Conocedora la reina Isabel II de las
extraordinarias dotes y santidad del arzobispo de Santiago de Cuba, le
nombró su confesor el 18 marzo de 1857. Claret alternaba sus tareas
habituales de confesor, escritor y predicador en Madrid. Convirtió los
viajes reales en misiones y soñó El Escorial, no sólo como foco de
formación científica y sacerdotal, sino como una estratégica casa-misión
y de Ejercicios de alcance internacional. Concibió también la idea y
proyectó una catedral más digna para Madrid. A no pocos artistas de
España entera los tenía asociados en otra de sus grandes realizaciones:
la ‘Academia de San Miguel’. Esta intensa actividad del confesor regio,
absolutamente apartado de la política, atrajo sin embargo las iras de
las sectas, que maquinaron de mil formas contra su honor y su vida, con
atroces calumnias, la menor de las cuales era la de intrigante político.
En
1869 una revolución desterró a la reina y por lo tanto quedó también
desterrado su capellán, el arzobispo
Claret.
Él aprovechó este destierro para asistir al Concilio Vaticano I en Roma
en 1870, donde pronunció un gran discurso que fue muy aplaudido y muy
comentado y
elogiado. En
Francia fue recibido por los monjes cistercienses del monasterio de
Fuente Fría, y allí, tras haber escrito por orden del superior de su
comunidad, su autobiografía empezó a sentirse enfermo y después de dos
meses de enfermedad expiró el 24 de octubre de 1870. Tenía apenas 63
años pero estaba desgastado de tanto predicar, escribir, viajar y sufrir
por la salvación de los hombres.
Su cuerpo fue
enterrado en el cementerio monacal con la inscripción de Gregorio VII:
"Amé la justicia y odié la iniquidad, por eso muero en el destierro".
Los restos de San Antonio Mª Claret se veneran hoy en la Iglesia de los
Misioneros Claretianos en Vic.
En 1934 fue beatificado y en
1950 fue canonizado por el Papa Pío XII. A partir de este momento y ya
de forma oficial “la vida, las enseñanzas y el ejemplo de este preclaro
Pastor constituyen un extraordinario patrimonio espiritual, no sólo para
quienes se inspiran directamente en su carisma, sino también para toda
la Iglesia” como reconoce el Papa Benedicto XVI.
S. Antonio María Claret es todo
un ejemplo de cómo el Señor puede encaminar a quien se pone en sus manos
por caminos insospechados. El nos ofrece un elocuente testimonio de amor
apasionado a Dios, pues su vida fue un consumirse de celo apostólico
para que él fuera conocido, amado y servido. El amor al Padre llevó a
san Antonio María Claret a querer seguir e imitar siempre a Jesucristo
en el orar, trabajar y
sufrir y abrirse a la acción
del Espíritu Santo, quien le inspiró la misión de evangelizar a los
pobres. Fue un alma grande, nacida para armonizar contrastes: humilde de
origen y grande a los ojos de Dios. Pequeño de estatura y gigante en el
espíritu. Aparentemente modesto y dotado de una autoridad moral admitida
por los poderosos de la tierra. Fuerte de carácter pero de suave dulzura
por la austeridad y la penitencia que se imponía. Siempre en presencia
de Dios aunque de una actividad exterior prodigiosa. Calumniado y
perseguido por unos y admirado por otros.
