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El “Instituto
Borja de Bioética” ha publicado en un número monográfico de la
revista
“Bioética&Debat” unas “Consideraciones sobre el embrión humano”
que concluyen con un “Posicionamiento” de dicho Instituto. Se me pide
una valoración y, como obispo de la Iglesia Católica, he de decir al
menos lo siguiente:
1) Tras reconocer
que“hay suficientes argumentos desde el punto de vista biológico, ético
y jurídico para afirmar que, al embrión humano, hay que otorgarle un
valor diferenciado”, se establece una distinción entre la fase “previa”
a la implantación y la fase “posterior” a la misma. Y esa diferenciación
no es meramente descriptiva, sino que lleva consigo consecuencias
éticas. Ante afirmaciones como éstas hemos de afirmar: es el embrión
humano, en tanto que humano, el que tiene derechos y los demás hemos de
reconocerlos, no es de nuestra incumbencia otorgar derechos a quien ya
los tiene.
2) En la fase
“preimplantatoria” del embrión humano, la tolerancia con respecto a las
“intervenciones sobre el embrión humano” es también muy amplia (con las
técnicas de la reproducción humana, con el diagnóstico genético, con la
investigación biomédica). Se admite el carácter ético de todas las
medidas anticonceptivas, incluida la píldora abortiva, llamada
popularmente del día después. En la fase de “implantación o embarazo”,
se reconoce “que hay una vida humana en proceso de desarrollo, con
unidad e individuación, aunque no siempre con todos los elementos
necesarios propios o derivados de su interacción con la madre para
considerarse un ser humano completo”. ¿Por qué no hablan de “persona”?
¿Qué es un ser humano “incompleto”? De esta indefinición deriva la
consiguiente “tolerancia” con determinadas prácticas, ya que, como
leemos en el texto, “tampoco creemos que se pueda hablar de la vida del
embrión como de un valor absoluto”.
3) Sobre la
llamada “interrupción de la gestación”, es decir proceder a la muerte
del embrión o del feto, se afirma un principio general: “hay que hacer
todo lo posible para procurar la continuación de la gestación hasta el
nacimiento, en condiciones de salud y sin riesgos para la madre”. Pero a
continuación se admite que “hay múltiples factores que pueden concurrir
en una gestación, implicando un conflicto de valores que una reflexión
ética rigurosa ha de tener en cuenta”. En caso de entrar en conflicto la
autonomía reproductiva de la mujer y la vida del feto, la resolución del
conflicto se deja en manos de la gestante. No hay un “derecho a
abortar”, se nos dice, aunque hay algo que jurídicamente se equipara a
un derecho, aunque no se diga en qué consiste.
En definitiva: ¿En
qué queda la vida humana como bien fundamental y “básico”? ¿Dónde está
el respeto a un ser humano inocente e indefenso? Estas posturas son
contrarias a la moral católica expresada sin ambigüedades por los Papas
y obispos en nuestros días: “La decisión deliberada de privar a un ser
humano inocente de su vida es siempre mala desde el punto de vista moral
y nunca puede ser lícita ni como fin, ni como medio para un fin bueno.
En efecto, es una desobediencia grave a la ley moral, más aún, a Dios
mismo, su autor y garante; y contradice las virtudes fundamentales de la
justicia y de la caridad. « Nada ni nadie puede autorizar la muerte de
un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano,
enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto
homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni
puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede
legítimamente imponerlo ni permitirlo»" (JUAN PABLO II, Evangelium
vitae 57). La Conferencia Episcopal Española se ha pronunciado
contra el aborto en múltiples ocasiones y muy recientemente ha expresado
su postura ante el Proyecto de Ley en cuestión. Por otra parte, también
se pronunció acerca de “Algunas orientaciones sobre la ilicitud de la
reproducción humana artificial y sobre prácticas injustas autorizadas
por la Ley que la regulará en España, el 30 de marzo de 2006.
Puede verse también
la Instrucción ‘Dignitas personae’ sobre algunas cuestiones de
bioética publicada por la Congregación para la Doctrina de la fe el
8 de septiembre de 2008.
La Iglesia no se opone a la
ciencia. Tampoco a las investigaciones en el campo de la biología. Lo
que sí rechaza son las formas de investigación que incluyen la
eliminación programada de seres humanos ya existentes, aunque aún no
hayan nacido.

