San Antonio María Claret, maestro de evangelizadores

     08.01.2007

                                                   

 
 
 
   

 

 

 

Queridos diocesanos y querida Familia Claretiana:

 

 

Varios son los motivos que me mueven a escribiros esta Carta:

 

En primer lugar, la celebración del bicentenario del nacimiento del P. Claret, cuyo objetivo general es el de “hacer memoria, actualizar, dar a conocer y celebrar la figura de San Antonio María Claret en la vida claretiana, eclesial y social”. El Superior General advertía en la homilía de apertura del bicentenario: “No recordamos simplemente un personaje admirado. Hacemos memoria de alguien con quien nos une una comunión profunda que nace de la experiencia de una misma llamada de parte de Dios. Se trata de alguien que ha tenido y sigue teniendo un impacto en nuestra vida. Con el carisma de San Antonio M. Claret, con ese modo peculiar suyo de sentir a Dios, esa su forma de vivir la relación con María, esa explosión de celo misionero que se tradujo en su vida en mil iniciativas, con ese sueño suyo de implicar a todos en el anuncio del Reino, sentimos una profunda sintonía”.

 

En segundo lugar, estamos siendo testigos privilegiados de los primeros pasos de nueva Provincia claretiana de Santiago que acaba de lanzar su ‘Proyecto de vida y misión’. No se trata de algo puramente organizativo y estructural. “Nacer como Provincia –manifiestan los misioneros claretianos- nos invita a repensar nuestros estilos de vida, a potenciar los necesarios procesos de conversión, personales y comunitarios, buscando un seguimiento más radical de Jesús según nuestras Constituciones (cf. CC 4.28)”

 

Por último, la presencia y el testimonio de los claretianos en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol que se remonta a 1910 en Baltar, la primera fundación en Galicia. En 1914 los claretianos abren casa en Ferrol  para atender la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, cuyo usufructo perpetuo les concede el entonces Obispo de la misma Mons. Juan José Solís y Fernández. En uno de sus viajes acompañando a la Reina Isabel II el P. Claret predicó en la Iglesia de S. Julián de Ferrol, hoy Concatedral, y en ella podemos leer la siguiente inscripción: “El día 3 de septiembre de 1858 S. Antonio Mª Claret que estuvo en la ciudad del 1 al 5 de dicho mes y año dirigió su apostólica palabra al pueblo de Ferrol que abarrotaba las naves de este templo. Ad perpetuam rei memorian 15. 6. 1953”.

 

 

 

1. Rasgos biográficos

 

San Antonio Mª Claret nació en tierras catalanas, en Sallent, cerca de Barcelona, diócesis de Vic, el 23 diciembre de 1807. Acabada la educación primaria, a los doce años comenzó a trabajar como aprendiz en el taller textil de su padre. A los diecisiete viajó a Barcelona para estudiar el arte de la fabricación. En medio de sus estudios, trabajos y contrariedades, sintió la llamada de Dios a cambiar de vida. Le impresionaron las palabras del evangelio ¿De qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si arruina su vida?

 

En un principio pensó en hacerse monje cartujo, pero su director espiritual que conocía su inmensa capacidad de trabajo y su fuerte inclinación a la actividad le ayudó a ver que esa no era su vocación. A los 23 años ingresó en el Seminario de Vic (España) y allí recibió la ordenación sacerdotal el 13 de junio de 1835, tres años antes de terminar los estudios sacerdotales. Fue luego nombrado vicepárroco y pronto empezó el pueblo a reconocer el don principal que Dios le había dado: era un predicador impresionante, de una eficacia arrolladora.

 

A los cuatro años de trabajar en la parroquia siente que su vocación era otra: “su espíritu era para todo el mundo” y, con el permiso de su obispo, se marcha a Roma para ponerse a las órdenes de Propaganda Fide e irse a misiones. Le proponen para lograr este fin entrar en la Compañía de Jesús e ingresó en el Noviciado, pero un fortísimo dolor en una pierna le obligó a irse de allí y volver a España. Más tarde el Superior general de los jesuitas le escribirá: "Dios lo trajo a nuestra comunidad, pero no para que se quedara en ella, sino para que aprendiera a ganar almas para el cielo".

 

De regreso a España su obispo le manda a Viladrau, pero su mismo prelado le libera de las tareas parroquiales el 23 de enero de 1841 para que se dedique al ministerio apostólico de la evangelización. Tenía 33 años. De todas partes lo llamaban a predicar misiones populares. Llegó a predicar hasta diez sermones en un mismo día. Viajaba siempre a pie y sin dinero. En el confesionario era extraordinariamente amable y sumamente comprensivo con los pecadores, pero en la predicación hablaba fuertemente contra los vicios y las malas costumbres. Durante 15 años predicó incansablemente por el norte de España, y las conversiones se obraban por doquier. Se dice que a lo largo de su vida predicó más de 10.000 sermones.