2. Maestro de
evangelizadores
Explicaba el Superior General
en la Misa de apertura del bicentenario que Cristo ocupó el centro de la
vida de San Antonio M. Claret. Y añadía: “Por Él se sintió amado. Por Él
se sintió acompañado. Por Él se sintió enviado. Toda vida humana
necesita un centro de gravedad que vaya llenando de sentido cada uno de
los episodios que conforman su historia. Para Claret este centro
integrador y dinamizador de su vida fue su relación con Cristo. Una
relación que cuidó con esmero y que dejó que moldeara toda su
existencia. Se trata de una relación que fue creciendo con los años y
que fue tomando connotaciones diversas en las distintas etapas de su
vida. Primero fue la experiencia del Jesús-amigo de sus años de niñez y
adolescencia. Siendo ya joven, el encuentro con Jesús imprimió un nuevo
rumbo a su vida a partir de aquél “de qué sirve al hombre ganar todo el
mundo si pierde su alma” que escuchó en una iglesia de Barcelona cuando
se le estaban abriendo prometedoras perspectivas profesionales. Fue
profundizando y consolidando su relación con Jesús en los años de
formación sacerdotal. Sabemos que como misionero quiso imitarle en todo,
pero sobre todo en su pasión por la gloria del Padre y en su entrega
absoluta al anuncio del Reino. La situación de los pobres que encontró
en Cuba le hizo sintonizar, de un modo especial, con la profunda
compasión de Jesús y le impulsó a crear diversos proyectos en favor de
los excluidos y a enfrentarse siempre que fue necesario a las
autoridades que no respetaban la dignidad de las personas y conculcaban
impunemente sus derechos. En Madrid pasó muchas horas contemplando a
Jesús perseguido, aprendiendo de Él a ser manso y humilde de corazón, a
perdonar y a ofrecer al Padre el sufrimiento que le provocaban tantas
calumnias y persecuciones como tuvo que soportar en aquel tiempo. Murió
besando el crucifijo, después de haber experimentado él mismo la cruz de
la persecución y del exilio. Jesús fue ciertamente su punto de
referencia absoluto, el centro integrador y dinamizador de su vida.
Fue la caridad de Cristo la
que le urgió durante toda su vida”. Y fue ella la que le impulsó a no
quedarse egoístamente con Jesucristo sino entregarle a los hombres, sus
hermanos. Comenta el actual Sucesor de Pedro: “‘Caritas Christi urget
nos’. Efectivamente, esta expresión del apóstol Pablo, que el Santo
escogió como lema episcopal, deja entender de modo claro cómo su
ferviente ardor misionero tenía su fuente sólo en la caridad ardiente de
Cristo que inundaba su alma, y que le apremiaba a entregarse sin
reservas para vencer cualquier obstáculo con tal de cumplir fielmente su
misión".
En una
sociedad que se abría a los cambios de la industrialización, el P.
Claret se descubrió a sí mismo como misionero, anteponiendo las
exigencias del Evangelio a los atractivos que podía ofrecer una vida
cómoda. Su arma fue la Palabra de Dios, vivida y anunciada como mensaje
de salvación para todos. “Ya desde muy joven –reconoce el
Papa Ratzinger- era un
apasionado de la Palabra divina, que ocupaba un papel central en su vida
espiritual. En ese contacto asiduo y familiar con la Escritura
encontraba siempre un manantial abundante de inspiración, de consuelo y
de fuerza, que le llevaba a dedicarse con todas sus energías a
difundirla y darla a conocer por doquier, para que todos pudieran
encontrar en ella la luz de sus vidas. Difundió la Palabra de Dios a
través de publicaciones, catequesis y predicaciones, convencido de que
en ella se encuentra el consuelo para los tristes, la fortaleza para los
débiles, la salud para los enfermos, el perdón para los pecadores. Desde
la oración continua, el estudio y la vida de piedad se convirtió en un
auténtico evangelizador, primero en su Cataluña natal, después en las
islas Canarias, para más tarde hacerlo, ya como arzobispo, en Cuba y en
España.
Esta experiencia de relación
vital con la Palabra de Dios ha de ser para nosotros un auténtico
patrimonio, inspiración unificadora y compromiso ineludible en las
diversas situaciones de vida que el envío misionero nos hará afrontar en
la hora actual de la evangelización.
La disponibilidad para el
ministerio de la Palabra sin fronteras, guiado por razones de urgencia,
oportunidad y eficacia al servicio del reino de Dios fue una
característica del ser misionero en san Antonio María Claret. Vosotros,
los claretianos y claretianas, la habéis heredado. Y así, superando
fronteras humanas y geográficas, estáis presentes en todos los
continentes trabajando en la misión «ad gentes» para suscitar el
nacimiento de nuevas comunidades cristianas. Sin olvidar la llamada
«misión interna» con la predicación renovadora en las antiguas Iglesias,
lleváis adelante vuestra opción por los pueblos que necesitan recibir la
Buena Nueva de Jesucristo.
