Retos para nuestra diócesis a la luz del Congreso de Laicos 2020

Representación diocesana en el Congreso de Laicos 2020 · Autor: Diócesis

Reflexión y análisis de la delegada de Laicos de Mondoñedo-Ferrol

"Es imprescindible seguir potenciando el papel de laicado en la Iglesia que peregrina en España. En nuestra diócesis y nuestras UPA, no podemos desperdiciar el impulso que puede darnos este encuentro"

Ha pasado una semana desde que desde el Congreso de Laicos 2020 en Madrid y todavía resuenan en nuestro interior vivencias, ideas, experiencias, proyectos… qué queremos hacer llegar a todos nuestros diocesanos.

Aunque es cierto que nuestra Iglesia de Mondoñedo Ferrol no ha realizado el recorrido del pre Congreso, por estar insertos en otras necesidades; la verdad es que parte del trabajo lo teníamos hecho gracias al Congreso de Laicos del año 2012. Muchas de las inquietudes, necesidades y propuestas que surgieron entonces, se han puesto de manifiesto en otras diócesis y así se han expresado en Madrid. Es un buen momento para incluir en nuestro recorrido, en ese camino que nuestra Diócesis está haciendo de unos años para acá, esas nuevas puntualizaciones o aspectos que quizá no tuvimos en cuenta aquel año.


Puede parecernos que desde aquel octubre de 2012 no hemos avanzado y, realmente, no progresamos a la velocidad que a algunos nos gustaría. Os propongo que imaginéis que nuestra diócesis es como una lanza, con el objetivo puesto en el Reino de Dios: algunos van en la punta de la pica, muchos se encuentran en el medio y unos cuantos se sitúan atrás; pero todos juntos estamos avanzando hacia su Amor.

Hay dos palabras que han resonado en el Congreso y que nos pueden parecer nuevas, pero en su concepto no son ajenas a nuestra realidad diocesana. Una es sinodalidad: caminar juntos guiados por el Espíritu Santo para aprender y discernir el horizonte siempre nuevo que nos quiere regalar.  La otra es discernimiento: ponernos en disposición para escuchar al Señor, a los demás, a la realidad misma que nos desafía de maneras nuevas, para descubrir nuestra misión y el proyecto único e irrepetible que Dios tiene para cada uno de nosotros y para nuestras comunidades. Ciertamente llevamos unos años caminando juntos en los que sí se ha apostado por que los laicos participemos activamente en muchos rincones de nuestra diócesis y también es innegable que estamos en un camino de discernimiento para descubrir cómo quiere Dios que sea nuestra diócesis, nuestras UPAS y comunidades.

El viernes comenzamos el congreso, cayendo en la cuenta del momento que vive el laicado en España (aportaciones de todas las diócesis, recogidas en el Instrumentos Laboris). Entre las luces observamos que los laicos cada vez somos más consciente de nuestra identidad eclesial y de la vocación y la misión a la que estamos llamados. Se valora positivamente que, como Iglesia reconozcamos los pecados de algunos de sus miembros en lugar de ocultarlos. También aumenta la conciencia de que el servicio a los más pobres y vulnerables es una dimensión esencial de la misión. Reconocemos que estamos en un contexto cultural muy plural en el que la fe se propone pero no se impone. Hay grandes retos sociales que la Iglesia también está incorporando en sus prioridades como es el cuidado del planeta y el lugar de la mujer en la Iglesia, así como la presencia activa de los jóvenes. Pero también hay sombras, dificultades y límites que no podemos perder de vista: como es el peso todavía relevante del clericalismo; la pérdida de la centralidad de la Eucaristía; que nuestras comunidades en ocasiones son cerradas y poco acogedoras; que las familias y los individuos a veces viven su cristianismo a solas, lo que dificulta su misión de transmitir la fe; las resistencias que se perciben dentro de la propia Iglesia al cambio y el miedo a los nuevos retos.

Por todo ello es necesaria la conversión personal: donde la oración personal y comunitaria ante el Señor, la celebración de los sacramentos especialmente la Eucaristía y el ejercicio de la caridad son indispensables para vivir una espiritualidad laical plena. Al mismo tiempo es necesario fortalecer el sentido de comunidad y de pertenencia e identidad eclesial. De este modo, podremos afirmar que los laicos somos una parte fundamental del pueblo de Dios, discípulos misioneros con la mirada puesta en Jesús y conscientes de nuestra propia vocación, con una vida entregada a los demás.