 

Algo similar a lo que en aquel momento histórico hizo San Juan Bosco en Italia a favor de las buenas lecturas, lo hizo San Antonio Claret en España. Se dio cuenta de que una buena lectura puede hacer mayor bien que un sermón y se propuso emplear todo el dinero que conseguía en difundir buenos libros. Mandaba imprimir y regalaba hojas religiosas, por centenares de miles. Ayudó a fundar la ‘Librería Religiosa’ de Barcelona y fue el que más difundió las publicaciones de esa librería. Él mismo redactó más de 200 libros y folletos sencillos para el pueblo, que tuvieron centenares de ediciones. Los regalaba donde quiera que llegaba. No cobraba nada por las misiones que predicaba. Vivía en la más absoluta pobreza, pero regalaba libros como si le sobrara el dinero. Dios le ayudaba.

 

El 16 de julio de 1849 fundó la Congregación de Misioneros Hijos de Inmaculado Corazón de María, de la que hablaremos más adelante. 

 

Poco después fue nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba, siendo consagrado el 6 de octubre de 1849. La ciudad de La Habana llevaba 14 años sin arzobispo porque eran tiempos de persecuciones contra la Iglesia Católica. Al fin a la reina de España le pareció que el sacerdote mejor preparado para ese cargo era el Padre Claret. Le escribió al Sumo Pontífice y este lo nombró Arzobispo de La Habana. El se negaba a aceptar porque le parecía que no era digno, pero sus amigos sacerdotes le dijeron que en conciencia tenía que aceptarlo porque esa era la voluntad de Dios. El lema de su escudo arzobispal fue La caridad de Cristo me urge, síntesis de su espíritu misionero. Durante siete años trabajó incansablemente en Cuba. Allí sobresalió por su celo y por la promoción humana y cristiana de los fieles de su archidiócesis de ultramar: dos veces realizó la llamada Visita Pastoral a la diócesis, creó 53 parroquias, reformó el Seminario, aumentó Congregaciones y fundó con la Madre París las Religiosas de María Inmaculada para la educación. Puso en marcha escuelas gratuitas, levantó Casas de caridad con escuelas de trabajo, constituyó Cajas de Ahorro en 1854 y las implantó en las parroquias, promoviendo el empleo mediante granjas agrícolas en 1855. En las cárceles se preocupó de que hubiera talleres y se enseñaran oficios para  la reinserción de los presos

Conocedora la reina Isabel II de las extraordinarias dotes y santidad del arzobispo de Santiago de Cuba, le nombró su confesor el 18 marzo de 1857. Claret alternaba sus tareas habituales de confesor, escritor y predicador en Madrid. Convirtió los viajes reales en misiones y soñó El Escorial, no sólo como foco de formación científica y sacerdotal, sino como una estratégica casa-misión y de Ejercicios de alcance internacional. Concibió también la idea y proyectó una catedral más digna para Madrid. A no pocos artistas de España entera los tenía asociados en otra de sus grandes realizaciones: la ‘Academia de San Miguel’. Esta intensa actividad del confesor regio, absolutamente apartado de la política, atrajo sin embargo las iras de las sectas, que maquinaron de mil formas contra su honor y su vida, con atroces calumnias, la menor de las cuales era la de intrigante político.

En 1869 una revolución desterró a la reina y por lo tanto quedó también desterrado su capellán, el arzobispo Claret. Él aprovechó este destierro para asistir al Concilio Vaticano I en Roma en 1870, donde pronunció un gran discurso que fue muy aplaudido y muy comentado y elogiado. En Francia fue recibido por los monjes cistercienses del monasterio de Fuente Fría, y allí, tras haber escrito por orden del superior de su comunidad, su autobiografía empezó a sentirse enfermo y después de dos meses de enfermedad expiró el 24 de octubre de 1870. Tenía apenas 63 años pero estaba desgastado de tanto predicar, escribir, viajar y sufrir por la salvación de los hombres. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio monacal con la inscripción de Gregorio VII: "Amé la justicia y odié la iniquidad, por eso muero en el destierro". Los restos de San Antonio Mª Claret se veneran hoy en la Iglesia de los Misioneros Claretianos en Vic.

En 1934 fue beatificado y en 1950 fue canonizado por el Papa Pío XII. A partir de este momento y ya de forma oficial “la vida, las enseñanzas y el ejemplo de este preclaro Pastor constituyen un extraordinario patrimonio espiritual, no sólo para quienes se inspiran directamente en su carisma, sino también para toda la Iglesia” como reconoce el Papa Benedicto XVI.