Entre
sus numerosos escritos, al comentar la frase de San Pablo "nos apremia
el amor de Cristo", perfila el retrato de un misionero claretiano: "Un
hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde caridad y que
abrasa por dónde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los
medios, encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le
arredra, se goza en las privaciones, aborda los trabajos, abraza los
sacrificios, se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos.
No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y
en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación
de las almas".
La misión
evangelizadora, según el carisma del P. Claret, posee unos caracteres
distintivos: es radicalmente cristocéntrica, es universal y compartida,
es promotora de nuevos evangelizadores y de laicos comprometidos, se
realiza con los medios modernos y con un claro sentido pedagógico y se
distingue ante todo y sobre todo por el auténtico testimonio evangélico.
3. Los dos pies del
misionero: la santidad y la ciencia
Como bien
sabéis, la evangelización en el próximo milenio requiere un nuevo
discernimiento de vuestro apostolado misionero, sobre todo en la
propuesta vocacional a los jóvenes y en la formación de las futuras
generaciones de claretianos, siguiendo las
enseñanzas del fundador, para
quien la santidad y la ciencia son como los dos pies, ambos necesarios,
del misionero. Siendo
arzobispo de Santiago de Cuba, vuestro Fundador cultivó de un modo
especial la formación de los sacerdotes: “Puse las conferencias en todas
las poblaciones, tres cada semana, una de rúbricas y dos de moral; yo
siempre las presidía. La primera de cada mes era conferencia de día de
retiro, que consistía en un rato de lectura, oración y plática".
Es, por ello, digno de relieve
el esfuerzo que la congregación dedica a la formación permanente y a
cultivar la propia espiritualidad, basada en la experiencia ascética y
mística de san Antonio María, recogida especialmente en su
Autobiografía, carta magna de la espiritualidad claretiana. “Decir
‘vida consagrada’ es decir ‘formación’ y decir ‘misionero claretiano’ es
decir: ‘discípulo en proceso permanente de formación’. De ahí la
importancia extraordinaria ‘que esta cuestión tiene para nosotros’.
4. Fermento de unidad y
fraternidad
En el ejercicio de la acción
evangelizadora, quiere el P. Claret que sus hijos sean fermento de
unidad y fraternidad enseñando a todos los hombres y mujeres a sentirse
hijos del mismo Dios y Padre. Por eso, es consolador constatar que la
universalidad consolidada de la congregación os ha enriquecido también
con vocaciones provenientes de las más diversas partes del mundo; éste
es un hecho de gracia que acrecienta el gozo y la gratitud en la
celebración del bicentenario.
Por otra parte, la vida en
común es un distintivo esencial de toda vida consagrada. En las
Constituciones se señala que las colaboraciones en el ministerio de la
Palabra pertenecen al origen mismo de vuestra vida comunitaria.
El Padre Claret quería hacer con otros lo que solo no podía.
Interpreta la paz, la alegría y la armonía que reinan en la vida
comunitaria como un signo patente de la presencia de Dios y la vida
común la considera “una gracia singular que Dios nos dispensa por su
infinita bondad y misericordia”.
Este deseo del Fundador ha de llevar a sus hijos a incrementar la
espiritualidad de la comunión y a promover la colaboración de todos en
la transformación del mundo según el designio de Dios.
Vuestra vocación aparece
definida en las Constituciones como «el don de seguir a Cristo en
comunión de vida y proclamar el Evangelio a toda criatura» (n. 4). A lo
largo de la historia, éste ha sido el perfil que ha distinguido a los
hijos del P. Claret, que han brillado por su testimonio dentro de la
Iglesia.
