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Celebramos los 50
años de un acontecimiento importante para la ciudad de Ferrol y para la
diócesis entera. El día 9 de Marzo de 1959 una Bula del Papa Juan XXIII
cambiaba la denominación de la Diócesis de Mondoñedo que a partir de
entonces recibe el nombre de Mondoñedo – Ferrol y declaraba Concatedral a la
más antigua parroquia ferrolana, la de San Julián. En ella hay una placa en
bronce que recuerda el acontecimiento: “ELEVADO
ESTE TEMPLO PARROQUIAL DE SAN JULIAN A LA DIGNIDAD DE CONCATEDRAL Y SEDE
EPISCOPAL DE LA DIOCESIS MINDONIENSE-FERROLANA POR S. S. JUAN XXIII
EJECUTADA LA BULA PONTIFICIA POR EL SR. NUNCIO APOSTOLICO D. HILDEBRANDO
ANTONIUTTI EL 14 DE AGOSTO DE 1959 CON GRANDE GOZO DE ESTA CIUDAD, EL OBISPO
DE LA DIOCESIS D. JACINTO ARGAYA GOICOECHEA CELEBRO EN ESTA CONCATEDRAL LA
PRIMERA MISA DE PONTIFICAL”.
1. Unión más estrecha
con Mondoñedo
La Concatedral de San
Julián es un edificio religioso con rango de Catedral que comparte la sede
episcopal con la Catedral de Mondoñedo. Subordinada a ella, la Concatedral
es la Iglesia donde el Obispo tiene igualmente que en la Catedral, su
cátedra y su altar. En ella el Obispo preside, rodeado de su presbiterio,
celebraciones litúrgicas muy solemnes. Es lugar significativo de algunos
sacramentos, ligados especialmente al ministerio episcopal, como son los que
constituyen la iniciación cristiana (bautismo, confirmación y eucaristía),
y, además, la penitencia y el orden sacerdotal. En la Concatedral solemos
ordenar diáconos a los futuros presbíteros de nuestra diócesis. La
Concatedral, manteniendo su condición de parroquia, está destinada también a
acoger a la Iglesia diocesana como unidad. Ha de ser, pues, un lugar
abierto a todos, que crea comunión eclesial fomentando la diversidad.
En nuestra
Concatedral se abrazan armoniosamente la fe y el arte.
La Concatedral de San
Julián está dedicada al patrón de la ciudad. Fue construida a finales del
siglo XVIII según proyecto del ingeniero y arquitecto de marina Julián
Sánchez Bort en 1766, reemplazando a la primitiva iglesia románica. Está
construida con un estricto estilo neoclásico, con planta en forma de cruz
griega y organizada en torno a una cúpula sustentada por cuatro gruesos
pilares jónicos a la que se abren sendas capillas cubiertas de bóveda de
cañón y bóvedas caídas al exterior. El conjunto se halla flanqueado por dos
esbeltas torres con cuatro vanos bajo arcos de medio punto. El exterior de
las cúpulas que rematan las torres está realizado en sillería granítica.
En nuestra
Concatedral de Ferrol pueden cumplir con plenitud de derecho sus deberes
corales los canónigos del Cabildo Catedralicio de Mondoñedo que vivan en la
ciudad. Y así han vuelto a hacerlo recientemente.
Todo eso nos habla de
la unión estrecha que ha de existir entre la Catedral y la Concatedral,
entre Mondoñedo y Ferrol. Son dos ciudades civilmente hermanadas que antes
fueron hermanas en el ámbito religioso.
2. Una decisión
largamente preparada
Las primeras
peticiones en el sentido de que Ferrol pudiera compartir la capitalidad de
la Diócesis con Mondoñedo se remontan a 1953. Es una consecuencia del
Concordato firmado ese año y que en el artículo 9 preveía que se pudiesen
adaptar los límites territoriales de las Diócesis a las circunscripciones
civiles.
Dos razones
fundamentalmente invocaba el Obispo Mons. Argaya para pedir la doble
titularidad:
1ª Ferrol es la
ciudad más grande de la Diócesis (83.000 habitantes en aquel momento). Una
Diócesis histórica que se remonta al siglo VI.