S. Antonio María Claret es todo un ejemplo de cómo el Señor puede encaminar a quien se pone en sus manos por caminos insospechados. El nos ofrece un elocuente testimonio de amor apasionado a Dios, pues su vida fue un consumirse de celo apostólico para que él fuera conocido, amado y servido. El amor al Padre llevó a san Antonio María Claret a querer seguir e imitar siempre a Jesucristo en el orar, trabajar y sufrir y abrirse a la acción del Espíritu Santo, quien le inspiró la misión de evangelizar a los pobres. Fue un alma grande, nacida para armonizar contrastes: humilde de origen y grande a los ojos de Dios. Pequeño de estatura y gigante en el espíritu. Aparentemente modesto y dotado de una autoridad moral admitida por los poderosos de la tierra. Fuerte de carácter pero de suave dulzura por la austeridad y la penitencia que se imponía. Siempre en presencia de Dios aunque de una actividad exterior prodigiosa. Calumniado y perseguido por unos y admirado por otros.

 

2. Maestro de evangelizadores

 

Explicaba el Superior General en la Misa de apertura del bicentenario que Cristo ocupó el centro de la vida de San Antonio M. Claret. Y añadía: “Por Él se sintió amado. Por Él se sintió acompañado. Por Él se sintió enviado. Toda vida humana necesita un centro de gravedad que vaya llenando de sentido cada uno de los episodios que conforman su historia. Para Claret este centro integrador y dinamizador de su vida fue su relación con Cristo. Una relación que cuidó con esmero y que dejó que moldeara toda su existencia. Se trata de una relación que fue creciendo con los años y que fue tomando connotaciones diversas en las distintas etapas de su vida. Primero fue la experiencia del Jesús-amigo de sus años de niñez y adolescencia. Siendo ya joven, el encuentro con Jesús imprimió un nuevo rumbo a su vida a partir de aquél “de qué sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma” que escuchó en una iglesia de Barcelona cuando se le estaban abriendo prometedoras perspectivas profesionales. Fue profundizando y consolidando su relación con Jesús en los años de formación sacerdotal. Sabemos que como misionero quiso imitarle en todo, pero sobre todo en su pasión por la gloria del Padre y en su entrega absoluta al anuncio del Reino. La situación de los pobres que encontró en Cuba le hizo sintonizar, de un modo especial, con la profunda compasión de Jesús y le impulsó a crear diversos proyectos en favor de los excluidos y a enfrentarse siempre que fue necesario a las autoridades que no respetaban la dignidad de las personas y conculcaban impunemente sus derechos. En Madrid pasó muchas horas contemplando a Jesús perseguido, aprendiendo de Él a ser manso y humilde de corazón, a perdonar y a ofrecer al Padre el sufrimiento que le provocaban tantas calumnias y persecuciones como tuvo que soportar en aquel tiempo. Murió besando el crucifijo, después de haber experimentado él mismo la cruz de la persecución y del exilio. Jesús fue ciertamente su punto de referencia absoluto, el centro integrador y dinamizador de su vida.

 

Fue la caridad de Cristo la que le urgió durante toda su vida”. Y fue ella la que le impulsó a no quedarse egoístamente con Jesucristo sino entregarle a los hombres, sus hermanos. Comenta el actual Sucesor de Pedro: “‘Caritas Christi urget nos’. Efectivamente, esta expresión del apóstol Pablo, que el Santo escogió como lema episcopal, deja entender de modo claro cómo su ferviente ardor misionero tenía su fuente sólo en la caridad ardiente de Cristo que inundaba su alma, y que le apremiaba a entregarse sin reservas para vencer cualquier obstáculo con tal de cumplir fielmente su misión".

 

En una sociedad que se abría a los cambios de la industrialización, el P. Claret se descubrió a sí mismo como misionero, anteponiendo las exigencias del Evangelio a los atractivos que podía ofrecer una vida cómoda. Su arma fue la Palabra de Dios, vivida y anunciada como mensaje de salvación para todos. “Ya desde muy joven –reconoce el Papa Ratzinger- era un apasionado de la Palabra divina, que ocupaba un papel central en su vida espiritual. En ese contacto asiduo y familiar con la Escritura encontraba siempre un manantial abundante de inspiración, de consuelo y de fuerza, que le llevaba a dedicarse con todas sus energías a difundirla y darla a conocer por doquier, para que todos pudieran encontrar en ella la luz de sus vidas.  Difundió la Palabra de Dios a través de publicaciones, catequesis y predicaciones, convencido de que en ella se encuentra el consuelo para los tristes, la fortaleza para los débiles, la salud para los enfermos, el perdón para los pecadores. Desde la oración continua, el estudio y la vida de piedad se convirtió en un auténtico evangelizador, primero en su Cataluña natal, después en las islas Canarias, para más tarde hacerlo, ya como arzobispo, en Cuba y en España.

 

Esta experiencia de relación vital con la Palabra de Dios ha de ser para nosotros un auténtico patrimonio, inspiración unificadora y compromiso ineludible en las diversas situaciones de vida que el envío misionero nos hará afrontar en la hora actual de la evangelización.