5. Sentido eclesial
San
Antonio María Claret se sintió hombre de la Iglesia, vivió el misterio
de la Iglesia, pensó y actuó en plena fidelidad a ella. “Os aliento, os
dice el Papa en su Mensaje, a fomentar en vuestros corazones los grandes
amores que guiaron la vida del P. Claret: la Palabra de Dios, la
Eucaristía, la comunión eclesial, la adhesión al Papa y la devoción a
la Madre de
Dios”. Por eso supo también transmitir a sus hijos, como señal
distintiva de su carisma, un profundo «sentido eclesial», del que dio
claras muestras durante su ministerio sacerdotal y episcopal en las
circunstancias nada fáciles de su tiempo. Este vivo amor a la Iglesia,
que se manifiesta en la plena comunión y en la diligente obediencia a
los pastores, especialmente al Sucesor de Pedro, ha producido abundantes
frutos a lo largo de la historia de la Congregación.
Ante los grandes desafíos
evangelizadores del presente y del futuro, los misioneros claretianos,
en particular los comprometidos en la investigación teológica, la
enseñanza, la catequesis y el uso de los medios de comunicación social,
están llamados a vivir con lealtad la comunión eclesial, con adhesión de
mente y de corazón al Magisterio de la Iglesia, y a dar testimonio del
sentire cum Ecclesia. Del amor filial hacia la madre Iglesia
brota la fuerza y la incisividad de la acción apostólica.
6. Apóstol de los medios de
comunicación
El P. Claret escrutaba
continuamente los signos de los tiempos. Decía: "Uno de los medios que
la experiencia me ha enseñado ser más poderoso para el bien es la
imprenta”.
A sus 35 años publicó
numerosos folletos y libros, como “El Camino Recto", que sería el
libro de piedad más leído del siglo XIX. Fundó con su amigo José Caixal,
futuro obispo de Seu D'Urgel y Antonio Palau, la "Librería Religiosa",
la Cofradía del Corazón de María y escribía los Estatutos de La
Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María y Amantes de la
Humanidad, compuesta por sacerdotes y seglares, hombres y mujeres.
Escribió unas 96 obras propias
(15 libros y 81 opúsculos). Entre ellas destacan: "Avisos" a toda
clase de personas, "El catecismo explicado" "El colegial
instruido". Publicó otras 27 editadas, anotadas y a veces traducidas
por él. Sólo si se tiene en cuenta su gran capacidad de trabajo y las
fuerzas que Dios le daba, se puede comprender el hecho de que escribiera
tanto con una dedicación tan intensa al ministerio apostólico.
No era sólo escritor. Era
propagandista. Divulgó con profusión libros y hojas sueltas. Invertía
grandes sumas de dinero en la edición de los libros. "No todos pueden
escuchar sermones... pero todos pueden leer..." "El predicador se
cansa... el libro siempre está a punto... Son los libros la comida del
alma..." "Los libros son la mejor limosna", decía. Fundó la "Hermandad
espiritual de los libros buenos", que durante los años que estuvo bajo
su dirección hasta su ida a Cuba imprimió gran cantidad de libros,
opúsculos y hojas volantes, con un promedio anual de más de medio millón
de impresos por lo que recibió la felicitación personal del Papa Pío IX.
Fundó la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, para la
difusión de los libros y constituyó uno de los primeros ensayos de
apostolado seglar activo por estar integrada por sacerdotes y seglares
de ambos sexos.
Toda una llamada para que
nosotros evangelicemos utilizando los medios de comunicación social de
nuestro tiempo y evangelicemos los medios mismos. En el siglo de la
imagen y el sonido no podemos vincular la evangelización exclusivamente
a la palabra hablada o escrita.
7. Con María y
como María
La devoción y el amor a
la Santísima Virgen marcaron su vida desde niño.
En el bautismo le impusieron el nombre de
Antonio, pero después él se añadió el nombre de María y lo explicaba
diciendo: "Es que María Santísima es mi Madre, mi Maestra y mi todo,
después de Jesús".
