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El 6
de noviembre, en pleno Año Santo Compostelano, el Papa visitará Santiago de
Compostela, donde la Iglesia guarda el sepulcro y la memoria del Apóstol
Santiago, el primer evangelizador de España. Un viaje largamente esperado y
cuyo anuncio nos llenó a todos de inmensa alegría. Recemos intensamente
desde ahora mismo para que produzca en nosotros los frutos espirituales y
pastorales que todos anhelamos.
1. Viene el Papa
Es el Papa quien nos visita. El Sucesor
de Pedro que tiene como misión robustecer nuestra fe, alentar nuestra
esperanza y fortalecer nuestro amor. No es, ante todo, un gran
personaje, sino un discípulo de Jesucristo y el Pastor universal de su
Iglesia. Por eso no es principalmente la curiosidad lo que ha de
movernos, sino el amor al Vicario de Cristo. No es lo importante verle
de cerca o de lejos, sino manifestarle nuestra adhesión y nuestro
cariño.
Tenemos por delante una ocasión
maravillosa para que todos profundicemos en su misión como ‘Siervo de
los siervos de Dios’. El nos mantiene unidos a Cristo mismo en el seno
de su familia. El sostiene a las Iglesias diocesanas y los obispos
encontramos en él un modelo acabado de cómo anunciar a Jesucristo hoy.
Nuestra libertad estaría muy mermada de no contar con el apoyo del
Pastor universal. Más que verle de cerca o tocarle, lo que nos importa
es rezar con él y, de su mano, encontrarnos con Cristo, a través de un
apóstol, de un amigo de Jesús como el apóstol Santiago, el primer mártir
de entre los apóstoles.
Aprovechemos para dar una buena
catequesis a niños, jóvenes, adultos y mayores sobre lo que es y lo
representa el Papa en la Iglesia.
2. Estamos con Benedicto XVI
Viene un Papa que se llama Benedicto XVI.
Tiene un rostro y una historia. No obstante sus muchos años, continúa
con admirable empeño haciéndose peregrino por los caminos de la Iglesia
para confirmar a los hermanos en la fe. Vino a España en julio de 2006
con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias. Y desde allí lanzó
un mensaje de esperanza a todas las familias del mundo: la vida
matrimonial y familiar son un regalo de Dios que potencia el amor humano
y no una dura imposición exterior que mortifica la libertad. Damos
gracias a Dios, que ha querido llamar a la Cátedra de Pedro a un hombre
entregado al servicio de la Iglesia de un modo tan clarividente y
generoso.
Los obispos españoles estamos con
Benedicto XVI. También está con él la inmensa mayoría del pueblo fiel. A
él precisamente le debemos luminosas orientaciones para la renovación de
la vida de la Iglesia en fidelidad al Concilio Vaticano II. Se ha
intentado manchar su figura. Pero él sabe bien que ser el Sucesor de
Pedro es cargar con la cruz cada día y seguir a Jesucristo y por eso no
se asusta ni pierde la calma.
3. Como un peregrino más
Benedicto XVI ha dicho que viaja a
Santiago como un peregrino más:
-- para reavivar la conciencia del peso
que tiene el Apóstol en nuestra historia eclesial. España, en efecto, no
se entiende sin Santiago y sin la tradición jacobea. Porque por medio de
él, recibimos la fe cristiana, cuyas raíces se hunden, por eso, no sólo
espiritualmente, sino de un modo también espacial en la sucesión
apostólica. Alimentada con la savia de tales raíces, la fe creció y se
robusteció en nuestro suelo desde bien pronto y se proyectó al Nuevo
Mundo. El nombre de Santiago, como topónimo extendido por América, da fe
de la impronta jacobea de todo el proceso evangelizador, uno de los más
grandes de la historia. Mirando, pues, a Santiago, seguiremos
proponiendo el Evangelio de Jesucristo, que nos llegó por el Apóstol,
como el trascendente aliento vital de nuestra cultura para hoy y para el
futuro.
-- El Papa viene a Santiago porque sabe
muy bien que, como muy bellamente escribió Goethe: “Europa nace
peregrinando”. El Viejo Continente es algo más que una mera agregación
geográfica de pueblos internamente inconexos. Por eso, ha sido capaz de
ofrecer a la Humanidad un proyecto de vida portador del más genuino
humanismo que otros pueblos y culturas han asimilado en buena medida y
siguen deseando hacer propio. Europa se ha forjado sobre la base
principal de dos fuentes: las clásicas grecorromanas y las de la
revelación judeocristiana, cuyas aguas fecundas habían sido puestas a
correr juntas desde muy pronto en un mismo río por obra de la
evangelización. Santiago de Compostela sigue siendo por todo ello un
referente de verdadero europeísmo para hoy y para el futuro.
4. A continuación, Barcelona
Luego, el 7 de noviembre, Benedicto XVI
dedicará en Barcelona el bellísimo templo de la Sagrada Familia. Se
trata de la obra cumbre de un genial arquitecto: Antonio Gaudí
(1852-1926), declarado ya siervo de Dios.
Desde el hermoso templo de la Sagrada
Familia nos estimulará, sin duda, a reconocer y agradecer la belleza del
evangelio del matrimonio y de la familia. En el misterio de la familia
de Nazaret se encierra la revelación del amor divino que llega a cada
ser humano de un modo particular a través de las relaciones humanas
básicas de esponsalidad, paternidad, maternidad, filiación y
fraternidad. Es necesario celebrar con una belleza semejante a la que
resplandece en el templo barcelonés la alegría de ese misterio divino y
humano. Es necesario estudiarlo, meditarlo y proponerlo con renovado
vigor a nuestra generación y a la futura en la iglesia.
Con Pedro y bajo Pedro, todos tenemos una
cita en Compostela el 6 de noviembre. De corazón os bendigo.
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