 

La disponibilidad para el ministerio de la Palabra sin fronteras, guiado por razones de urgencia, oportunidad y eficacia al servicio del reino de Dios fue una característica del ser misionero en san Antonio María Claret. Vosotros, los claretianos y claretianas, la habéis heredado. Y así, superando fronteras humanas y geográficas, estáis presentes en todos los continentes trabajando en la misión «ad gentes» para suscitar el nacimiento de nuevas comunidades cristianas. Sin olvidar la llamada «misión interna» con la predicación renovadora en las antiguas Iglesias, lleváis adelante vuestra opción por los pueblos que necesitan recibir la Buena Nueva de Jesucristo.

 

Entre sus numerosos escritos, al comentar la frase de San Pablo "nos apremia el amor de Cristo", perfila el retrato de un misionero claretiano: "Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde caridad y que abrasa por dónde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra, se goza en las privaciones, aborda los trabajos, abraza los sacrificios, se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas".

 

La misión evangelizadora, según el carisma del P. Claret, posee unos caracteres distintivos: es radicalmente cristocéntrica, es universal y compartida, es promotora de nuevos evangelizadores y de laicos comprometidos, se realiza con los medios modernos y con un claro sentido pedagógico y se distingue ante todo y sobre todo por el auténtico testimonio evangélico.

 

 

 

3. Los dos pies del misionero: la santidad y la ciencia

 

Como bien sabéis, la evangelización en el próximo milenio requiere un nuevo discernimiento de vuestro apostolado misionero, sobre todo en la propuesta vocacional a los jóvenes y en la formación de las futuras generaciones de claretianos, siguiendo las enseñanzas del fundador, para quien la santidad y la ciencia son como los dos pies, ambos necesarios, del misionero. Siendo arzobispo de Santiago de Cuba, vuestro Fundador cultivó de un modo especial la formación de los sacerdotes: “Puse las conferencias en todas las poblaciones, tres cada semana, una de rúbricas y dos de moral; yo siempre las presidía. La primera de cada mes era conferencia de día de retiro, que consistía en un rato de lectura, oración y plática".

 

Es, por ello, digno de relieve el esfuerzo que la congregación dedica a la formación permanente y a cultivar la propia espiritualidad, basada en la experiencia ascética y mística de san Antonio María, recogida especialmente en su Autobiografía, carta magna de la espiritualidad claretiana. “Decir ‘vida consagrada’ es decir ‘formación’ y decir ‘misionero claretiano’ es decir: ‘discípulo en proceso permanente de formación’. De ahí la importancia extraordinaria ‘que esta cuestión tiene para nosotros’.

 

 

 

4. Fermento de unidad y fraternidad

 

En el ejercicio de la acción evangelizadora, quiere el P. Claret que sus hijos sean fermento de unidad y fraternidad enseñando a todos los hombres y mujeres a sentirse hijos del mismo Dios y Padre. Por eso, es consolador constatar que la universalidad consolidada de la congregación os ha enriquecido también con vocaciones provenientes de las más diversas partes del mundo; éste es un hecho de gracia que acrecienta el gozo y la gratitud en la celebración del bicentenario.

 

Por otra parte, la vida en común es un distintivo esencial de toda vida consagrada. En las Constituciones se señala que las colaboraciones en el ministerio de la Palabra pertenecen al origen mismo de vuestra vida comunitaria. El Padre Claret quería hacer con otros lo que solo no podía.  Interpreta la paz, la alegría y la armonía que reinan en la vida comunitaria como un signo patente de la presencia de Dios y la vida común la considera “una gracia singular que Dios nos dispensa por su infinita bondad y misericordia”. Este deseo del Fundador ha de llevar a sus hijos a incrementar la espiritualidad de la comunión y a promover la colaboración de todos en la transformación del mundo según el designio de Dios.

 

Vuestra vocación aparece definida en las Constituciones como «el don de seguir a Cristo en comunión de vida y proclamar el Evangelio a toda criatura» (n. 4). A lo largo de la historia, éste ha sido el perfil que ha distinguido a los hijos del P. Claret, que han brillado por su testimonio dentro de la Iglesia.

 

 

 

5. Sentido eclesial

 

San Antonio María Claret se sintió hombre de la Iglesia, vivió el misterio de la Iglesia, pensó y actuó en plena fidelidad a ella. “Os aliento, os dice el Papa en su Mensaje, a fomentar en vuestros corazones los grandes amores que guiaron la vida del P. Claret: la Palabra de Dios, la Eucaristía, la comunión eclesial, la adhesión al Papa y la devoción a la Madre de Dios”. Por eso supo también transmitir a sus hijos, como señal distintiva de su carisma, un profundo «sentido eclesial», del que dio claras muestras durante su ministerio sacerdotal y episcopal en las circunstancias nada fáciles de su tiempo. Este vivo amor a la Iglesia, que se manifiesta en la plena comunión y en la diligente obediencia a los pastores, especialmente al Sucesor de Pedro, ha producido abundantes frutos a lo largo de la historia de la Congregación.