Esta conversión personal no tendría sentido si no va unida a una conversión comunitaria, pastoral y misionera. Por eso, el trabajo hasta ahora realizado en el pre congreso, en toda España, ha estado caracterizado por la escucha, el discernimiento, la corresponsabilidad y la participación de obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y seglares. Todos estamos invitados a tener un papel activo en la iglesia y en el mundo cada uno desde su vocación.

En esta misión compartida podemos referirnos al protagonismo de los laicos, pero entendida desde la responsabilidad que su vocación conlleva. Si cada uno es responsable en su vocación, estaremos hablando de corresponsabilidad. Es decir un protagonismo laical en la Iglesia en clave de misión y no de poder.

Los cuatro itinerarios que se trabajaron se relacionan entre sí y representan el camino natural de nuestro proceso de fe. Al mismo tiempo expresan la misión y la tarea que tenemos como cristianos. Son cuatro recorridos que marcarán el camino en los próximos años: primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos y la presencia en la vida pública.

Cada itinerario se divide en diez líneas de acción y la dinámica del congreso nos hizo plantearnos tres preguntas para cada punto: ¿Qué actitudes hay que cambiar? ¿Qué procesos hemos que activar? ¿Qué proyectos podemos proponer? ¿Qué actitudes cambiar? La conversión tiene su fuente en Dios, gracias al impulso del Espíritu Santo y mediante el encuentro con Jesús el Señor. Teniendo en cuenta esta premisa, si queremos ser Pueblo de Dios en salida es necesario combatir nuestro individualismo, abandonar el derrotismo, el pesimismo y la tentación del clericalismo. Debemos comprender que el Señor ha querido confiar en nosotros y que contamos con su Gracia. Es necesario reconocer el papel de la mujer en la Iglesia, el protagonismo de los jóvenes en nuestras comunidades y la inclusión de personas con diversidad funcional. Es fundamental pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral de misión. Ello exige abrir nuestros corazones y nuestras comunidades, ponernos en disposición de escucha, cuidar el lenguaje, reforzar nuestra capacidad para la empatía, acoger… gracias a todo esto será posible el diálogo.


Para activar los procesos y los proyectos concretos necesitamos del discernimiento como actitud y metodología, de la creatividad desde la escucha al Espíritu, sin olvidar el valor de la parroquia. Para el primer anuncio es esencial poner en marcha procesos de iniciación cristiana que favorezcan el encuentro personal con Cristo y buscar formas para llegar a los que se han alejado de la fe. Se hace una invitación expresa a conocer las iniciativas de primer anuncio que ya se están desarrollando en otros lugares. También se ha visto preciso la creación de escuelas de evangelizadores y de primer anuncio.

Respecto al acompañamiento se ve necesario procesos de acompañamiento centrados en las personas y en los grupos, sin descuidar a los que sufren, los vulnerables, los matrimonios, las familias… para lo cual, es apremiante crear proyectos de promoción de grupos de acompañantes, grupos de acogida, escuelas y plan de formación de acompañamiento.

En relación a los procesos formativos y a modo de resumen, se deben activar procesos continuados de formación en la fe, desde la infancia hasta la edad adulta, incluyendo los sacramentos como ejes vertebradores.

A cerca de la presencia en la vida pública hemos de impulsar procesos de diálogo con la sociedad civil y cuidar especialmente que nuestro compromiso en la vida pública no quede excluido del acompañamiento por parte de nuestra comunidad o parroquia de referencia.

Definitivamente es imprescindible seguir potenciando el papel de laicado en la Iglesia que peregrina en España. En nuestra diócesis y nuestras UPA, no podemos desperdiciar el impulso que puede darnos este encuentro en Madrid. Si antes no participamos plenamente, ahora, debemos sentirnos, todos los laicos, invitados a tomar las riendas, según la responsabilidad que nos compete. Tenemos el apoyo de nuestro Obispo Don Luis Ángel, de muchos sacerdotes y religiosos y religiosas que son conscientes de que este recorrido lo tenemos que hacer juntos. Hay que seguir caminando como pueblo de Dios en salida guiados por el Espíritu, sabiendo que, como dijo Ana Medina al término de la ponencia final del Congreso, estamos forjando un nuevo camino para la eternidad (Algunas partes del texto están tomadas de la ponencia inicial y final del Congreso de Laicos en Madrid, febrero 2020).

Mar Sarmentero
Delegada de laicos. Diócesis Mondoñedo Ferrol

Servicio Diocesano de Comunicación

@mondonedoferrol