Diario de un obispo en tiempos de coronavirus: capítulo 4

· Autor: Diócesis

Del 27 de marzo al 4 de abril

Mons. Luis Ángel escribe para el portal Religión Digital

"Recordé a varias personas que aprecio y están ahora en prisión. Escribo a alguna, con menos frecuencia de la que debería, y lo hago a mano con la intención de mostrarme cercano"

El 27 de marzo de 2020, viernes de la cuarta semana de Cuaresma, será recordado por esa impresionante y sentida oración, adoración y bendición Urbi et Orbi en una tarde, una plaza y una basílica de san Pedro llorosas y esperanzadas. Muchas personas han manifestado su emoción y unión al Papa. Él estuvo solo y mundialmente acompañado. Así es como nos debemos sentir para superar esta tempestad universal, como deberíamos tratar cada tormenta impetuosa porque, como nos recordó el papa Francisco, nos descubrimos en la misma barca, aunque todavía debemos esforzarnos por llegar a esa visión todos. Habrá que tenerlo presente y recordarlo.

Los hospitales de campaña se están instalando en muchos lugares. Los profesionales de la salud no saben si tendrán equipos sanitarios suficientes, pero los equipos humanos están superando toda expectativa, como los otros que prestan servicios a los ciudadanos. El aplauso de las ocho de la tarde se queda corto. Eso sí, cuenta con el refuerzo del toque de campanas a las doce del mediodía y el rezo del ángelus. Oración de acción de gracias y súplica confiada por todos ellos.

El sábado 28 me compartieron cansancio y angustia de confinamiento varias personas. El cambio de ritmo hay que asimilarlo, sostenerlo y sacarle partido. Cuánta prisa que no supimos desacelerar. Cuántas actividades sin reparar en su conveniencia u oportunidad. Cuántos encuentros con otras personas y abrazos y besos que no colmaban el vacío de los corazones. Cuánto se detuvo de repente para darnos la ocasión de revisarlo y valorarlo, de modo que logremos hacerlo mejor cuando podamos retomar una vida sin reclusión involuntaria temporal.

El domingo 29 hubo nuevas órdenes de confinamiento. Solo se permitirá la movilidad para los servicios o trabajos esenciales. Costó clarificar la lista de tareas y el concepto de permiso retribuido recuperable. A partir de mañana, menos posibilidad de contagiar el virus. Lo cierto es que habían subido las cifras de contagios y muertes y se puso al alza la indignación y a la baja la paciencia.

Al final del V domingo de Cuaresma, mensajes de los obispos de España. “Tus obispos te acompañan”. Con cercanía, con simpatía, con esperanza. Pienso en todo el pueblo de Dios que acompaña a sus obispos, que reza constantemente por nosotros y que nos reclama sobre todo en estos momentos en los que es tan difícil saber qué decir, qué hacer, cómo vivir la fe. Nos sostiene siempre a todos Jesucristo, nuestra esperanza. Merece la pena confiar en Él como el papa Francisco nos invitó a hacer el viernes 27 en ese momento impactante de luz de Dios en medio de un mundo grisáceo.

El lunes 30, día de cierre total en el obispado. Durante la mañana supe cómo estaba afectando el coronavirus a congregaciones y órdenes religiosas en España. La carta enviada desde el Secretariado de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada preguntando por su situación, tuvo respuesta, además de la información que habitualmente recibe el Secretariado, donde todos siguen trabajando desde sus casas. Nos comunicaron casos de contagio, de fallecimientos, de dificultades para cuidar a hermanos y hermanas, de falta de material sanitario. Pero también llegó la buena noticia de la solidaridad habitual de la vida consagrada: mascarillas confeccionadas y que se seguirán confeccionando; colaboraciones en Cáritas y hospitales; un donativo extraordinario de CONFER a Cáritas española para esta emergencia sanitaria; tornos que pasan alimentos de dentro hacia fuera para los necesitados; oración incesante y consejos de expertas personas contemplativas para vivir esta reclusión. La buena noticia de las personas consagradas transmite confianza y paz en medio de la agitación pandémica.

