Ungidos en nuestra fragilidad

Celebrada, en privado, en la Concatedral de San Xiao de Ferrol

Homilía (con audio) del obispo Luis Ángel en la Misa Crismal (Martes Santo)

"Que sepamos presentar sinceramente al Señor el sufrimiento de los más débiles, así como su confianza y su alegría, aun cuando se ven amenazadas por temores y tristezas"


Las lecturas que hemos escuchado han evocado la esperanza que ponemos en Dios, quien está presente en nuestra fragilidad, la asume, nos acompaña y nos cuida en ella. El Mesías que el profeta Isaías anuncia trae esta esperanza para los pobres, los que reciben reiteradamente malas noticias.

Isaías profetiza que el Siervo del Señor inaugurará un pueblo sacerdotal de hombres y mujeres ungidos para evangelizar. Quienes acojan y hagan suya la buena noticia serán propagadores de la alegría del Evangelio para anunciarla a quienes no la conozcan. Los corazones curados y liberados de toda esclavitud serán constructores de un mundo nuevo. Los ungidos en su fragilidad con óleo de sanación y liberación serán evangelizadores del reino de Dios.

Jesús hace suya la profecía del Antiguo Testamento. No solo la hace suya, sino que encarna en sí mismo la esperanza de un pueblo que vive en tinieblas. Cristo es el nombre de la esperanza en medio de esta vulnerabilidad que oprime nuestro espíritu por la calamidad que se extiende, sume en la impotencia a tanta gente y toca de muerte a muchos. Hoy se cumple la Escritura para que este año, que viene tan marcado por la desgracia, se torne en un año de gracia de nuestro Dios para todos, especialmente para los más frágiles.

En esta celebración, unidos a todos los sacerdotes de Mondoñedo-Ferrol que están en sus casas, ponemos en las manos sacerdotales del Señor Jesús esta pandemia que deja al descubierto nuestra fragilidad, la de la humanidad entera, la de la Iglesia, la de la diócesis, la de cada parroquia, la de cada diocesano. La enfermedad y el luto, que provocan hoy llanto de esta peculiar manera, han estado presentes en toda la historia. En este momento, nos vemos impulsados a presentárselos al Señor como deberíamos hacer siempre. Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, ofrece este sacrificio que es el suyo —ofrenda agradable al Padre— y nos lo devuelve como alimento para nuestra esperanza herida y como fortaleza para nuestra caridad desafiada por tanta necesidad apremiante.

La consagración del santo crisma y la bendición del óleo de los enfermos y de los catecúmenos serán consagración y bendición de óleos de testimonio, de consuelo y de júbilo. Jesucristo, testigo fiel, mediador entre Dios y los hombres, nos invita a los sacerdotes a prolongar, por la unción y una entrega de amor y sacrificio, la mediación que este momento histórico exige. Que todos los sacerdotes de Mondoñedo-Ferrol seamos cauces humildes de comunicación entre los discípulos misioneros de Jesús y el Dios que todo lo puede. Que sepamos presentar sinceramente al Señor el sufrimiento de los más débiles, así como su confianza y su alegría, aun cuando se ven amenazadas por temores y tristezas nacidos de ese fondo de dolor que no desaparece del ánimo humano. Que sepamos ser testigos gozosos de la bendición y la palabra misericordiosa del Padre, que en el Hijo nos ha revelado la salvación que necesitamos. Que seamos, sin fisuras, con todos nuestros hermanos y hermanas, pueblo sacerdotal ungido en su fragilidad para realizar la misión irrenunciable de curar los corazones desgarrados y cambiar el espíritu abatido por un vestido de fiesta y alabanza.

Pedimos a la Virgen, madre de Jesús, madre de los sacerdotes, madre de todo el pueblo sacerdotal, que continúe intercediendo por nosotros en medio del sufrimiento, ella que es Señora de Dolores, y que nos guarde en su Corazón Inmaculado y traspasado.