 

Ante los grandes desafíos evangelizadores del presente y del futuro, los misioneros claretianos, en particular los comprometidos en la investigación teológica, la enseñanza, la catequesis y el uso de los medios de comunicación social, están llamados a vivir con lealtad la comunión eclesial, con adhesión de mente y de corazón al Magisterio de la Iglesia, y a dar testimonio del sentire cum Ecclesia. Del amor filial hacia la madre Iglesia brota la fuerza y la incisividad de la acción apostólica.

 

 

 

6. Apóstol de los medios de comunicación

 

El P. Claret escrutaba continuamente los signos de los tiempos. Decía: "Uno de los medios que la experiencia me ha enseñado ser más poderoso para el bien es la imprenta”.

 

A sus 35 años publicó numerosos folletos y libros, como “El Camino Recto", que sería el libro de piedad más leído del siglo XIX. Fundó con su amigo José Caixal, futuro obispo de Seu D'Urgel y Antonio Palau, la "Librería Religiosa", la Cofradía del Corazón de María y escribía los Estatutos de La Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María y Amantes de la Humanidad, compuesta por sacerdotes y seglares, hombres y mujeres.

 

Escribió unas 96 obras propias (15 libros y 81 opúsculos). Entre ellas destacan: "Avisos" a toda clase de personas, "El catecismo explicado" "El colegial instruido". Publicó otras 27 editadas, anotadas y a veces traducidas por él. Sólo si se tiene en cuenta su gran capacidad de trabajo y las fuerzas que Dios le daba, se puede comprender el hecho de que escribiera tanto con una dedicación tan intensa al ministerio apostólico.

 

No era sólo escritor. Era propagandista. Divulgó con profusión libros y hojas sueltas. Invertía grandes sumas de dinero en la edición de los libros. "No todos pueden escuchar sermones... pero todos pueden leer..." "El predicador se cansa... el libro siempre está a punto... Son los libros la comida del alma..." "Los libros son la mejor limosna", decía. Fundó la "Hermandad espiritual de los libros buenos", que durante los años que estuvo bajo su dirección hasta su ida a Cuba imprimió gran cantidad de libros, opúsculos y hojas volantes, con un promedio anual de más de medio millón de impresos por lo que recibió la felicitación personal del Papa Pío IX. Fundó la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, para la difusión de los libros y constituyó uno de los primeros ensayos de apostolado seglar activo por estar integrada por sacerdotes y seglares de ambos sexos.

 

Toda una llamada para que nosotros evangelicemos utilizando los medios de comunicación social de nuestro tiempo y evangelicemos los medios mismos. En el siglo de la imagen y el sonido no podemos vincular la evangelización exclusivamente a la palabra hablada o escrita.

 

 

 

7. Con María y como María

 

La devoción y el amor a la Santísima Virgen marcaron su vida desde niño. En el bautismo le impusieron el nombre de Antonio, pero después él se añadió el nombre de María y lo explicaba diciendo: "Es que María Santísima es mi Madre, mi Maestra y mi todo, después de Jesús". Le invoca con la expresión ‘mi dulce Madre’. Y con razón se puede decir que la devoción de Claret a la Virgen fue “como luz suave que todo lo ilumina” (Pío XII) “La meditación del Misterio de María fue –ha dicho el P. General- la fragua en la que aprendió a ‘ocuparse de las cosas del Padre’ y en la que se forjó como misionero enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres. María ocupa un lugar preeminente en el corazón y en la espiritualidad de San Antonio M. Claret. Con María cantó muchas veces aquel Magnificat que proclama la bondad y la misericordia del Padre y la certeza de la transformación del mundo. De la meditación del misterio de María recibía el fuego que mantenía vivo su compromiso por una evangelización profética, a pesar de todas las dificultades. Por eso quiso que sus misioneros se llamaran “hijos del Corazón inmaculado de María””.

