50 años de la Concatedral de Ferrol (1959-2009)

     01.03.2009

                                                   

 
 
   

 

 

 

Celebramos los 50 años de un acontecimiento importante para la ciudad de Ferrol y para la diócesis entera. El día 9 de Marzo de 1959 una Bula del Papa Juan XXIII cambiaba la denominación de la Diócesis de Mondoñedo que a partir de entonces recibe el nombre de Mondoñedo – Ferrol y declaraba Concatedral a la más antigua parroquia ferrolana, la de San Julián. En ella hay una placa en bronce que recuerda el acontecimiento: “ELEVADO ESTE TEMPLO PARROQUIAL DE SAN JULIAN A LA DIGNIDAD DE CONCATEDRAL Y SEDE EPISCOPAL DE LA DIOCESIS MINDONIENSE-FERROLANA POR S. S. JUAN XXIII EJECUTADA LA BULA PONTIFICIA POR EL SR. NUNCIO APOSTOLICO D. HILDEBRANDO ANTONIUTTI EL 14 DE AGOSTO DE 1959 CON GRANDE GOZO DE ESTA CIUDAD, EL OBISPO DE LA DIOCESIS D. JACINTO ARGAYA GOICOECHEA CELEBRO EN ESTA CONCATEDRAL LA PRIMERA MISA DE PONTIFICAL”.

 

1. Unión más estrecha con Mondoñedo

La Concatedral de San Julián es un edificio religioso con rango de Catedral que comparte la sede episcopal con la Catedral de Mondoñedo. Subordinada a ella, la Concatedral es la Iglesia donde el Obispo tiene igualmente que en la Catedral, su cátedra  y su altar. En ella el Obispo preside, rodeado de su presbiterio, celebraciones litúrgicas muy solemnes. Es lugar significativo de algunos sacramentos, ligados especialmente al ministerio episcopal, como son los que constituyen la iniciación cristiana (bautismo, confirmación y eucaristía), y, además, la penitencia y el orden sacerdotal. En la Concatedral solemos ordenar diáconos a los futuros presbíteros de nuestra diócesis. La Concatedral, manteniendo su condición de parroquia, está destinada también a acoger a la Iglesia diocesana como unidad. Ha de ser, pues,  un lugar abierto a todos, que crea comunión eclesial fomentando la diversidad.

En nuestra Concatedral se abrazan armoniosamente la fe y el arte. La Concatedral de San Julián está dedicada al patrón de la ciudad. Fue construida a finales del siglo XVIII según proyecto del ingeniero y arquitecto de marina Julián Sánchez Bort en 1766, reemplazando a la primitiva iglesia románica. Está construida con un estricto estilo neoclásico, con planta en forma de cruz griega y organizada en torno a una cúpula sustentada por cuatro gruesos pilares jónicos a la que se abren sendas capillas cubiertas de bóveda de cañón y bóvedas caídas al exterior. El conjunto se halla flanqueado por dos esbeltas torres con cuatro vanos bajo arcos de medio punto. El exterior de las cúpulas que rematan las torres está realizado en sillería granítica.

En nuestra Concatedral de Ferrol pueden cumplir con plenitud de derecho sus deberes corales los canónigos del Cabildo Catedralicio de Mondoñedo que vivan en la ciudad. Y así han vuelto a hacerlo recientemente.

Todo eso nos habla de la unión estrecha que ha de existir entre la Catedral y la Concatedral, entre Mondoñedo y Ferrol. Son dos ciudades civilmente hermanadas que antes fueron hermanas en el ámbito religioso.

 

2. Una decisión largamente preparada

Las primeras peticiones en el sentido de que Ferrol pudiera compartir la capitalidad  de la Diócesis con Mondoñedo se remontan a 1953. Es una consecuencia del Concordato firmado ese año y que en el artículo 9 preveía que se pudiesen adaptar los límites territoriales de las Diócesis a las circunscripciones civiles.