Le invoca con la expresión ‘mi dulce Madre’. Y con razón se puede decir
que la devoción de Claret a la Virgen fue “como luz suave que todo lo
ilumina” (Pío XII)
“La meditación del Misterio de
María fue –ha dicho el P. General- la fragua en la que aprendió a
‘ocuparse de las cosas del Padre’ y en la que se forjó como misionero
enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres. María ocupa un lugar
preeminente en el corazón y en la espiritualidad de San Antonio M.
Claret. Con María cantó muchas veces aquel Magnificat que proclama la
bondad y la misericordia del Padre y la certeza de la transformación del
mundo. De la meditación del misterio de María recibía el fuego que
mantenía vivo su compromiso por una evangelización profética, a pesar de
todas las dificultades. Por eso quiso que sus misioneros se llamaran
“hijos del Corazón inmaculado de María””.
La Virgen era para él la
estrella que le guiaba. Se imaginaba que sus oraciones subían al cielo
por unos "hilos misteriosos". De niño, todos los días rezaba una parte
del Santo Rosario y de mayor, los quince misterios. La Virgen le había
dicho: "Tú serás el Domingo de estos tiempos. Promueve el Santo
Rosario". Amaba mucho a María, pero María le amaba más a él y siempre le
concedió lo que pedía. La Virgen lo libró de enfermedades, de peligros,
de tentaciones e incluso de la muerte. Decía el Santo: "Ya veis cuánto
importa ser devoto de María. Ella os librará de males y desgracias de
cuerpo y alma. Os alcanzará los bienes terrenales y eternos.... Rezadle
el Santo Rosario todos los días y veréis cómo María será vuestra Madre,
vuestra abogada, vuestra medianera, vuestra maestra, vuestro todo
después de Jesús". "Ni en mi vida personal, ni en mis andanzas
misioneras podía olvidarme de la figura maternal de María. Ella es todo
corazón y toda amor. Siempre la he visto como Madre del Hijo amado y
esto la hace Madre mía, Madre de la Iglesia, Madre de todos. Mi relación
con María siempre ha sido muy íntima y a la vez cercana y familiar, de
gran confianza. Yo me siento formado y modelado en la fragua de su amor
de Madre, de su Corazón lleno de ternura y amor. Por eso me siento un
instrumento de su maternidad divina. Ella está siempre presente en mi
vida y en mi predicación misionera. Para mí, María, su Corazón
Inmaculado, ha sido siempre y es mi fuerza, mi guía, mi consuelo, mi
modelo, mi Maestra, mi todo después de Jesús".
Entre los
elementos que configuran la identidad religiosa de los misioneros
claretianos está la devoción a María. De su Corazón Inmaculado los hijos
de Claret han aprendido su actitud contemplativa en la acogida de la
Palabra, su caridad y sencillez en transmitirla y su adhesión cordial al
plan misericordioso de Dios, que lleva a estar cerca de los pobres y
necesitados. Por ello, los misioneros claretianos deben seguir siendo
portadores del mensaje profético de esperanza que, con el lenguaje del
corazón, María propone hoy a la familia humana, tan lastimada en sus
valores y aspiraciones más profundas.
8. El P. Claret y la Vida
Consagrada
Los biógrafos del P. Claret
nunca omiten su entusiasmo y su actividad a favor de la Vida Consagrada.
Por una parte, se nos aparece como un gran impulsor de esta
forma de vida. Son múltiples sus intervenciones en la fundación o
refundación de congregaciones de vida activa, que por entonces surgían
en gran número: además de los CMF funda las Misioneras Claretianas con
la Madre París en Cuba (1852). Un puesto privilegiado lo ocupan las
Carmelitas de la Caridad, a las que llama ‘las nuestras’. También dio
orientaciones muy precisas a las Franciscanas de la Madre del Divino
Pastor, a las Adoratrices, a las Hijas de Cristo Rey, etc…
El P. Claret afirmaba que “es
más fácil fundar de nuevo que reformar”. Pero no por ello renunció a la
revitalización de órdenes antiguas. Hagamos referencia como botón
de muestra a sus muchos trabajos por reimplantar en El Escorial a los
Jerónimos.