 

La Virgen era para él la estrella que le guiaba. Se imaginaba que sus oraciones subían al cielo por unos "hilos misteriosos".  De niño, todos los días rezaba una parte del Santo Rosario y de mayor, los quince misterios. La Virgen le había dicho: "Tú serás el Domingo de estos tiempos. Promueve el Santo Rosario". Amaba mucho a María, pero María le amaba más a él y siempre le concedió lo que pedía. La Virgen lo libró de enfermedades, de peligros, de tentaciones e incluso de la muerte. Decía el Santo: "Ya veis cuánto importa ser devoto de María. Ella os librará de males y desgracias de cuerpo y alma. Os alcanzará los bienes terrenales y eternos.... Rezadle el Santo Rosario todos los días y veréis cómo María será vuestra Madre, vuestra abogada, vuestra medianera, vuestra maestra, vuestro todo después de Jesús". "Ni en mi vida personal, ni en mis andanzas misioneras podía olvidarme de la figura maternal de María. Ella es todo corazón y toda amor. Siempre la he visto como Madre del Hijo amado y esto la hace Madre mía, Madre de la Iglesia, Madre de todos. Mi relación con María siempre ha sido muy íntima y a la vez cercana y familiar, de gran confianza. Yo me siento formado y modelado en la fragua de su amor de Madre, de su Corazón lleno de ternura y amor. Por eso me siento un instrumento de su maternidad divina. Ella está siempre presente en mi vida y en mi predicación misionera. Para mí, María, su Corazón Inmaculado, ha sido siempre y es mi fuerza, mi guía, mi consuelo, mi modelo, mi Maestra, mi todo después de Jesús".

 

Entre los elementos que configuran la identidad religiosa de los misioneros claretianos está la devoción a María. De su Corazón Inmaculado los hijos de Claret han aprendido su actitud contemplativa en la acogida de la Palabra, su caridad y sencillez en transmitirla y su adhesión cordial al plan misericordioso de Dios, que lleva a estar cerca de los pobres y necesitados. Por ello, los misioneros claretianos deben seguir siendo portadores del mensaje profético de esperanza que, con el lenguaje del corazón, María propone hoy a la familia humana, tan lastimada en sus valores y aspiraciones más profundas.

 

 

 

8. El P. Claret y la Vida Consagrada

 

Los biógrafos del P. Claret nunca omiten su entusiasmo y su actividad a favor de la Vida Consagrada. Por una parte, se nos aparece como un gran  impulsor de esta forma de vida. Son múltiples sus intervenciones en la fundación o refundación de congregaciones de vida activa, que por entonces surgían en gran número: además de los CMF funda las Misioneras Claretianas con la Madre París en Cuba (1852). Un puesto privilegiado lo ocupan las Carmelitas de la Caridad, a las que llama ‘las nuestras’. También dio orientaciones muy precisas a las Franciscanas de la Madre del Divino Pastor, a las Adoratrices, a las Hijas de Cristo Rey, etc…

 

El P. Claret afirmaba que “es más fácil fundar de nuevo que reformar”. Pero no por ello renunció a la revitalización de órdenes antiguas. Hagamos referencia como botón de muestra a sus muchos trabajos por reimplantar en El Escorial a los Jerónimos.

 

Acerca de la creatividad hay que destacar ante todo que puso en marcha formas nuevas de Vida Consagrada, en concreto, lo que hoy son los institutos seculares, que él – a falta de terminología pertinente – designó como “religiosas en sus casas”. Hoy se trata del Instituto Secular ‘Filiación Cordimariana’.

 

Por fin destaquemos su admiración por la vida religiosa y la confianza que deposita en la misma, quizá mayor por la no conventual (Hermanos de las Escuelas Cristianas, Compañía de Jesús).

 

Nosotros recogemos su llamada a orar y trabajar por las vocaciones de especial consagración. Estamos convencidos de que Dios sigue llamando, pero muchos jóvenes tienen sus oídos empleados en escuchar otras voces y otras músicas y así no pueden ni escuchar su llamada ni dar una respuesta positiva. Acompañemos personalmente a los posibles candidatos a la Vida Consagrada. Formemos familias verdaderamente cristianas donde puedan surgir nuevas vocaciones y puedan ser apoyadas convenientemente.

 

 

 

9. Los misioneros claretianos en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol

 

En agosto de 1910 llegan a nuestra diócesis los primeros claretianos, concretamente a Baltar, la primera fundación en Galicia. Desde allí comenzaron a trabajar en el ministerio de la predicación y ayudaron generosamente a los párrocos. En esta Casa practicaron el Año de Pastoral todos los claretianos de la provincia de Castilla al terminar su preparación académica hasta el año 1958. Consta su participación en el Año Mariano de 1954 y en la Semana Mariana que se celebró en Ferrol del 9 al 16 de mayo de ese mismo año. También fue Seminario Menor. En la década de los setenta la comunidad de Baltar queda unida a la de Ferrol y la Casa se dedica a colonias de verano. En 1977 se cede a las Hermanitas de los Pobres mientras levantan el nuevo edificio conocido por ‘Mi Casa’ e igualmente de 1981 a 1983 lo ocupan las Hijas de la Caridad como sede temporal del Hogar Infantil Virgen del Carmen. No prosperó el intento de que fundaran las Carmelitas Descalzas de la Coruña utilizando una parte del Convento y tampoco que Asfedro lo pudiera utilizar como lugar de reinserción de drogadictos. Desde 1987 se vuelve a celebrar la Eucaristía y atender Baltar y a partir de 1989 vuelven las convivencias juveniles, la celebración de la Pascua con jóvenes y los campamentos de verano, etc…

 

Baltar volvió a ser comunidad independiente en el año 2004 formada por tres claretianos y atendiendo además del Santuario y parroquia de Baltar las parroquias cercanas de Val y de Meirás.

