| |
|

Agradezco sinceramente que hayáis venido aquí desde tantos puntos de la
geografía diocesana. También quiero manifestar mi gratitud a cuantos han
trabajado duramente para que este encuentro sea hoy una realidad.
1. Queridos jóvenes: Yo
sé que buscáis, por encima de todo, ser felices. Y que no os conformáis con
cualquier felicidad barata. Queréis conseguir una felicidad plena e
ilimitada. Tenéis en vuestro corazón y en vuestra cabeza programas y
proyectos concretos que os ilusionan y os motivan para entregaros con
interés pensando que saciarán vuestra sed de felicidad.
Pero ya habéis
experimentado una y otra vez que cuando conseguís llegar a las metas que os
habéis propuesto, no encontráis la plenitud y la felicidad que esperabais.
Os habéis sentido un tanto defraudados y habéis tenido que empezar de nuevo.
Necesitáis razones para vivir, razones para entregaros, para dar lo mejor
de vosotros mismo, y también razones para sufrir, porque en la vida no todo
es color de rosa, e incluso motivos para morir por una causa noble, si llega
el caso.
2. Permitidme, queridos
jóvenes, una confidencia: cuando buscáis esa felicidad plena, esas razones
para vivir y para esperar, en el fondo, buscáis a Dios. La búsqueda de la
felicidad desemboca en el deseo de encontrar a Dios. "La felicidad que
buscáis, dijo el Papa Benedicto XVI en Colonia a los jóvenes del mundo, la
felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de
Jesús de Nazaret”. De su mano encontramos al Dios de la vida y no de la
muerte, de la felicidad y no del aburrimiento. Es importante encontrarse de
verdad con la persona de Jesús.
El tiene un mensaje para vosotros, para todos y cada uno: El Padre mismo os
ama. No hace ascos de vuestras miserias porque las cubre con su misericordia.
El da siempre oportunidades nuevas. Jesús ejerce un atractivo especial, nos
seduce. No es maestro de teorías, sino de vida. Nos invita a vivir con él.
Cuando le preguntamos: “Maestro, ¿dónde vives? El responde: ‘venid y lo
veréis’. Es imposible conocerle y no amarle, es imposible amarle y no
seguirle. Al final hemos de reconocer: Me has seducido, Señor. Sólo desde la
vivencia evangélica se comprende que en el fondo la felicidad que merece la
pena es la felicidad en Dios, y no según el mundo. Las verdades, los ritos y
los comportamientos propios del cristiano se tambalean cuando falta el
encuentro decisivo con Jesucristo. En cambio, desde la vida con Cristo todo
se vuelve distinto y va adquiriendo su sentido.
3. En algunos momentos habéis descubierto que el grupo de amigos no es
suficiente, no acaba de llenar vuestras inquietudes más profundas porque la
relación es demasiado a menudo superficial e insuficiente. Necesitáis
experimentar, vivir lo que es un grupo en que las relaciones no sean de
simple coincidencia en la diversión, ni sean meramente funcionales.
Necesitáis un grupo en que las relaciones sean de comunicación profunda y
también de acogida, de afecto, de compartir y de desarrollar la auténtica
libertad de cada uno. La comunidad cristiana puede responder a esas
inquietudes y realizar esos deseos profundos. Muchos de vosotros que
participáis en grupos en vuestras parroquias podríais contar vuestra
experiencia. El grupo cristiano os ayudará sin duda a vivir vuestra vida
cristiana en comunidad, en la Iglesia. Se puede llegar a vivir una
conciencia gozosa y comprometida de pertenencia a la Iglesia; se puede
encontrar cauces para vivir la llamada a ser un miembro vivo y operante de
la Iglesia.
4. Veis que muchos han
dejado de practicar la fe y otros viven totalmente al margen de Dios.
Antiguamente, la dimensión religiosa influía en la sociedad, impregnaba la
cultura y orientaba la vida de las personas. La socialización sociocultural
y la religiosa, iban unidas. Actualmente muchos niños y jóvenes van
incorporándose a la sociedad y apropiándose de la cultura sin contacto o con
un contacto insuficiente con la religión. Esto se agrava cuando se aplican
políticas con la intención de hacer desaparecer la religión del ámbito
social y público para reducirla al ámbito privado. Pero también es verdad
que ha crecido la sensibilidad al trabajo por la justicia y, sobre todo en
el mundo joven, se fomenta la solidaridad. Los jóvenes son muy sensibles a
las iniciativas de defensa de la naturaleza y del medio ambiente.
En una situación como ésta el joven que ha encontrado verdaderamente a
Cristo no puede retenerlo sólo para sí. No sólo no puede ocultar que
Jesucristo le ha cambiado la vida, sino que se siente impelido a contar su
experiencia. Es la lógica y la consecuencia del dinamismo de la vida nueva
en Cristo y de su fuerza incontenible. Una vida nueva llena de sentido y de
amor no se puede guardar egoístamente, sino que se ha de comunicar con el
gozo de quien ha encontrado un tesoro.Si seguís a Jesús jamás os sentiréis
solos, porque formáis parte de la Iglesia, que es una gran familia, en la
que podéis crecer en la amistad verdadera con numerosos hermanos y hermanas
en la fe, esparcidos por todo el mundo. Jesús os necesita para "renovar" la
sociedad actual. Esforzaos por crecer en el conocimiento de la fe, para ser
sus testigos auténticos. Tened confianza en los pastores que os guían,
obispos y sacerdotes; insertaos activamente en las parroquias, en los
movimientos, en las asociaciones y comunidades eclesiales, para experimentar
juntos la alegría de ser seguidores de Cristo, que anuncia y da la verdad y
el amor. Y precisamente impulsados por su verdad y su amor, junto con los
demás jóvenes que buscan el sentido verdadero de la vida, podréis construir
un futuro mejor para todos.
 |