Santa María, Consuelo de los afligidos, Salud de los enfermos, Bendita Estrella de Esperanza, ruega por nosotros al que es, era y ha de venir, el Alfa y la Omega, el Señor Dios todopoderoso. Amén.

 

GALEGO

As lecturas que escoitamos evocaron a esperanza que poñemos en Deus, quen está presente na nosa fraxilidade, asúmea, acompáñanos e cóidanos nela. O Mesías que o profeta Isaías anuncia trae esta esperanza para os pobres, os que reciben reiteradamente malas noticias.

Isaías profetiza que o Servo do Señor inaugurará un pobo sacerdotal de homes e mulleres unxidos para evanxelizar. Quenes acollan e fagan súa a boa noticia serán propagadores da alegría do Evanxeo para anunciala a quenes non a coñezan. Os corazóns curados e liberados de toda escravitude serán construtores dun mundo novo. Os unxidos na súa fraxilidade con óleo de sanación e liberación serán evanxelizadores do reino de Deus.

Xesús fai súa a profecía do Antigo Testamento. Non só a fai súa, senón que encarna en si mesmo a esperanza dun pobo que vive en tebras. Cristo é o nome da esperanza no medio desta vulnerabilidade que oprime o noso espírito pola calamidade que se estende, some na impotencia a tanta xente e toca de morte a moitos. Hoxe cúmprese a Escritura para que este ano, que vén tan marcado pola desgraza, tórnese nun ano de graza do noso Deus para todos, especialmente para os máis fráxiles.

Nesta celebración, unidos a todos os sacerdotes de Mondoñedo-Ferrol que están nas súas casas, poñemos nas mans sacerdotais do Señor Xesús esta pandemia que deixa ao descuberto a nosa fraxilidade, a da humanidade enteira, a da Igrexa, a da diocese, a de cada parroquia, a de cada diocesano. A enfermidade e o loito, que provocan hoxe pranto desta peculiar maneira, estiveron presentes en toda a historia. Neste momento, vémonos impulsados a presentarllos ao Señor como deberiamos facer sempre. Xesucristo, Sumo e Eterno Sacerdote, ofrece este sacrificio que é o seu —ofrenda agradable ao Pai— e devólvenolo como alimento para a nosa esperanza ferida e como fortaleza para a nosa caridade desafiada por tanta necesidade apremiante.

A consagración do santo crisma e a bendición do óleo dos enfermos e dos catecúmenos serán consagración e bendición de óleos de testemuño, de consolo e de xúbilo. Xesucristo, testemuña fiel, mediador entre Deus e os homes, convídanos os sacerdotes a prolongar, pola unción e unha entrega de amor e sacrificio, a mediación que este momento histórico esixe. Que todos os sacerdotes de Mondoñedo-Ferrol sexamos leitos humildes de comunicación entre os discípulos misioneiros de Xesús e o Deus que todo o pode. Que saibamos presentar  sinceramente ao Señor o sufrimento dos máis débiles, así como a súa confianza e a súa alegría, aínda cando ven ameazadas por temores e tristezas nacidos dese fondo de dor que non desaparece do ánimo humano. Que saibamos ser testemuñas gozosas da bendición e a palabra misericordiosa do Pai, que no Fillo revelounos a salvación que necesitamos. Que sexamos, sen fisuras, con todos os nosos irmáns e irmás, pobo sacerdotal unxido na súa fraxilidade para realizar a misión irrenunciable de curar os corazóns desgarrados e cambiar o espírito abatido por un vestido de festa e encomio.

Pedimos á Virxe, nai de Xesús, nai dos sacerdotes, nai de todo o pobo sacerdotal, que continúe  intercediendo por nós no medio do sufrimento, ela que é Señora de Dores, e que nos garde no seu Corazón Inmaculado e traspasado.

Santa María, Consolo dos aflixidos, Saúde dos enfermos, Bendita Estrela de Esperanza, roga por nós ao que é, era e ha de vir, o Alfa e a Omega, o Señor Deus todopoderoso. Amén.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel