Entrevista a Jaime Iglesias ante la ceremonia del rito de su admisión al diaconado y al presbiterado

Se celebrará en Santa María de Caranza (Ferrol) el próximo domingo 1 de marzo

Lo primero que llama la atención en Jaime, uno de los tres seminaristas mayores con que cuenta actualmente nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol, es su cercanía, su gran capacidad de comunicación y su completa “normalidad”; esto último, en el sentido de que uno no sabe a ciencia cierta de qué pasta tiene que estar hecho hoy en día un joven que decide dar un sí a su vocación religiosa, dar un sí a la llamada de Dios y formarse para llegar a ser sacerdote. Son pocos los que, en esta sociedad que nos ha tocado vivir, tienen la capacidad y la valentía de dar esa respuesta positiva, y por eso hay mucha gente que, lamentablemente, cree que estos jóvenes son auténticos “bichos raros”, cuando en realidad son personas muy normales y, desde luego, muy auténticas.

 

R.A.: Ante todo, Jaime, darte la enhorabuena por este nuevo paso que vas a dar en tu camino hacia el sacerdocio.
Jaime: Muchas gracias, de verdad; y gracias a todo el mundo que estos días se está volcando conmigo, con felicitaciones y demás. Me siento muy arropado, no sólo por la propia parroquia sino también por toda la diócesis.

R.A.: El pasado año, concretamente el quince de junio, fuiste instituido lector y acólito (los dos ministerios laicales) en una celebración que tuvo lugar en la capilla mayor del Seminario Santa Catalina de Mondoñedo y que fue presidida por nuestro obispo, Mons. De las Heras. Das, ahora, un paso más este domingo, con una ceremonia que será, desde luego, muy importante para ti, y que también lo es para nuestra Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol, y por eso contará nuevamente con la presencia del padre Luis Ángel. ¿Puedes explicarnos, Jaime, en qué consiste este rito de admisión y cuál es su significado?
Jaime: Pues sí; el rito de admisión es un paso sencillo pero, a la vez, muy importante para todo seminarista, ya que es cuando públicamente nosotros, como seminaristas, le pedimos a la Iglesia que nos acepte como futuros candidatos a las Sagradas Órdenes. Entonces, la Iglesia, a través del obispo, nos acoge y nos invita a seguir formándonos para, en un futuro, ser ordenados primeramente diáconos y, después, presbíteros.

R.A.: Naciste en Cuba, en La Habana, en el año 1988, y allí fuiste bautizado, recibiste la Primera Comunión y el sacramento de la Confirmación. Creo que, además, ayudabas como monaguillo en tu parroquia. ¿Es éste el origen de tu vocación sacerdotal?
Jaime: Muy posiblemente, sí. Como dices, nací en uno de los municipios que componen la ciudad de La Habana, Guanabacoa (que significa tierra de agua), y mi descubrimiento de la fe fue allí, concretamente en la parroquia de la Medalla Milagrosa. Para mí fue muy importante el servir al altar; yo sentía algo especial cuando era monaguillo, en ese servicio al altar, ayudando al sacerdote que celebraba la Eucaristía. Eso me ayudó a ir descubriendo que Dios me pedía algo especial. Fue a raíz de esto como yo fui, poco a poco, caminando en el seguimiento.
 


 

R.A.: ¿Contaste con el apoyo de tus padres, de tu familia, en esa etapa?
Jaime: Ellos se dieron cuenta muy pronto de que a mí me gustaba mucho ir a la parroquia. Era yo el que les pedía permiso para ir y ellos nunca me pusieron impedimento. De hecho, en la parroquia no sólo vivía la fe, sino también mi niñez, ya que con un grupo de chicos que también acudía, formamos un grupo de amigos, acompañados por el párroco, el padre Jorge Serpa, que hoy es obispo emérito de una diócesis cubana, Pinar del Río. Gracias a ese acompañamiento, se fueron formando los cimientos de lo que sería mi vocación sacerdotal.

R.A.: Y, con doce o trece años, aterrizabas en España y llegabas, concretamente, a la parroquia de Santa Cecilia en Ferrol, parroquia que acompañaba D. Manuel Ladra López, fallecido el pasado mes de diciembre y al que todos recordamos con cariño.
Jaime: Sí. A los pocos días de llegar, me acerqué a la parroquia y fui acogido con verdadero cariño por D. Manuel que, desde luego, fue parte importante de mi proceso vocacional, ya que fue él el que me invitó a ir al Seminario Menor en Mondoñedo, a lo que yo contesté positivamente, dando continuidad a esa vocación que había tenido su origen en la parroquia de la Medalla Milagrosa de La Habana.

R.A.: Vendría, a continuación, tu etapa de tres años en el Seminario Menor de Mondoñedo, antes de tu paso a Santiago, donde realizaste el bachillerato. ¿Qué puedes destacar de esta época, Jaime?
Jaime: Desde el punto de vista humano, fue un cambio radical. Yo venía de Cuba y fue llegar a Mondoñedo y encontrarme con que la mayoría de chicos hablaba en gallego; así que fue, digamos, un proceso de inculturación aquí en Galicia, aprender gallego y comunicarme con mis compañeros de manera natural, hacer nuevos amigos… Todo esto me ayudó, también, a ir queriendo más a esta tierra, ya que como seminarista diocesano es muy importante conocer y querer la tierra en la que vives. A eso me ayudó mucho mi etapa en Mondoñedo.

R.A.: Cambiando ya un poco de tema, Jaime, ¿qué mensaje podrías enviar, como seminarista, a esos chavales, a esos jóvenes que pueden estar sintiendo algo vocacional en sus corazones, pero no saben cómo encauzarlo, y se encuentran además en un entorno que tal vez no favorezca en nada esa posible llamada de Dios?
Jaime: Lo primero que les diría es que sean valientes; que sean valientes para decirle sí al Señor. Hay que decirle sí para lo que sea, aunque uno no lo tenga muy claro. Y con ese sí, vas a ir convirtiendo tu corazón para ir viendo lo que el Señor quiere para ti, sea formar una familia, sea seguirlo en el sacerdocio, o sea en la vida misionera. Lo importante es decirle que sí. Y la segunda parte es ir acercándonos de forma más personal a Cristo; si no tenemos una relación personal con Cristo, es imposible descubrir la vocación a la que nos llama. Está muy bien venir a Misa los domingos, tener un grupo de amigos cristianos… pero si no nos acercamos en la intimidad de nuestro corazón a Él, va a ser difícil ver a lo que nos llama.

R.A.: Ya para terminar, Jaime, ¿cuáles son los siguientes pasos en tu formación, tras la ceremonia de este domingo en Caranza?
Jaime: Pues, en mi caso, tras recibir el año pasado el lectorado y el acolitado, y siendo ahora si Dios quiere admitido a las Sagradas Órdenes, el siguiente paso será seguir formándome y terminar las asignaturas que me quedan en la Facultad de Teología y Dios mediante ser ordenado diácono.

R.A.: Muchas gracias, Jaime. De nuevo, enhorabuena por este nuevo paso que vas a dar. Y, desde aquí, invitamos a todos los que se puedan acercar este domingo, 1 de marzo, a este rito de admisión que tendrá lugar con la eucaristía de las doce del mediodía en la parroquia de Santa María de Caranza, presidida por nuestro obispo, el P. Luis Ángel.

Rubén Amor Fernández

Mondoñedo (1970) - Coordinador de Comunicación y portavoz diocesano