Luis Ángel de las Heras: 'El trabajo con toxicómanos en Vallecas ha orientado mi vida como sacerdote'

De las Heras, hasta ahora presidente de Confer (Conferencia Española de Religiosos) y superior de la provincia de los Claretianos de Santiago, será ordenado obispo de Mondoñedo-Ferrol el próximo 7 de mayo · Autor: Maya Balanya

Entrevista ABC Galicia

En poco más de un mes, este misionero claretiano de 52 años abandonará su vida en Madrid para pastorear una diócesis «con muchas posibilidades»

"Me la han dibujado como una diócesis con muchas posibilidades de desarrollar bien una misión"

Al teléfono, preguntamos por Luis Ángel de las Heras, obispo electo de Mondoñedo- Ferrol. Al otro lado, antes de pasarnos con él, el interlocutor nos transmite desde Madrid su sensación agridulce tras su nombramiento: «Os lleváis a una magnífica persona».

¿Cómo recibe este encargo?

— Se me encomienda una misión muy importante y he tenido que hacer un discernimiento para aceptarla. No se puede acoger de cualquiera manera. He recibido algo muy sagrado y valioso. Uno tiene las manos frágiles y hay que prepararse para llevarlo con fortaleza y con ayuda de Dios. Si no, no somos capaces de hacer grandes cosas. Lo he recibido con gratitud inmensa. Uno no ha hecho un gran mérito para ello. Me preguntaban: «¿Cómo se ha preparado para ser obispo?». Eso no se prepara.

¿Ha sido del todo inesperado?

— En alguna ocasión la gente te dice de broma «a ver si te van a nombrar obispo» al tener cargos de responsabilidad como provincial de los claretianos o presidente de Confer. Pero nunca le había dado credibilidad. Al menos en estos momentos. Llevaba poco tiempo.

Le llama el nuncio y...

—... humanamente te llegan dudas. Supone un cambio muy grande en mi vida y en las responsabilidades que llevaba hasta ahora. Lo desconocido te crea incertidumbres. No sabes si vas a ser capaz. Al final te pones en manos de Dios y tienes que apostar por lo que significa, porque es una misión preciosa, porque el Papa te lo está pidiendo. En mi caso, cuando estuve en la clausura del Año de la Vida Consagrada en Roma, el Papa dijo algo que en aquel momento me estremeció y que luego he recordado. Nos habló de la «profecía de la obediencia», que significa donar todo el corazón a Dios. No es obediencia como la de los militares, que tiene otras coordenadas. Pensé que en estos momentos tenía que ser consecuente con mi vocación religiosa para ser obediente a la misión que se me confiaba.

Se presenta como obispo misionero. ¿Y esto... qué quiere decir?

— Yo soy misionero claretiano. Eso es lo primero que soy antes que otra cosa. Por lo tanto, cuando se me encomienda una misión, lo primero que va por delante es mi espíritu misionero. Tiene que ir. Pero es que además coincide que el Papa ha pedido que la Iglesia esté en estado permanente de misión. No puedo vivir este envío de otra manera. Al misionero se le pide que deje todo lo que tiene y que vaya a otro lugar a anunciar a Jesucristo. Eso es lo que se me ha pedido a mí: deja la Confer, deja la provincia claretiana de la que eres superior, deja el entorno donde has vivido toda tu vida y vete a otro lugar que solo conoces de visita y anuncia allí el Evangelio. Eso es ser misionero.

¿Qué le han contado de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol?

— En Ferrol tenemos una comunidad claretiana que he visitado varias veces. Mis hermanos siempre me hablan de un lugar precioso para trabajar. Me han hablado de un clero extraordinario, que avanza en edad como pasa en todas partes, pero que al mismo tiempo es gente muy entregada a la que no le importa su edad. Eso es algo muy positivo. Me la han dibujado como una diócesis con muchas posibilidad de desarrollar bien una misión. Con las dificultades propias de cada lugar, algunas geográficas, de acceso, incluso alguna también de anunciar el Evangelio, pero como hay en todas partes.