2ª Ferrol es capital
del Departamento Marítimo.
Dos razones que,
debidamente sopesadas por la Santa Sede, fueron atendidas.
3. No se trata sólo
de cambio de nombres
El cambio de nombre
de la Diócesis no es únicamente cuestión de nombres. El compartir la
capitalidad de la diócesis con Mondoñedo permite que la residencia del
Obispo en Ferrol pueda ser más prolongada. “Nuestra presencia será más
asidua. Nuestra preocupación más constante y nuestra entrega más total” dijo
Mons. Jacinto Argaya con motivo de los actos del evento que estamos
celebrando.
Por otra parte, esta
doble capitalidad de la sede mindoniense provocó una serie de
transformaciones en la organización y en la acción pastoral. La construcción
de la Domus Ecclesiae en Ferrol inaugurada en 1963, por tanto un poco
posterior, influirá notablemente en la formación del clero y en la
potenciación del laicado. La Curia diocesana se traslada a la ciudad
ferrolana prácticamente en su totalidad. Y también el acontecimiento que
rememoramos fue uno de los motivos que impulsaron a la creación de nuevas
parroquias en la ciudad departamental.
4. Dos protagonistas:
el Papa Juan XXIII y Mons. Jacinto Argaya
Muchos
acontecimientos no ocurren porque sí, de buenas a primeras, sino que tienen
protagonista o protagonistas. En nuestro caso tenemos dos:
El primero, el Papa
Juan XXIII, que, siendo cardenal, visitó la Catedral de Mondoñedo. Su
pontificado fue breve, pero suficiente para poner en marcha, con el Concilio
Vaticano II y la reforma del Código de Derecho Canónico, un proceso de
renovación eclesial de incalculables consecuencias. Juan XXIII, el Papa
bueno, alcanzó una incuestionable popularidad y consiguió un enorme cariño
entre la gente de toda condición, incluidos los no católicos y los no
creyentes. Era un hombre auténticamente de Dios. Oboedientia et pax,
rezaba su lema episcopal y fue, de verdad, el programa de su vida. El
agradecimiento y la filial adhesión que la diócesis de Mondoñedo-Ferrol
expresó en su día al beato Juan XXIII se viene prolongando a sus sucesores
en la cátedra de Pedro. Hoy somos invitados a poner en práctica lo que se ha
venido en llamar ‘estilo Benedicto XVI’,
es decir. un
estilo respetuoso, sereno, humilde, servicial, positivo, persuasivo,
convincente, fundado en el amor más que en el temor, presentando siempre el
evangelio como una acción salvadora que viene de Dios para todos: “Quiero
poner de relieve –dijo el Papa actual en Verona- cómo de nuestro testimonio
tiene que brotar el gran “sí” que en Jesucristo dijo Dios al hombre y a su
vida, al amor humano, a nuestra libertad y a nuestra inteligencia, y por
tanto cómo la fe en Dios trae la alegría al mundo. El cristianismo está
abierto a todo lo que hay de justo, verdadero y puro en las culturas y en
las civilizaciones, a lo que alegra, consuela y fortalece nuestra
existencia”.
El segundo, Mons.
Jacinto Argaya, obispo de Mondoñedo de 1956 a 1968. Era un hombre bueno,
afable y cordial. Se mostraba orgulloso de haber podido participar en todas
las sesiones del Concilio Vaticano II y se preocupó mucho de poner en
práctica en nuestra diócesis las orientaciones renovadoras del último
concilio. D. Jacinto fue, sin duda alguna, un Obispo conciliar. Recordando
este acontecimiento que atañe tan directamente a Ferrol, ésta ciudad ha de
mostrar una vinculación más estrecha a su obispo. Afectiva y, sobre todo,
efectivamente. Tratando de acoger sus iniciativas pastorales y deseosa de
proseguir la renovación que el Concilio Vaticano II puso en marcha.

BENEDICTO
XVI en Verona 19 de octubre de 2006
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