Acerca de la creatividad
hay que destacar ante todo que puso en marcha formas nuevas de Vida
Consagrada, en concreto, lo que hoy son los institutos seculares, que él
– a falta de terminología pertinente – designó como “religiosas en sus
casas”. Hoy se trata del Instituto Secular ‘Filiación Cordimariana’.
Por fin destaquemos su
admiración por la vida religiosa y la confianza que deposita
en la misma, quizá mayor por la no conventual (Hermanos de las Escuelas
Cristianas, Compañía de Jesús).
Nosotros recogemos su llamada
a orar y trabajar por las vocaciones de especial consagración. Estamos
convencidos de que Dios sigue llamando, pero muchos jóvenes tienen sus
oídos empleados en escuchar otras voces y otras músicas y así no pueden
ni escuchar su llamada ni dar una respuesta positiva. Acompañemos
personalmente a los posibles candidatos a la Vida Consagrada. Formemos
familias verdaderamente cristianas donde puedan surgir nuevas vocaciones
y puedan ser apoyadas convenientemente.
9. Los misioneros
claretianos en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol
En agosto
de 1910 llegan a nuestra diócesis los primeros claretianos,
concretamente a Baltar, la primera fundación en Galicia. Desde allí
comenzaron a trabajar en el ministerio de la predicación y ayudaron
generosamente a los párrocos. En esta Casa practicaron el Año de
Pastoral todos los claretianos de la provincia de Castilla al terminar
su preparación académica hasta el año 1958. Consta su participación en
el Año Mariano de 1954 y en la Semana Mariana que se celebró en Ferrol
del 9 al 16 de mayo de ese mismo año. También fue Seminario Menor. En la
década de los setenta la comunidad de Baltar queda unida a la de Ferrol
y la Casa se dedica a colonias de verano. En 1977 se cede a las
Hermanitas de los Pobres mientras levantan el nuevo edificio conocido
por ‘Mi Casa’ e igualmente de 1981 a 1983 lo ocupan las Hijas de la
Caridad como sede temporal del Hogar Infantil Virgen del Carmen. No
prosperó el intento de que fundaran las Carmelitas Descalzas de la
Coruña utilizando una parte del Convento y tampoco que Asfedro lo
pudiera utilizar como lugar de reinserción de drogadictos. Desde 1987 se
vuelve a celebrar la Eucaristía y atender Baltar y a partir de 1989
vuelven las convivencias juveniles, la celebración de la Pascua con
jóvenes y los campamentos de verano, etc…
Baltar volvió a ser comunidad
independiente en el año 2004 formada por tres claretianos y atendiendo
además del Santuario y parroquia de Baltar las parroquias cercanas de
Val y de Meirás.
A la ciudad de Ferrol llegan
los claretianos en 1914 para luchar contra la indiferencia religiosa y,
sobre todo, para trabajar en la santificación de los ferrolanos. Eran
cuatro Padres y un Hermano. El primer Superior P. José Martín alquiló
una casa en el número 12 de la Plaza de las Angustias para estar muy
próximos al Santuario. Las crónicas cuentan que comenzaron su andadura
con mucha discreción para evitar reacciones en el ambiente anticlerical
de la ciudad. Los Misioneros se dedicaron al ejercicio del sagrado
ministerio, principalmente a la predicación, a la reconciliación de los
pecadores y a la catequesis. Fueron muy bien acogidos. No había
terminado su primer año en Ferrol y ya habían dirigido Ejercicios
Espirituales a las Religiosas de Cristo Rey, Siervas de Jesús, Oblatas
del Divino Redentor y Hermanitas de los Pobres. Dirigieron también
Ejercicios al clero de la diócesis en Mondoñedo y posteriormente a los
seminaristas.
Los Anales de 1915 recogen que
asistían al Catecismo en el Santuario 300 niños. En ese mismo año
organizaron el Apostolado de la Oración, las Marías de los Sagrarios,
los Juanes, la juventud Católica… además de atender a la Cofradía de las
Angustias. Incluso en 1916 llegan a fundar el Sindicato Católico de
Santa Zita para atender a las que hoy llamamos empleadas de hogar.