PRIMERA REACCIÓN OFICIAL DE LA
IGLESIA
El obispo de Mondoñedo: «El informe
del Institut Borja no respeta la doctrina moral católica»
Nicolás de
Cárdenas. RELIGIÓ EN LIBERTAD 15 octubre 2009
Monseñor
Manuel Sánchez, obispo de Mondoñedo Ferrol y miembro de la
subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de la CEE, ha sido,
a petición de ReL, el primer obispo en manifestar públicamente el
error doctrinal del informe proabortista del Institut Borja de
Bioética, presidido por el sacerdote jesuita Francesc Abel.
Desde
que el diario La Vanguardia destapara el contenido del informe del
Instituto Borja de Bioética, regido por el jesuita Francesc Abel, en
el que se apoya la nueva legislación sobre el aborto, se esperaba
una reacción oficial por parte de algún miembro cualificado del
episcopado español.
En
respuesta a la petición de ReL, monseñor Manuel Sánchez Monge,
obispo de Mondoñedo Ferrol y miembro de la subcomisión para la
Familia y Defensa de la Vida de la conferencia Episcopal, ha
asegurado con contundencia que el posicionamiento del informe «no
respeta la doctrina de la moral católica».
Derechos del ser humano
El
informe asegura que «hay suficientes argumentos desde el punto de
vista biológico, ético y jurídico para afirmar que, al embrión
humano, hay que otorgarle un valor diferenciado» según si ha
superado la fase de implantación en el útero o no, pero monseñor
Sánchez advierte que «es el embrión humano, en tanto que humano, el
que tiene derechos y lo demás hemos de reconocerlos» ya que «no es
de nuestra incumbencia otorgar derechos a quien ya los tiene».
Por
otra parte, el prelado describe a ReL cómo «la tolerancia con
respecto a las "intervenciones sobre el embrión humano" es también
muy amplia» en el informe que, además, «admite el carácter ético de
todas las medidas anticonceptivas, incluida la píldora abortiva,
llamada popularmente del día después». Además, el prelado alerta que
el informe considera que el ser humano en fase implantatoria no
puede ser considerado «un ser humano completo» según los autores del
informe. Circunstancia sobre la que el obispo de Mondoñedo se
pregunta: «¿Por qué no hablan de "persona"?» y «¿qué es un ser
humano "incompleto"?». Esta indefinición, concluye monseñor Sánchez,
es de la que se deriva la «tolerancia» a la que hacía referencia.
Siguiendo con las conclusiones del informe, el prelado asegura que,
aunque no se dice que haya un «derecho a abortar» en el informe, sí
se plantea que «hay algo que jurídicamente se equipara a un derecho,
aunque no diga en qué consiste».
La
vida como bien fundamental
En
conclusión, monseñor Manuel Sánchez Monge, se pregunta: «dónde queda
la vida humana como bien fundamental y "básico"» en el informe o
«dónde está el respeto a un ser humano inocente e indefenso». Las
posturas defendidas en el informe, subraya el obispo, «son
contrarias a la moral católica expresada sin ambigüedades por los
Papas y obispos en nuestros días». Y para muestra, el número 57 de
la carta encíclica
Evangelium vitae
de Juan Pablo II, en el que
se afirma que «la decisión deliberada de privar a un ser
humano inocente de su vida es siempre mala desde el punto de vista
moral y nunca puede ser lícita como fin, ni como medio para un fin
bueno». «Nada ni nadie además puede pedir este gesto
homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad,
ni puede consentirlo explícita ni implícitamente», prosigue el
documento pontificio.
El
obispo de Mondoñedo Ferrol señala a ReL, que la Iglesia española se
ha pronunciado en múltiples ocasiones sobre estos asuntos, tanto
respecto al
Proyecto de Ley del Gobierno,
como sobre otros
asuntos relacionados,
al tiempo que reomienda la lectura de la Instrucción
Dignitas personae,
publicadapor la Congregación para la doctrina de la fe el 8 de
septiembre de 2008.
En todo caso, que «la Iglesia no se opone a la ciencia, ni tampoco a
las investigaciones en el campo de la biología». «Lo que sí
rechaza-puntualiza- son las formas de investigación que incluyen la
eliminación programada de seres humanos ya existentes, aunque aún no
hayan nacido.
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