La solidaridad de la Iglesia Católica también está globalizada. Un misionero claretiano madrileño que lleva 25 años en Taiwán y China continental me escribió para comunicarme que desde la Conferencia Episcopal China estaban haciendo gestiones para comprar algunas mascarillas y enviarlas a España. Sin embargo, surgieron dificultades porque la adquisición de mascarillas se ha convertido en un negocio con precios abusivos. Yo le pedí que transmitiera toda la gratitud por el interés, la solidaridad y la intención, que, como solemos decir, es lo que cuenta.

El martes 31 recibió el alta hospitalaria el obispo de Palencia, al día siguiente la recibiría el obispo de Salamanca. Todavía no la ha recibido el de Ávila. Pastores que siguen de modo especial en la oración del pueblo de Dios que se les ha encomendado, como ellos oran por sus fieles, como oramos unos por otros siguiendo la invitación diaria del Papa #OremosJuntos. Es momento oportuno para mostrar el amor a todas las gentes y a la Casa Común en la que convivimos por medio de la oración, como dice la Escritura: «Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo y por la ciudad santa» (2 Mac 15,14).

Esta oración es la que tuve la suerte de elevar incluyendo a las personas que están en prisión. Sobre ellas planean los mismos miedos e incertidumbres que sobre toda la sociedad, pero con el agravante de que no tienen ahora visitas de ningún tipo, ni comunicación libre con el exterior. Me lo recordó un sacerdote de la diócesis comprometido en la pastoral penitenciaria. En un correo electrónico afirmaba que en esta situación era seguro recordar a muchos colectivos en máxima necesidad. Uno de ellos, los presos y sus familias, funcionarios y demás trabajadores y colaboradores de prisiones. Al correo adjuntó una entrevista a una delegada de pastoral penitenciaria que iba precedida de explicaciones sobre la iniciativa “escribe una carta a un preso” que ha surgido en este contexto. Si alguien quiere sumarse, puede escribir a un preso enviando su carta a la dirección cartasapresos@hotmail.com. En Mondoñedo-Ferrol no hay centros penitenciarios, pero sí hay familiares de internos nacidos aquí. Recordé a varias personas que aprecio y están ahora en prisión. Escribo a alguna, con menos frecuencia de la que debería, y lo hago a mano con la intención de mostrarme cercano. La oración llega mucho más adentro y hay quien es lo que me pide desde su celda, al igual que su familia desde fuera.

El miércoles 1 de abril el vicario general de Mondoñedo-Ferrol envió una nota sobre las disposiciones para el culto en este tiempo de coronavirus y las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa. Ha ocupado un lugar central la invitación a todos los diocesanos para que participen, a través de los medios, en las celebraciones que presidirá el papa Francisco en la basílica de san Pedro. Desde nuestras casas, residencias, hospitales, prisiones, albergues… todos estamos invitados a celebrar en comunión. A la misma hora el obispo celebrará en privado en la Concatedral de san Julián de Ferrol en unidad y comunión con la Iglesia universal, pero aquí sin retransmisiones. Estamos un poco saturados y algo de austeridad nos ayudará, descontaminará el ciberespacio y dará sentido de universalidad a la superación de esta crisis global.

Los sacerdotes se sentirán muy extraños sin celebrar la Semana Santa con sus parroquianos. Algunos así lo han ido expresando. Comprenden lo que tienen que hacer, cumplen con las normas de sanidad, colaboran, pero eso no quita la pena pastoral por esta ausencia de celebraciones litúrgicas en las parroquias. Es comprensible. Seguro que de este sacrificio también brotarán frutos que ahora no podemos ni siquiera sospechar, aunque sí esperar.