 

A la ciudad de Ferrol llegan los claretianos en 1914 para luchar contra la indiferencia religiosa y, sobre todo, para trabajar en la santificación de los ferrolanos. Eran cuatro Padres y un Hermano. El primer Superior P. José Martín alquiló una casa en el número 12 de la Plaza de las Angustias para estar muy próximos al Santuario. Las crónicas cuentan que comenzaron su andadura con mucha discreción para evitar reacciones en el ambiente anticlerical de la ciudad. Los Misioneros se dedicaron al ejercicio del sagrado ministerio, principalmente a la predicación, a la reconciliación de los pecadores y a la catequesis. Fueron muy bien acogidos. No había terminado su primer año en Ferrol y ya habían dirigido Ejercicios Espirituales a las Religiosas de Cristo Rey, Siervas de Jesús, Oblatas del Divino Redentor y Hermanitas de los Pobres. Dirigieron también Ejercicios al clero de la diócesis en Mondoñedo y posteriormente a los seminaristas.

 

Los Anales de 1915 recogen que asistían al Catecismo en el Santuario 300 niños. En ese mismo año organizaron el Apostolado de la Oración, las Marías de los Sagrarios, los Juanes, la juventud Católica… además de atender a la Cofradía de las Angustias. Incluso en 1916 llegan a fundar el Sindicato Católico de Santa Zita para atender a las que hoy llamamos empleadas de hogar. Curiosamente la Archicofradía del Corazón de María no se funda hasta 1917.

 

En 1923 tienen casa propia, los claretianos son ocho y siguen proliferando las asociaciones en torno al Santuario: Acción Católica de la Mujer, Juventud Católica Mariana Femenina, Asociación de Santa Teresita… Desde 1930  atienden la capellanía del Colegio de Cristo Rey.

 

Los años treinta fueron años de incertidumbre a causa de la situación política. Los religiosos tuvieron que ir a Baltar y tanto libros como objetos valiosos fueron custodiados por personas particulares. En 1936 la Casa fue asaltada y quemados todos los enseres. La Comunidad pudo salvarse y los Padres no dejaron de atender el culto excepto el día 20 de octubre… Desde finales de los años treinta la Comunidad predica no sólo en Galicia, sino también más allá de sus fronteras.

 

El año 1943 tuvo lugar un acontecimiento importante: la ciudad de Ferrol se consagra al Corazón de María. Se preparó el acontecimiento con un triduo solemne en San Julián predicado por el P. Echevarría. En septiembre de ese mismo año se consagra la diócesis entera: el entonces obispo Mons. Benjamín de Arriba y Castro encargó al P. Nebreda la predicación de la novena a Nuestra Señora de los Remedios en la Catedral de Mondoñedo y el 8 de septiembre tiene lugar la consagración

 

En 1945 compraron la casa de Plaza de las Angustias nº 12 para poder ampliar el espacio que ocupaban.

 

Con motivo de la canonización del P. Claret el 7 de mayo de 1950 hubo peregrinación a Roma, se celebró un triduo en S. Julián donde el santo había predicado el 3 de septiembre de 1858 y predicaron el obispo de Palencia oriundo de esta diócesis mindoniense Mons. José Souto Vizoso, el obispo de Tuy y el Arzobispo de Santiago.

 

Los claretianos de Ferrol tomaron parte muy activa en la Misión de 1949 y, sobre todo, en la gran Misión de Ferrol en el año 1960.

 

En 1964 se celebran con solemnidad las bodas de oro de la presencia de los Misioneros claretianos en Ferrol. El día 12 de septiembre hubo Misa de Pontifical  presidida por el Obispo de la diócesis Mons. Jacinto Argaya y a continuación procesión con las imágenes del Corazón de María y la Virgen de las Angustias.

 

En 1968 la diócesis de Mondoñedo-Ferrol encarga a los claretianos la parroquia de Esteiro, que siguen atendiendo en la actualidad.