Curiosamente la Archicofradía del Corazón de María no se funda hasta
1917.
En 1923 tienen casa propia,
los claretianos son ocho y siguen proliferando las asociaciones en torno
al Santuario: Acción Católica de la Mujer, Juventud Católica Mariana
Femenina, Asociación de Santa Teresita… Desde 1930 atienden la
capellanía del Colegio de Cristo Rey.
Los años treinta fueron años
de incertidumbre a causa de la situación política. Los religiosos
tuvieron que ir a Baltar y tanto libros como objetos valiosos fueron
custodiados por personas particulares. En 1936 la Casa fue asaltada y
quemados todos los enseres. La Comunidad pudo salvarse y los Padres no
dejaron de atender el culto excepto el día 20 de octubre… Desde finales
de los años treinta la Comunidad predica no sólo en Galicia, sino
también más allá de sus fronteras.
El año 1943 tuvo lugar un
acontecimiento importante: la ciudad de Ferrol se consagra al Corazón de
María. Se preparó el acontecimiento con un triduo solemne en San Julián
predicado por el P. Echevarría. En septiembre de ese mismo año se
consagra la diócesis entera: el entonces obispo Mons. Benjamín de Arriba
y Castro encargó al P. Nebreda la predicación de la novena a Nuestra
Señora de los Remedios en la Catedral de Mondoñedo y el 8 de septiembre
tiene lugar la consagración
En 1945 compraron la casa de
Plaza de las Angustias nº 12 para poder ampliar el espacio que ocupaban.
Con motivo
de la canonización del P. Claret el 7 de mayo de 1950 hubo peregrinación
a Roma, se celebró un triduo en S. Julián donde el santo había predicado
el 3 de
septiembre de 1858 y predicaron el obispo de Palencia oriundo de esta
diócesis mindoniense Mons. José Souto Vizoso, el obispo de Tuy y el
Arzobispo de Santiago.
Los claretianos de Ferrol
tomaron parte muy activa en la Misión de 1949 y, sobre todo, en la gran
Misión de Ferrol en el año 1960.
En 1964 se celebran con
solemnidad las bodas de oro de la presencia de los Misioneros
claretianos en Ferrol. El día 12 de septiembre hubo Misa de Pontifical
presidida por el Obispo de la diócesis Mons. Jacinto Argaya y a
continuación procesión con las imágenes del Corazón de María y la Virgen
de las Angustias.
En 1968 la diócesis de
Mondoñedo-Ferrol encarga a los claretianos la parroquia de Esteiro, que
siguen atendiendo en la actualidad.
La celebración del
bicentenario del nacimiento del Fundador de los Misioneros del Corazón
de María puede ser la ocasión propicia para que el Obispo de Mondoñedo-Ferrol,
haciéndose eco del sentir de la diócesis entera, agradezca la presencia,
el testimonio y el trabajo pastoral de los claretianos entre nosotros:
en Baltar y en Ferrol. Se trata como se ve de una presencia dilatada en
el tiempo y muy cualificada en la acción pastoral. Han cuidado las obras
que reclamaba la situación del momento y las realidades diocesanas antes
que sus propias obras. Se han insertado de una manera admirable en el
presbiterio diocesano, donde son muy apreciados. Han ejercido
admirablemente su carisma en la predicación abundante y en las Misiones
populares y ahora atienden con generosa entrega el Santuario de Nuestra
Señora de las Angustias, la Parroquia del mismo nombre y pequeñas
parroquias de carácter rural. A la diócesis de Mondoñedo-Ferrol no se
viene por casualidad ni se viene de paso. Los claretianos, desde el P.
General hasta las comunidades que viven y trabajan con nosotros pasando
por el gobierno de la nueva Provincia, saben valorar muy bien el
testimonio de la Congregación en esta diócesis del noroeste gallego,
algo muy de agradecer por parte nuestra.