Comenzó el mes de abril con una campaña informativa de la Conferencia Episcopal Española sobre el compromiso de la Iglesia para hacer frente a esta pandemia y a sus innumerables consecuencias. El listado es muy largo y va aumentando día tras día, porque no cabe todo lo que hace la Iglesia en tantas partes de España ante esta situación. Iniciativas de todo tipo para acompañar a quienes más lo necesiten desde los ámbitos sanitarios, sociales de promoción y asistencia, educativos, pastorales y espirituales.

La campaña me suscitó varias reflexiones, pero destaco dos. Por una parte, la generosidad de bautizados laicos, consagrados y sacerdotes que están dándolo todo en lugares extremos de una situación que desborda a todos. Personas que no se preocupan de salir en los medios, porque no buscan recompensa ni se ponen títulos rimbombantes, ni conceden entrevistas, ni quieren recibir ningún agradecimiento, sino que lo hacen sin pedir nada a cambio. Dan un testimonio cristiano límpido, aunque no sean noticia en los medios de comunicación más que por alguna anécdota que despierta la curiosidad.

La otra reflexión que afloró con insistencia tiene que ver con el juicio de que es objeto la Iglesia en estas circunstancias, como también lo ha sido y será en otras. Un juicio que causa dolor a quienes vivimos desde dentro las luces y las sombras de la comunidad creyente, y tanta entrega discreta y desmedida. Al final, uno se da cuenta de que ese dolor nace no tanto del hecho de que tal juicio se produzca, sino de la constatación de que existe más desafecto, desengaño y desconocimiento hacia Cristo y su Iglesia del que uno espera o del que uno quisiera reconocer... Y que todo ello puede hacer daño a quienes viven con sencillez su camino de fe en sus casas y quienes, no sin faltas y pobrezas, tratan de cargar hoy con la cruz del Nazareno acompañando a sus hermanos de muchas formas. En todo caso, alejando las tinieblas del rencor, una certeza permanece en mi interior: de nadie está lejos la misericordia del Señor, que se deja conocer por quien la busca. Pablo de Tarso vino a mi memoria, sin entrar en comparaciones.

Llegó el jueves 2 de abril. Felicité por correo electrónico a un hermano sacerdote diocesano en el día de su cumpleaños. Vida que hay que agradecer a Dios, por supuesto, al igual que su vocación presbiteral y su ministerio. Con él hice presentes a todos los demás sacerdotes de la diócesis. Tan acostumbrados a ir corriendo de un lado para otro, de una parroquia a otra… Ahora en casa. De nuevo pensé en la extrañeza que tienen que vivir en este tiempo.

Tuvimos noticias preocupantes de algunas residencias de ancianos cercanas y de otras más lejanas. Hay algún caso positivo de coronavirus con ingreso hospitalario o bien aislamiento. Otras personas residentes solo tienen síntomas leves, como mi padre, si bien precisan aislarse igualmente. Desde el comienzo de esta emergencia sanitaria hubo dramas en las residencias de ancianos y, lógicamente, entre los familiares que quedábamos fuera. Dramas que van a dejar huella y que habrá que remontar. Pero en medio de esa oscuridad, brilla una luz admirable, emocionante y repleta de paz y esperanza, que contemplo irradiada por el Señor: la de quienes muestran a los ancianos el cuidado, la delicadeza, la atención, la escucha y la gratitud que les debemos y que nos hace crecer en dignidad cuando lo expresamos y menguar en ella cuando no lo hacemos. Queridos ancianos: os queremos y os necesitamos; no tengáis miedo, no estáis solos, aunque permanezcáis aislados; os merecéis también un gran aplauso, uno que abarque toda vuestra vida, prolongada y fecunda. Escuchadlo en el silencio de la distancia física para sentirnos próximos con el bullicio de la cercanía del espíritu y el abrazo del alma.

El viernes 3 tuvimos reunión del consejo diocesano de gobierno por videoconferencia. Fue la segunda de este tiempo fuerte y por esta vía de comunicación. Rezamos juntos en la distancia y pudimos ir perfilando algunos asuntos para la Semana Santa y un poco más allá, sin ir muy lejos. Entre otras cosas nos pareció que habría que destacar lo que la diócesis está haciendo en esta situación, sobre todo con los más vulnerables que son nuestra prioridad.

