Juan José Fernández: «La gente que agotó el paro se está quedando sin nada»

«Cáritas no puede hacer frente sola a esta situación», dice el sacerdote

Pocos gallegos conocen tan de cerca la terrible situación que viven miles de familias como Juan José Fernández, Juanjo (Ferrol, 1972). Delegado episcopal de Cáritas en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, en la de la Galicia del norte (donde la crisis ha golpeado con ferocidad a los trabajadores de los astilleros, a los agricultores, a las gentes del mar, a los inmigrantes, a los ganaderos y, obviamente, a todos cuantos trabajaban en sectores como el de la construcción), sabe muy bien que, más allá de las estadísticas, los dramas superan todo lo imaginable.

 

-¿Los ricos son cada vez más ricos... y los pobres cada vez más pobres?

-Pues sí. Al decir eso simplemente estamos analizando los datos que nos ofrecen los indicadores oficiales. La brecha entre ricos y pobres sigue creciendo sin parar. Eso es una evidencia. El próximo mes de octubre la Fundación Foessa, la fundación de Cáritas que se dedica al análisis sociológico, va a publicar un nuevo informe en el que se va a analizar precisamente cuál es la realidad. Una realidad que no deja lugar a dudas.

 

-Y más allá de la frialdad de las cifras, ¿qué es, realmente, lo que está pasando?

-Esa es una pregunta muy compleja para responder. Y además, no me siento capacitado para contestarla. En lo económico y en lo sociológico se me escapan muchos matices. Yo solo soy un sacerdote. Y lo que me preocupa es saber si realmente estamos viviendo una fase muy difícil de un ciclo económico, o si lo que de verdad está sucediendo es que ya se está creando un nuevo tipo de sociedad en el que va a ser muy difícil volver a la cohesión social que había antes. Eso es lo que me preocupa de verdad. Aquí siempre tuvimos una tasa de pobreza muy alta. El crecimiento del producto interior bruto no conlleva necesariamente la disminución de las tasas de pobreza. Pero al menos teníamos una sociedad que no estaba rota, como lo está ahora.

 

-¿Qué le parece que desde el Gobierno se hayan cuestionado los datos de Cáritas?

-La línea de Cáritas es no entrar en la dialéctica política. Ni con unos, ni con otros. Nosotros damos los datos. Como hemos hecho siempre. La Fundación Foessa lleva 50 años haciendo informes, dando a conocer la realidad. Y cuando al poder no le parecen bien los datos sobre la pobreza, se disgusta. Pero todos esos datos están ahí, y reflejan lo que pasa. Así que sobra cualquier comentario.

 

-De cuanto ve cada día, en contacto con quienes nada o casi nada tienen, ¿qué es lo que más dolor le causa?

-A mí lo que más me duele es ver una sociedad en la que parece que lo que menos cuentan son las personas: madres y padres que se las ven y se las desean para sacar adelante a sus hijos, personas solas que no tienen ni quien les eche una mano cuando necesitan algo, ancianos con problemas de movilidad. Hay realidades de muchos tipos. Hay personas. Y la situación que viven, su desvalimiento, su soledad, atenta contra su dignidad. Y eso duele siempre.

 

-¿Cómo está haciendo frente Cáritas al crecimiento de las peticiones de ayuda que recibe?

-Por desgracia, no tenemos capacidad para solucionar todos los problemas de todas las personas. Cáritas, por sí sola, no puede hacer frente a esta situación. No puede suplir a la Administración. Pero nos hemos multiplicado. Gracias al trabajo de los voluntarios y al aumento de las donaciones de particulares. La gente ayuda a la gente. La pobreza crece, sí, pero también hay cada vez más personas que quieren ayudar a otras personas. Sin ese apoyo -el de las familias, el de los vecinos, el de organizaciones como Cáritas- la situación del país sería infinitamente peor. Con las tasas de paro que hay, eso es evidente.

 

-¿Qué sería posible hacer, pero no se está haciendo ahora?

-Pues por ejemplo habría que pedirle a la Administración que si tiene una renta de integración social, como tiene, la dote presupuestariamente para poder responder en plazo a las situaciones que se producen. No tener a la gente ocho meses esperando. Y hay que pedir, también a la Administración, que ponga el foco de su atención en las personas. Hay situaciones muy difíciles, quiero insistir en ello. Y una sociedad sana tiene que poner en cada persona el centro de su atención. Si no se hace, algo está fallando.

 

-¿Y cómo cree usted que va a evolucionar esta situación?

-A largo plazo no lo sé. Pero a corto plazo las perspectivas no son buenas. La gente que agotó el paro está acabando las prestaciones y sus ahorros, se está quedando sin nada. Lo cierto es que cada vez va a haber más personas sin ingresos.

 

-¿Realmente cree usted que la sociedad va a cambiar de rumbo, que va a aprender algo de todo lo que ha sucedido... o no?

-¿La sociedad en su conjunto...? Pues no lo sé. Pero espero que los poderes públicos sí aprendan algo, aunque de momento no dan la impresión de haberlo aprendido. Tenemos que construir entre todos una sociedad más solidaria. Más fraterna. Es mucho lo que nos jugamos. Si hemos construido una sociedad desigual y fracturada, siguiendo por el mismo camino no podemos salir del pozo.

 

-¿Por qué hemos llegado a esta situación?

-En última instancia, la crisis económica es una crisis de valores. El afán de lucro sin medida nos ha conducido a esto.

 

-¿Queda lugar para la esperanza?

-Sí, queda lugar para la esperanza. Pero es importante que todos nos unamos. Tenemos que entender que todos dependemos de todos, porque todos vamos en el mismo barco.