10. Caminos de futuro
Los cambios culturales de
nuestro mundo reclaman de nosotros nuevos lenguajes porque los signos
que antes fueron elocuentes ahora puede que no sean comprendidos. El
consumismo y el laicismo que dominan nuestra sociedad pueden dejar
secuelas en el modo de pensar y sentir de algunos religiosos, que
sienten la necesidad de redescubrir hoy la belleza de su camino
vocacional. La vida consagrada no se puede concebir ya al margen de las
otras formas de vida cristiana porque es necesaria la complementariedad
a la hora de vivir la propia vocación y ser signos del Reino en nuestro
mundo. Las situaciones de exclusión, de injusticia y violencia que
marcan el momento histórico que nos ha tocado vivir nos empujan hacia
los más desfavorecidos intentando una forma muy distinta de organizar
nuestras comunidades.
La nueva evangelización a la
que hemos sido convocados ya por el Papa Juan Pablo II no se queda en lo
exterior y organizativo sino que lleva a “emprender una profunda
renovación de nuestros modos de convocatoria y atención pastoral que:
acompaña y no sólo enseña;reconoce y estimula y no sólo reprende;es
misionera y no de simple mantenimiento; sabe ‘hacer con otros’ y no es
mera tarea individual; se basa en procesos y no en acciones puntuales;
responde a los nuevos desafíos y no atiende sólo a demandas; ofrece
servicios especializados y no simplemente genéricos.
“Recordar hoy la figura de
Claret –decía el P. General en la Homilía en la apertura del
bicentenario- nos anima a asumir con decisión y generosidad la
gozosa tarea de anunciar el Reino. La sed de verdad y de amor, el deseo
de vivir con sentido y de construir un mundo más fraterno y solidario
sigue sólidamente presente en el corazón de nuestra gente. Existen,
ciertamente, muchos factores que intentan acallar esta sed o colmar este
deseo con ofertas que no son capaces de responder a los más profundos
anhelos del corazón humano. El anuncio de la Palabra, que nos guía hacia
la propia interioridad donde es posible el encuentro con Dios y nos da
las claves para interpretar y orientar la historia, es más urgente que
nunca. Sabemos que la experiencia del amor de Dios nos capacita para
acoger a los demás como hermanos y a la Creación como don a compartir.
Si fuéramos capaces de mirar la realidad con aquella compasión de Jesús,
que llenaba también el corazón de Claret, nacería en nosotros el deseo
poderoso de hacer algo. No nos preocuparía mantener posiciones de poder
o de prestigio, porque estaríamos interesados solamente en acercarnos a
aquellos que esperan un gesto de amor en medio de las experiencias de
exclusión que están viviendo. No nos sentiríamos amenazados por nada ni
por nadie porque nos llenaría el corazón la paz de quien se sabe amado
por el Padre y enviado por Jesús que prometió estar siempre con sus
discípulos. No nos daría miedo dar testimonio de nuestra fe porque
sabríamos que es el mejor servicio que podemos ofrecer a los hermanos.
No cejaríamos en nuestro empeño por crear un mundo más cercano al
proyecto de Dios para sus hijos porque nos dejaríamos llevar por la
certeza de que el proyecto del Padre es un mundo nuevo “en el que reine
la justicia”. Nos inquietaría solamente ver la situación de tantas
personas que, por motivos diversos, no alcanzan a vivir la experiencia
de saberse amados y nos sentiríamos poderosamente llamados a ser
expresión del Corazón del Padre en el contexto particular en que nos
toca vivir a cada uno. El recuerdo de Claret nos sitúa en clave
misionera”.
Queridos amigos claretianos y
claretianas, deseo confiar al Corazón Inmaculado de la Madre de Dios
vuestros proyectos apostólicos, vuestro afán misionero y las esperanzas
que os animan. Que Ella os conceda la alegría de ser instrumentos
dóciles y generosos en el anuncio del Evangelio a los hombres y mujeres
de nuestro tiempo. “Que Dios sea conocido, amado y servido de todos”,
como quería vuestro santo Fundador.
Ferrol, 23 de diciembre de
2007, conmemoración de los 200 años del nacimiento del P. Claret.