Cáritas siempre es ojos, corazón y manos de la Iglesia y ahora lo está demostrando con creces. Las personas sin hogar lo atestiguan, como los usuarios de las Cáritas parroquiales por toda la geografía de Mondoñedo-Ferrol. Igualmente, las personas consagradas, sin miedo al contagio, con decidida valentía en acciones que tienen riesgo y en las que procuran cuidarse para no ser causa de enfermedad para otros. De la misma manera los sacerdotes, unos en su Cáritas parroquiales, otros sufriendo en el “acompañamiento restringido” que se da en los entierros donde no puede haber besos, ni abrazos y el duelo se incrementa. Todos continuando con sus trabajos para poner al día lo que no da tiempo en el ritmo pastoral ordinario; llamando ellos a sus parroquianos y recibiendo sus llamadas porque les importan mucho sus pastores con olor a oveja. Todo esto se suma a ese sufrimiento por no poder celebrar con el pueblo de Dios la Semana Santa. Volvieron a mí las reflexiones del miércoles 1 de abril.

Aunque nos pareció mucha la información de estas semanas y la creatividad pastoral que se ha multiplicado por las redes sociales, en la reunión de consejo diocesano de gobierno acordamos grabar unos breves videos para algunos días de la Semana Santa. El vicario general y los vicarios de pastoral grabarán los mensajes para Jueves, Viernes y Sábado Santo y el obispo para los Domingos de Ramos y de Resurrección. Se trata de que los ofrezcamos #ComunicandoEsperanza durante estos días de #PascuaEnCasa.

El viernes 3 fue Viernes de Dolores. Día para seguir orando y encomendar esta crisis a quien además es Salud de los enfermos, Consuelo de los afligidos… Es un día señalado para muchos cofrades que lo viven intensamente, aunque este año lo hagan con la responsabilidad y la seriedad de una Semana Santa que será sin salidas procesionales. Tuve un recuerdo para ellos y me comuniqué con alguno para expresarles mi cercanía y mi invitación a vivir con hondura cristiana la Semana Santa en la que, nunca mejor dicho, la procesión irá por dentro, llena de fe, devoción y cariño por el Señor, su Madre y los discípulos y seguidores que entran en escena en la Semana Grande. En ellos nos vemos retratados para encontrar nuestro lugar ante Dios y los hermanos en nuestro peregrinar humano. Esta Semana Santa también puede gritar el corazón cofrade: “Al cielo…”. Y que los pies y las manos acompañen la levantada del corazón con amor, con fe y con esperanza.

El sábado 4 amaneció soleado. Para esperar con buen ánimo el Domingo de Ramos. A medida que fue pasando el día disminuyeron los mensajes y fue cambiando el tiempo. Todo iba preparando otro anuncio: hasta el 26 de abril continuará el estado de alarma. Alargar este tiempo significa que habrá que dosificar acciones. Ya se va clarificando que hemos de aplazar celebraciones y encuentros sin poner fecha. Pensé en la Visita Pastoral al arciprestazgo de Terra Chá. Igual llega a ser la más larga de la historia diocesana, pero también la más teñida de color esperanza.

Sin duda la Semana Grande nos va a ayudar a sobrellevar esta situación de novedad mundial. Hay innumerables ofertas y una clara conciencia de responsabilidad. Confío que los cristianos sepamos celebrar esta #PascuaEnCasa evitando consumismo religioso mediático y centrando la mirada en lo principal. Quizá por eso hoy surgió la idea de hacer un ayuno especial este Viernes Santo.
A las puertas de la Semana Santa, terminé el sábado rezando confiado para que todos los cristianos podamos vivirla como he deseado por video a mis queridos diocesanos: con pasión, misericordia y esperanza.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel