“La vida Consagrada, encuentro con el Amor de Dios”

· Autor: CEE

Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2018 (2 febrero)

El obispo diocesano presidirá sendas eucaristía en Mondoñedo y Ferrol

Tres testimonios de vida: Silvia, sor Matilde y Ana Cristina

El 2 de febrero, fiesta litúrgica de la Presentación del Señor, se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. “La vida Consagrada, encuentro con el Amor de Dios” es el  lema de esta Jornada que se presenta como una “nueva ocasión de entrar en lo íntimo de uno mismo, para ver qué es lo esencial, lo más importante para nosotros, y qué nos está distrayendo del amor y por tanto nos impide ser felices. El amor de Dios es fiel siempre, no desilusiona, no defrauda”, recuerda la Comisión para la Vida Consagrada en su mensaje.
 

1. Testimonio de vida religiosa: 'A su modo'

Hablar de mi vida consagrada es hablar de Dios en mí, de su trabajo en mi persona y a través de ella. Es bucear en un mar de dones y de pobrezas, sentir que mi vida no tiene sentido pleno si no es a su modo, con Él y para Él. Y afirmar esto con rotundidad es también compartir el “para” de mi vida. Desde joven el Señor me lo ha ido descubriendo y cada año adquiere una tonalidad diferente, lo va matizando, aunque la esencia es la misma: anunciar el reino de Dios y denunciar las injusticias como Él, con la vida y con misericordia. La imagen que lo simboliza es la de un altavoz que sabe de mis incoherencias, del mal en el que me sumerjo tantas veces, pero que conoce también los dones que el Señor me ha regalado. Así, le entrego mi persona, mi libertad, mi voluntad para que Él haga lo que desee, todas mis energías para «el bien de los prójimos». En este momento, soy enviada al mundo de la comunicación para intentar sacar lo mejor de cada persona con la que me relaciono. Pero en otros momentos estaré allí donde se necesite. El caso es “ir”, no quedarse. Siento fuerte la llamada a caminar con otros, a compartir mi vocación con otras personas, a crecer juntos, a tener proyectos comunes que multipliquen el Reino. Hoy el anuncio y la denuncia se puede hacer con la palabra, pero, sobre todo, con la vida.

SILVIA ROZAS BARRERO
Congregación Hijas de Jesús

 

2. TESTIMONIO DE VIDA CONTEMPLATIVA: 'Vivir confados en el amor'

El Señor me ha llamado a vivir con Él en la vida contemplativa claustral. «Señor, estoy aquí porque me has llamado». «No estamos aquí porque sea muy bonito el carisma, sino porque el Señor nos ha llamado» (M. M.ª Alegría), es el lugar donde el Señor me ha traído, donde vivo mi relación esponsal con Él. Es encuentro e historia que hacemos cada día.

El lema para este año es: «El encuentro con el amor de Dios»; y precisamente eso es para mí esta forma de vida contemplativa claustral, vivir continuamente ese encuentro con el amor de Dios en su expresión máxima, Jesucristo en la cruz, el máximo abandono, la máxima confianza, la total donación de su amor, el misterio de amor más grande. Cuando pienso en nuestra Madre santa Clara se me hace presente la lectura de Jeremías: «bendito quien confía en el Señor». Y así vivo yo con esta confianza en el Señor y la alegría de que Él siempre está, y me habla a través de su Palabra: en la liturgia, en la eucaristía, la adoración y en todos los acontecimientos de la vida. En cada instante descubro su amor, vivo segura y tranquila porque sé que no me falta nada, ya que Dios me lo da todo. Dios me desborda, viviendo para Él es la mayor felicidad, por Él, con Él y en Él; y Él por mí, conmigo y en mí; ¿qué más necesito? Cómo quisiera gritar a los cuatro vientos que Dios es, Dios está y Dios nos ama. Qué ventaja y qué gracia tenemos los que hemos conocido a Dios y hemos vivido tanto juntos, y hemos aprendido a mirarnos y a sonreírnos, una mirada que dice tanto, como leí en una ocasión «el mirar de Dios es amar», ¡y cuánto nos miramos! Y en nuestra mirada entra el latido del mundo, de cada persona, de cada preocupación, de cada dolor, así como san Juan se recuesta sobre el pecho de Jesús en la Última cena y puede sentir sus latidos y lo que siente Jesús, así me recuesto sobre Él y Él sobre mí, y sentimos lo que el otro siente por cada ser humano, y apoyando a su vez nuestra cabeza sobre su pecho (el de cada ser humano) elevamos nuestra oración constante al Padre, en el Espíritu Santo, para que podáis sentir en todo momento: «no te preocupes que yo he rezado por ti, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

SOR MATILDE DE LUIS O.S.C.
Monasterio de la Purísima Concepción
Franciscas Descalzas
Salamanca

 

3. TESTIMONiO DE INSTITUTOS SECULARES: 'Mi vocación, una provocación a un mayor amor y servicio a la Santísima Trinidad y a la humanidad'

El reconocimiento de los institutos seculares fue un acto revolucionario para la Iglesia. En el año 2017 hemos celebrado el 70 aniversario de la constitución apostólica Provida Mater Ecclesia, en la que Pío XII aprobaba esta nueva forma de vida y consagración dentro de la Iglesia. Aun hoy en día sigue siendo en gran parte desconocida. Pero eso no impide que sea una vocación novedosa y apasionante, pues a esto estamos llamados los miembros de institutos seculares: a vivir en medio del mundo con pasión por Dios y pasión por los hombres. Es una vocación de síntesis entre secularidad y consagración, que nos hace vivir en constante tensión, atentos a los signos de los tiempos, para vivir completamente entregados a Dios en las realidades temporales de una vida ordinaria.

Esta es la atención constante: estar en el mundo sin ser del mundo, para ser sal y levadura que, sin ser vista, va obrando para la edificación del Reino. Pero esta tensión, siempre en una fidelidad creativa a esta vocación. Ahora, mi vida está inserta en este momento concreto, en esta vocación dentro de un mundo en constante cambio, pero en un esfuerzo constante por vivir y recrear la entrega total a Dios en el trabajo ordinario, en la vida social y apostólica. Una labor difícil, pero muy hermosa a la vez. Siempre un reto, por tener puesta la mirada en lo eterno y a la vez plenamente consciente de la realidad humana que me rodea, con tanto bueno para aprovechar junto a tantas heridas de hombres y mujeres, que muchas veces, sin saberlo, están sedientos de Dios.

Cuando me comencé a plantear una vida entregada a Dios, me daba cuenta de que, a la vez, Dios mismo me pedía poder seguir trabajando en una vida de testimonio comprometido en la vida ordinaria. Sentía que así era la llamada. Y fue a través de otros jóvenes en un movimiento de apostolado seglar en el que conocí esta realidad de la secularidad consagrada, y que poco a poco fue encendiendo ese fuego en mi corazón: poder ser plenamente consagrada y plenamente seglar, aunar ambas realidades en una misma vocación. Ahora, siendo miembro de un instituto secular, con todos los retos que se plantean en la vida diaria para continuar siendo fiel, en respuesta e imitación al misterio de la Encarnación, doy gracias a Dios por esos mismos retos que no dejan de ser una provocación constante a un mayor amor y servicio a la Santísima Trinidad y a la humanidad.

Desde mi ocupación profesional en el mundo del diseño, redes sociales, desarrollo web, que en otras tantas ocasiones también se convierte en apostolado; desde ese nuevo areópago que es internet puedo trabajar y dar a conocer en numerosas ocasiones la verdad del Evangelio, o incluso en otros momentos, con la estética y la búsqueda de la belleza, poder aportar esperanza y elevar la mirada de la humanidad a la búsqueda de algo superior, que siempre será Jesucristo; y desde dentro de ese mismo mundo, a la misma velocidad de los avances que día a día configuran nuestra sociedad, siempre en constante cambio, con fidelidad creativa a este carisma de la secularidad consagrada.

ANA CRISTINA OCAÑA ARGUDO
Instituto Secular Servi Trinitatis