Alocución del Nuncio Apostólico de S.S. Santidad en España

Excmo. y Rvdmo. Mons. Renzo Fratini

"Como hijo de San Antonio María Claret, confíe al Corazón Inmaculado de María su labor pastoral, la cual es eminentemente misionera"

Eminentísimos Señores Cardenales,

Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,

Queridos sacerdotes concelebrantes,

Excelentísimas Autoridades,

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Me alegro vivamente compartir estos momentos en que Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal inaugura su ministerio episcopal, tomando posesión de esta antigua e histórica Sede de Mondoñedo-Ferrol. Un saludo muy afectuoso a cuantos le acompañáis.

En primer lugar, deseo hacer llegar expresiones de gratitud, en nombre del Santo Padre Francisco, a S.E. Mons. Manuel Sánchez Monje, que rigió diez años a esta Iglesia particular, dejando el recuerdo de su sincera y sentida cercanía. Muchas gracias, también, por su entregada y generosa tarea en el cuidado de esta Diócesis, a Don Antonio Rodríguez Basanta, hasta ahora, y durante significativo tiempo, Administrador Diocesano. Un saludo muy deferente también al obispo Emérito, Mons. José Gea Escolano, que nos acompaña.

Querido Mons. Luis Ángel de las Heras, muchas felicidades en este señalado día de su ordenación episcopal. Mediante el ejercicio fiel de este ministerio, el Obispo se configura con Cristo que, al lado de cada hombre, le dirige hacia la plenitud del amor de Dios, orientándolo con la luz íntegra de su doctrina, alimentándolo con el don de sí en la Eucaristía, y en los demás sacramentos. Su precioso lema forma parte de una fervorosa oración de San Juan Damasceno, en la que imploraba: “Apaciéntame, Señor, y apacienta tú conmigo” y sigue “para que mi corazón no se desvíe a derecha ni izquierda, sino que tu Espíritu bueno me conduzca por el camino recto y mis obras se realicen según tu voluntad hasta el último momento”. Para mantener esa actitud, verdaderamente pastoral, cuente con el apoyo de nuestra oración. La de éste Presbiterio, colaboradores necesarios del orden episcopal, la de todos los fieles de esta porción del pueblo de Dios que sentirán su proximidad, y, muy especialmente, de los consagrados; los religiosos y religiosas que hoy tanto se alegran por su elevación al episcopado.

Como hijo de San Antonio María Claret, confíe al Corazón Inmaculado de María su labor pastoral, la cual es eminentemente misionera. A Ella, “ejemplo de aquel amor de madre que debe animar a todos los que colaboran en la misión apostólica de la Iglesia para engendrar a los hombres a una vida nueva” (LG 65), le pedimos que con sus entrañas de misericordia le ayude y le conforte siempre en su misión.

Que el Señor les bendiga a todos.