Y con zonas golpeadas por la crisis.

— Tiene que ser para mí una preocupación, estando al lado de la gente y haciendo míos sus problemas.

En su saludo avanza esa predilección por los pobres. ¿Así quiere ser visto por sus feligreses como obispo?

— Sí. Es una preocupación de todo sacerdote y de la vida consagrada. Y es una preocupación de los obispos. Me parece de lo más natural. Quiero que la gente pueda sentir que su obispo abraza sus problemas e intenta buscar la esperanza con ellos, que no es ajeno. Es muy difícil, pero quiero intentarlo.

Esta opción por los necesitados es consustancial al Evangelio, pero Francisco pone el acento en ella. ¿Es más fácil evangelizar con su mensaje?

— El Papa ha puesto de manifiesto las cosas que están encerradas en el Evangelio. No se ha inventado nada. Nos ha recordado lo que tenemos que hacer, la exigencia del Evangelio, que es motivadora y hermosa. Esa voz del Papa que despierta este modo de estar, de hacer y de ser nos ayuda, evidentemente. Pero la preocupación de la Iglesia por los más necesitados es una constante.

¿Ser nombrado obispo en pleno Jubileo de la Misericordia tiene para usted un significado especial?

— Este nombramiento lo he interpretado como que Dios me ha mirado con misericordia. El día antes de hacerse público tuve una charla en la iglesia de San Antón de Madrid, la del padre Ángel, donde varios sintecho me escuchaban hablar de la misericordia. Me preguntaron cómo la podían vivir en el día a día. Les dije: «Te pase lo que te pase en la vida, piensa que en cualquier circunstancia, hasta en la más adversa, Dios te ha mirado con misericordia». Que haya sido en este año tengo que agradecerlo. Esa mirada de misericordia tiene que darme también una impronta. Tenemos que profundizar más en ella para conocer su alcance.

De toda su labor pastoral, recuerda especialmente sus años en las parroquias de Puente de Vallecas. ¿Por qué?

— Recién ordenado me enviaron allí. Vallecas, aunque hoy es distinto, es un barrio que a lo largo de su historia reúne a gente con problemas. Cuando llegué, quise ver qué debía hacer para responder a sus necesidades. Era finales de los 80 y la mayor problemática era la droga. Con mucha escasez y pericia comenzamos un proyecto muy ambicioso de apoyo a drogodependientes que querían rehacer sus vidas. Fue una escuela de vida para mí. Fueron seis años intensos. Es una experiencia que me marcó y ha orientado mi vida como claretiano y sacerdote. Por eso lo recuerdo con cariño. Vallecas para mí está en el corazón. Siempre lo estará.

También se presenta con la mano tendida al diálogo. En su diócesis, ha habido desencuentros entre el Ayuntamiento y las cofradías de Ferrol.

— Esa cuestión solo la he oído en los medios. Estoy dispuesto a dialogar con todos desde el respeto, que es lo más importante. Pero también desde la clara identidad de cada uno. Quiero que la persona que tengo enfrente me diga cuáles son sus principios y qué pretende. Si no, es muy difícil. Eso lo aprendí viviendo con los toxicómanos, que para mí son gente extraordinaria a la que he querido mucho. Siempre procuraban esconderse alguna carta en la manga. Si lo hacían, no les podía ayudar. No me quiero esconder ninguna, pero tampoco que nadie lo haga. Hay que hablar con transparencia y claridad. Si no, no podemos llegar a nada. Con respeto podemos entendernos. Está claro lo que pretenden las cofradías con lo que hacen. No tienen un doble mensaje.

¿Ha elegido ya su lema episcopal?

— Sí: «Apaciéntame, Señor. Apacienta tú conmigo». Es de una oración de san Juan Damasceno. Significa que me tengo que dejar apacentar por el Buen Pastor y que él es quien tiene que dejarse apacentar conmigo. El pastor es el Señor; yo solo no puedo hacerlo.

Por Abraham Coco, ABG Galicia, 26 de marzo de 2016