses de inaugurada la parroquia. Don
Gabriel recurrió a sus buenos oficios familiares - primo del que luego fue
Ministro de Marina, D. Gabriel Pita da Veiga, buen amigo del alcalde...-,
para conseguir de unos y de otros aportaciones y donativos que permitiesen
sacar adelante la obra. Los donativos recaudados, según el Libro de Fábrica,
sumaron 182.193 Ptas., además de los materiales facilitados por diversas
Empresas.[...]
[...] Cuando D. Gabriel se
despidió de la parroquia para pasar a la de San Julián, una anciana le dijo
al Obispo: "¡Señor Obispo, cúidelo, que es muy bueno!".[...]
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[...] La muerte repentina de D.
Rogelio López Méndez, que había regido durante muchos años la parroquia de
San Julián, supuso para Mons. Argaya el apremio de buscar un sucesor a tono
con las circunstancias que en ella se daban: primera parroquia de la ciudad
y Concatedral de la Diócesis. Lógicamente pensó en D. Gabriel: así lo
manifestó en el momento de darle posesión (29 de mayo de 1960), resumiendo
en una frase de San Carlos Borromeo lo que significaba este nuevo cargo: "no
le entrego la parroquia de San Julián, sino que le entrego a la Parroquia de
San Julián". El estilo sacerdotal de D. Gabriel se anticipaba generosamente
a la consigna. Le esperaban ocho años de abnegada entrega y de crecientes
responsabilidades.[...]
[...] Como detalles humanos,
que configuran también su talante pastoral, los Coadjutores recuerdan que
les encomendaba descansar un día a la semana, asumiendo él su servicio; que
durante sus ausencias les pedía que abriesen las cartas dirigidas a él con
toda confianza; que les traía algún obsequio al regresar; que era muy
respetuoso con ellos, sugiriendo más que mandando...[...]
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[...] El año 1968 marca un hito
importante en la vida de la Diócesis y en la biografía de D. Gabriel. Los
nuevos aires conciliares, los nuevos métodos pastorales, la fermentación
política y social por la que pasaba la ciudad de Ferrol... movieron a D.
Jacinto Argaya a dinamizar la presencia de la Iglesia en el medio urbano,
creando nuevas parroquias y poniendo al frente del Arciprestazgo a un
sacerdote más joven y sensible a la nueva mentalidad.
D. Gabriel, aquejado
progresivamente por sus achaques de salud, dejó con toda naturalidad sus
funciones parroquiales, y fue relevado el 30 de abril de 1968 por D.
Fernando Porta de la Encina...[...] A su vez, D. Gabriel era promovido a
Canónigo numerario de la catedral de Mondoñedo [...]
[...] El 19 de noviembre de
1968 se hizo público el nombramiento de D. Jacinto Argaya para la sede de
San Sebastián. [...] ¿Sospecharía D. Jacinto, al marchar, que la Diócesis
iba a quedar en manos de D. Gabriel durante el período de "sede vacante"? Es
fácil que lo intuyese, y aún que lo propiciase, dada el aura popular que
rodeaba a D. Gabriel, y la oportunidad de encontrarse ya incorporado -casi
providencialmente-al Cabildo de Mondoñedo.
Lo cierto es que, al reunirse
éste el 15 de diciembre para proceder a la elección de Vicario capitular. D.
Gabriel resultó elegido por mayoría absoluta, y asumió la pesada
responsabilidad de regir la Diócesis por un período de veinte meses.[...]
[...] El 4 de Julio de 1970 se
hacía público el nombramiento de Mons. Araújo Iglesias como nuevo Obispo de
Mondoñedo-Ferrol.[...] D. Gabriel se apresuró a entrevistarse con el nuevo
Obispo en su casa de Orense a las pocas horas de conocerse la noticia, "para
expresarle el gozo de toda la Diócesis y ofrecerle el primer testimonio de
nuestra adhesión". [...] Y en la página siguiente del Boletín, publicaba un
tercer escrito con el epígrafe "Carta de despedida", que marca el punto
final de su gestión como Vicario capitular. [...]
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[...] Cuando D. Gabriel cesaba
en su cargo como Vicario capitular (8 de septiembre de 1970), tenía ya
firmado su nuevo nombramiento como Vicario general de la Diócesis.[...]
Quedaban por delante seis años de renovado servicio, que iban a dar el toque
final a una vida entregada y a una salud progresivamente achacosa.[...]
[...] Llevaba su enfermedad con
mucha discreción, pero también con mucho respeto. Aunque era un fumador
empedernido -ordinariamente de tabaco barato, los "Celtas" sin filtro, dejó
de fumar prácticamente en los últimos años. Guardaba régimen estricto de
comidas, y le costaba trabajo aceptar "golosinas". "Amalia, mucho me
engaña", le decía a la cocinera de Palacio, cuando ésta le invitaba a tomar
algún dulce...[...]
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[...] La hora de la muerte le
llegó casi sin avisar en la noche del 28 de marzo de 1976. Acababa de
cumplir los 73 años. Aunque llevaba unas semanas más achacoso que de
costumbre, seguía manteniendo su vida habitual: despachó en la Vicaría hasta
el mismo sábado, día 27. [...] El lunes, día 29, hacia mediodía, D. Gabriel
entregó su espíritu.[...]
[...] A las flores humildes y
frescas que aparecen de ordinario sobre la sepultura de D. Gabriel queremos
unir -al terminar esta semblanza- las que aparecen en los testimonios de
quienes convivieron con él algún tiempo. [...]
Apenela: "los cuartos de él
eran los de todos. De su casa de Villalba desaparecían los regalos según
entraban; incluso los pollos que estaban preparados para la comida de los
curas en la fiesta patronal..."
Bello Trigo: "Me decía cuando
me veía preocupado: "No quieras resolver todos los problemas a un tiempo;
deja que el tiempo resuelva lo que tú no puedes resolver".
Carmiña Enríquez: "Tenía trucos
especiales para atraer a los niños: el truco de la peseta metida en la
manga, la lluvia de caramelos...; montaba a veces una especie de "circo"
infantil. Los niños corrían como palomas en torno a él."
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