Víctor Gil: 'No hacen falta muchas cosas para ser feliz'

Víctor Gil Múñoz lleva más de medio siglo en la frontera entre Tailandia y Birmania · Autor: José Pardo

El misionero de La Salle estará en los micrófonos de 'El Espejo' el próximo viernes

Visita durante estos días nuestra diócesis con motivo de la Campaña contra el Hambre en el mundo que abandera Manos Unidas

"Es curioso porque cuando hablas con ellos después te das cuenta de que han entendido lo más importante: que no que hacen falta muchas cosas para ser feliz"

Víctor Gil Múñoz lleva más de medio siglo en la frontera entre Tailandia y Birmania, donde miles de refugiados y trabajadores se quedan atrapados durante años y sus hijos no tienen derecho ni a ir a la escuela. Por eso, en el 2008 este hermano La Salle creó su primera Escuela de Bambú, donde empezaron a estudiar unos 60 niños y ahora llegan al medio millar. Víctor Gil regresó a España durante dos semanas para explicar su proyecto y dar las gracias a Manos Unidas, porque gracias a una ayuda de 44.000 euros pudo comprar un camión con el que llevar a más estudiantes a sus aulas.
 

-Está participando en la campaña de Manos Unidas Plántale Cara al Hambre...

-Con motivo de la jornada nacional, que será el próximo día 14. Lo que pretendo es mostrar a dónde van las recaudaciones de este organismo, en nuestro caso nos concedieron una ayuda el año pasado que sirvió para comprar un camión con el que llevar a los niños a la escuela en una zona complicada para el transporte. Estamos visitando los colegios de Ferrol y el miércoles daré una conferencia en Lugo. Después voy a ver a mi madre, que cumple 101 años.

 

AUDIO: Adelanto de la entrevista que emitiremos en el programa 'El Espejo de la Diócesis' del próximo viernes día 12.

 

-¿Cómo reaccionan los niños al ver su documental?

-Se quedan muy asombrados, pero lo entiendan muy bien y muy rápido. Es curioso porque cuando hablas con ellos después te das cuenta de que han entendido lo más importante: que no que hacen falta muchas cosas para ser feliz.
 

-¿Qué hacen en sus centros?

-La Escuela de Bambú está en el noroeste de Tailandia, en una zona en la que llegan muchas personas de Birmania y ahí se quedan buscando trabajo durante muchos años. Son gentes de diferentes pueblos y sus hijos hablan diferentes dialectos de la zona. Así que como no entienden y no tienen papeles, tampoco tienen derecho a acudir a la escuela pública del estado tailandés. Nosotros creamos este centro para enseñar tailandés a estos pequeños, cuando se puede, cuando logramos traerlos. Por eso en esta área de Tailandia algunos estudiantes llegan con 16 años a la enseñanza Primaria. Tenemos a chicos desde los 4 a los 20 años.
 

-¿Qué objetivos tiene de cara al futuro?

-El más importante sería lograr que Tailandia firme el tratado de la ONU que garantiza el derecho a la escuela de todos los niños, porque nunca lo ha hecho. Hay dos millones de birmanos que están en esta zona buscando trabajo con sus hijos y las autoridades no permiten a las escuelas privadas que se ocupen de esos pequeños. No se les está tratando como personas. Es necesario un protocolo de no discriminación educativa para todo el mundo.
 

-¿Cómo viven eso de sentirse en tierra de nadie los niños?

-Al principio llegan asustados, porque también sufren otras carencias, como la comida, la mayoría comienza el día sin comer nada y tenemos que darles algo para que puedan estudiar. Pero los niños tienen algo bueno, aunque tengan miedo al principio poco a poco te los vas ganando con bromas.
 

-¿Se siente especialmente orgulloso de la evolución de alguno?

-Tenemos una chica, Karen, muy pobre, pero también muy lista. Llegó sin saber escribir y hasta consiguió un premio nacional de redacción, ya nos ayuda con la clases y quiere ser médico.

Campaña de Manos Unidas. Víctor Gil estuvo en los colegios Mercedarias, Discípulas de Jesús y Santiago Apóstol, además de en una misa en San Julián. Mañana dará una conferencia en Afundación de Lugo a las 20 horas.

Por Bea Abelairas
FUENTE: La Voz de Galicia