Dos razones fundamentalmente invocaba el Obispo Mons. Argaya para pedir la doble titularidad:

1ª Ferrol es la ciudad más grande de la Diócesis (83.000 habitantes en aquel momento). Una Diócesis histórica que se remonta al siglo VI.

2ª Ferrol es capital del Departamento Marítimo.

Dos razones que, debidamente sopesadas por la Santa Sede, fueron atendidas.

 

3. No se trata sólo de cambio de nombres

El cambio de nombre de la Diócesis no es únicamente cuestión de nombres. El compartir la capitalidad de la diócesis con Mondoñedo permite que la residencia del Obispo en Ferrol pueda ser más prolongada. “Nuestra presencia será más asidua. Nuestra preocupación más constante y nuestra entrega más total” dijo Mons. Jacinto Argaya con motivo de los actos del evento que estamos celebrando.

Por otra parte, esta doble capitalidad de la sede mindoniense provocó una serie de transformaciones en la organización y en la acción pastoral. La construcción de la Domus Ecclesiae en Ferrol inaugurada en 1963, por tanto un poco posterior, influirá notablemente en la formación del clero y en la potenciación del laicado. La Curia diocesana se traslada a la ciudad ferrolana prácticamente en su totalidad.  Y también el acontecimiento que rememoramos fue uno de los motivos que impulsaron a la creación de nuevas parroquias en la ciudad departamental.

 

4. Dos protagonistas: el Papa Juan XXIII y Mons. Jacinto Argaya

Muchos acontecimientos no ocurren porque sí, de buenas a primeras, sino que tienen protagonista o protagonistas. En nuestro caso tenemos dos:

El primero, el Papa Juan XXIII, que, siendo cardenal, visitó la Catedral de Mondoñedo. Su pontificado fue breve, pero suficiente para poner en marcha, con el Concilio Vaticano II y la reforma del Código de Derecho Canónico,  un proceso de renovación eclesial de incalculables consecuencias. Juan XXIII, el Papa bueno, alcanzó una incuestionable popularidad y consiguió un enorme cariño entre la gente de toda condición, incluidos los no católicos y los no creyentes. Era un hombre auténticamente de Dios. Oboedientia et pax, rezaba su lema episcopal y fue, de verdad, el programa de su vida. El agradecimiento y la filial adhesión que la diócesis de Mondoñedo-Ferrol expresó en su día al beato Juan XXIII se viene prolongando a sus sucesores en la cátedra de Pedro. Hoy somos invitados a poner en práctica lo que se ha venido en llamar ‘estilo Benedicto XVI’, es decir. un estilo respetuoso, sereno, humilde, servicial, positivo, persuasivo, convincente, fundado en el amor más que en el temor, presentando siempre el evangelio como una acción salvadora que viene de Dios para todos: “Quiero poner de relieve –dijo el Papa actual en Verona-  cómo de nuestro testimonio tiene que brotar el gran “sí” que en Jesucristo dijo Dios al hombre y a su vida, al amor humano, a nuestra libertad y a nuestra inteligencia, y por tanto cómo la fe en Dios trae la alegría al mundo. El cristianismo está abierto a todo lo que hay de justo, verdadero y puro en las culturas y en las civilizaciones, a lo que alegra, consuela y fortalece nuestra existencia”[1].

El segundo, Mons. Jacinto Argaya, obispo de Mondoñedo de 1956 a 1968. Era un hombre bueno, afable y cordial. Se mostraba orgulloso de haber podido participar en todas las sesiones del Concilio Vaticano II y se preocupó mucho de poner en práctica en nuestra diócesis las orientaciones renovadoras del último concilio. D. Jacinto fue, sin duda alguna, un Obispo conciliar. Recordando este acontecimiento que atañe tan directamente a Ferrol, ésta ciudad ha de mostrar una vinculación más estrecha a su obispo. Afectiva y, sobre todo, efectivamente. Tratando de acoger sus iniciativas pastorales y deseosa de proseguir la renovación que el Concilio Vaticano II puso en marcha.

                                                       

                                                                 


 

[1]BENEDICTO XVI en Verona 19 de octubre de 2006

 

                        

   
   
 
 

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