Mi historia tras 25 años como catequista

María Jesús con David Leída, técnico de COPE, su 'alumno' de Catequesis hace 12 años · Autor: Pilar Lourido

Mañana viernes, estará con Pilar Lourido en los micrófonos de 'El Espejo de la Diócesis'-COPE

Carta abierta de María Jesús Terradillos, catequista en la parroquia de Santiago Apóstol-Narón

"Todos los años empiezo con muchísima ilusión cada curso, deseosa de encontrarme con niños nuevos, de ver a niños de cursos anteriores, de hablar con padres, y ver las dificultades que pueda haber para superarlas y hacerme crecer"

Hola, soy Mª Jesús Terradillos, catequista de Santiago Apóstol de Narón.

Mi historia comienza hace 25 años, cuando en catequesis de confirmación nos “obligan” a coger un compromiso en la parroquia y a mí, que siempre me ha gustado estar con niños, me pareció la mejor opción. Y ahí continuo después de ese tiempo.

Algo fundamental que tenemos que tener los catequistas es formación. Deberíamos dedicar parte nuestras reuniones para formarnos. Muchas veces los sacerdotes de las parroquias dan por supuesto que tenemos el suficiente conocimiento para transmitirles a los niños o jóvenes los temarios y no es cierto. Nos hace falta formación, formación y formación. Y si los párrocos no tienen tiempo siempre pueden delegar en algún catequista o persona de otros grupos, pero me parece fundamental.

Me encanta ser catequista y mi vida gira en torno a ello. Deseo que lleguen los fines de semana para estar en la iglesia y poder hablar a los niños de nuestro amigo Jesús. Y transmitirles unos valores que en la sociedad de hoy se están perdiendo totalmente. Es la labor del catequista evangelizar y no sólo en la iglesia, ya que cuando se incorpora alguien nuevo a la parroquia yo siempre les digo que no somos catequistas el tiempo que estamos en la iglesia, sino que a partir de ese momento somos catequistas las 24 horas y que en cualquier momento un niño o un padre nos puede ver por la calle y tenemos que ser ejemplo para ellos como verdaderos cristianos.

Y otra cosa que les advierto es que los catequistas tenemos la suerte de que todos los años nos suben el sueldo, el doble del IRPF y al terminar cada curso paga extraordinaria, por lo bien que lo hemos hecho (siempre de broma, pues nuestra labor es totalmente desinteresada). Y muchas veces es tal el desconocimiento de la gente que se cree que realmente cobramos por lo que hacemos. Pero es una labor muy gratificante. Me encanta cuando un niño me sonríe por la calle, cuando salen por la puerta de la librería y les dicen a sus padres… '¡¡es María la catequista!!'; o cuando después de varios años se me acerca un joven y me dice: '¡Tú eres de la iglesia!'. Esto no hay nadie que lo pague.

Comentando el otro día con una madre que ya llevaba 25 años en esto, me preguntó: ¿Y no estás cansada?. Pues nunca lo había pensado… pero sin dudar dije que no. Todos los años empiezo con muchísima ilusión cada curso, deseosa de encontrarme con niños nuevos, de ver a niños de cursos anteriores, de hablar con padres, y ver las dificultades que pueda haber para superarlas y hacerme crecer.

La catequesis no es sólo transmitir unos conocimientos, sino compartir vida. Los niños te cuentan sus problemas, sus dudas, sus alegrías, sus logros.

Como anécdota puedo contar que hace un par de años le escribí una carta al papa Francisco y desde la nunciatura me respondieron… Que he visto crecer a un montón de niños y que algunos forman parte de mi familia y yo de la de ellos… Que hay descubierto que hay padres majísimos que les puedes pedir lo que quieras que nunca fallan… Que han pasado por la parroquia un montón de catequistas fantásticos con los que he trabajado muy a gusto… Que tengo una familia que me apoya y me echa una mano en las actividades que preparo para la parroquia y ahora para la unidad.

Dar la gracias a Evaristo que es con quien empecé este camino, que ha confiado en mi todos estos años.

A Pepe y Javier, que continúan conmigo en el día a día.

Y sobre todo a Cándido, que me brinda todo su apoyo y confianza para poder continuar con esta bonita tarea.

A los catequistas de comunión de Santiago Apóstol que me han “aguantado” todos estos años y con los que he compartido vida.

A todos los padres que a lo largo de todo este tiempo nos han confiado la tarea de educar a sus hijos en la fe.

Y sobre todo gracias a Dios porque me ayuda a superar todas las dificultades con las que me voy encontrando en la catequesis, en la parroquia y en el día a día y me da fuerzas para avanzar.