 

La celebración del bicentenario del nacimiento del Fundador de los Misioneros del Corazón de María puede ser la ocasión propicia para que el Obispo de Mondoñedo-Ferrol, haciéndose eco del sentir de la diócesis entera, agradezca la presencia, el testimonio y el trabajo pastoral de los claretianos entre nosotros: en Baltar y en Ferrol. Se trata como se ve de una presencia dilatada en el tiempo y muy cualificada en la acción pastoral. Han cuidado las obras que reclamaba la situación del momento y las realidades diocesanas antes que sus propias obras. Se han insertado de una manera admirable en el presbiterio diocesano, donde son muy apreciados. Han ejercido admirablemente su carisma en la predicación abundante y en las Misiones populares y ahora atienden con generosa entrega el Santuario de Nuestra Señora de las Angustias, la Parroquia del mismo nombre y pequeñas parroquias de carácter rural. A la diócesis de Mondoñedo-Ferrol no se viene por casualidad ni se viene de paso. Los claretianos, desde el P. General hasta las comunidades que viven y trabajan con nosotros pasando por el gobierno de la nueva Provincia, saben valorar muy bien el testimonio de la Congregación en esta diócesis del noroeste gallego, algo muy de agradecer por parte nuestra.

 

 

 

10. Caminos de futuro

 

Los cambios culturales de nuestro mundo reclaman de nosotros nuevos lenguajes porque los signos que antes fueron elocuentes ahora puede que no sean comprendidos. El consumismo y el laicismo que dominan nuestra sociedad pueden dejar secuelas en el modo de pensar y sentir de algunos religiosos, que sienten la necesidad de redescubrir hoy la belleza de su camino vocacional. La vida consagrada no se puede concebir ya al margen de las otras formas de vida cristiana porque es necesaria la complementariedad a la hora de vivir la propia  vocación y ser signos del Reino en nuestro mundo. Las situaciones de exclusión, de injusticia y violencia que marcan el momento histórico que nos ha tocado vivir nos empujan hacia los más desfavorecidos intentando una forma muy distinta de organizar nuestras comunidades.

 

La nueva evangelización a la que hemos sido convocados ya por el Papa Juan Pablo II no se queda en lo exterior y organizativo sino que  lleva a “emprender una profunda renovación de nuestros modos de convocatoria y atención pastoral que: acompaña y no sólo enseña;reconoce y estimula y no sólo reprende;es misionera y no de simple mantenimiento; sabe ‘hacer con otros’ y no es mera tarea individual; se basa en procesos y no en acciones puntuales; responde a los nuevos desafíos y no atiende sólo a demandas; ofrece servicios especializados y no simplemente genéricos.

 

“Recordar hoy la figura de Claret –decía el P. General en la Homilía en la apertura del bicentenario- nos anima a asumir con decisión y generosidad la gozosa tarea de anunciar el Reino. La sed de verdad y de amor, el deseo de vivir con sentido y de construir un mundo más fraterno y solidario sigue sólidamente presente en el corazón de nuestra gente. Existen, ciertamente, muchos factores que intentan acallar esta sed o colmar este deseo con ofertas que no son capaces de responder a los más profundos anhelos del corazón humano. El anuncio de la Palabra, que nos guía hacia la propia interioridad donde es posible el encuentro con Dios y nos da las claves para interpretar y orientar la historia, es más urgente que nunca. Sabemos que la experiencia del amor de Dios nos capacita para acoger a los demás como hermanos y a la Creación como don a compartir. Si fuéramos capaces de mirar la realidad con aquella compasión de Jesús, que llenaba también el corazón de Claret, nacería en nosotros el deseo poderoso de hacer algo. No nos preocuparía mantener posiciones de poder o de prestigio, porque estaríamos interesados solamente en acercarnos a aquellos que esperan un gesto de amor en medio de las experiencias de exclusión que están viviendo. No nos sentiríamos amenazados por nada ni por nadie porque nos llenaría el corazón la paz de quien se sabe amado por el Padre y enviado por Jesús que prometió estar siempre con sus discípulos. No nos daría miedo dar testimonio de nuestra fe porque sabríamos que es el mejor servicio que podemos ofrecer a los hermanos. No cejaríamos en nuestro empeño por crear un mundo más cercano al proyecto de Dios para sus hijos porque nos dejaríamos llevar por la certeza de que el proyecto del Padre es un mundo nuevo “en el que reine la justicia”. Nos inquietaría solamente ver la situación de tantas personas que, por motivos diversos, no alcanzan a vivir la experiencia de saberse amados y nos sentiríamos poderosamente llamados a ser expresión del Corazón del Padre en el contexto particular en que nos toca vivir a cada uno. El recuerdo de Claret nos sitúa en clave misionera”.

 

Queridos amigos claretianos y claretianas, deseo confiar al Corazón Inmaculado de la Madre de Dios vuestros proyectos apostólicos, vuestro afán misionero y las esperanzas que os animan. Que Ella os conceda la alegría de ser instrumentos dóciles y generosos en el anuncio del Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. “Que Dios sea conocido, amado y servido de todos”, como quería vuestro santo Fundador.

 

Ferrol, 23 de diciembre de 2007, conmemoración de los 200 años del nacimiento del P. Claret.

                       

                                      

   
   
   
 
 

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