Culminamos
el mes de mayo, dedicado todo él a María, rezando con Ella por la vida.
La vida humana es buena noticia, es un don precioso, un regalo de Dios.
Debe ser siempre acogida, por tanto, con amor y respeto. Sobre todo,
desde que el Hijo de Dios se ha hecho hombre en el seno de una madre, la
Virgen María. A Ella le aclamamos en la Salve como “vida, dulzura y
esperanza nuestra”. Ella es la nueva y verdadera Eva en cuanto que es
‘madre de los vivientes’.
La vida humana
sigue sufriendo agresiones. Las
cifras resultan escandalosas: en
España se produjeron en 2008 112.138 abortos, 6.273 de ellos en
muchachas menores de 18 años. Son las consecuencias de un proyecto de
haber banalizado la sexualidad humana, desvinculándola primero del
matrimonio, luego de la procreación y finalmente del amor. Como se ve el
camino emprendido no ha traído más libertad y más progreso sino, más
promiscuidad sexual y a la larga han aumentado los embarazos precoces.
Con la píldora del día después se evitarán los abortos quirúrgicos, pero
aumentarán los abortos clandestinos.
Hoy la percepción de la gravedad moral de los actos contra la vida
humana se ha debilitado progresivamente en la conciencia de muchos. La
aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en las
mismas leyes es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido
moral. Cada vez más resulta más difícil distinguir entre el bien y el
mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida. Por
otra parte, la ley del aborto es el prólogo para la introducción de la
eutanasia.
“Hay que reconocer
-dijo el Papa Benedicto XVI el 12 de mayo de 2008 - que defender la vida
humana se ha convertido actualmente en algo más difícil, porque se ha
creado una mentalidad de pérdida progresiva de su valor, confiado al
juicio del individuo. Como consecuencia, existe un respeto menor a la
misma persona humana, un valor que es el fundamento de toda convivencia
civil, por encima de la fe que se profesa". Con la ayuda de Santa María,
la virgen madre, e impulsados por la fuerza del Espíritu Santo,
seguiremos denunciando sin desfallecer los intentos de implantar entre
nosotros la ‘cultura de la muerte’. Y, sobre todo, seguiremos anunciando
el ‘evangelio de la vida’. La Iglesia dice ‘sí’ a la vida, ‘sí’ a la
libertad, ‘sí’ a la justicia, sí a la solidaridad y sí al amor. “El
Evangelio del amor de Dios al hombre, de la dignidad de la persona y de
la vida son un único e indivisible Evangelio”. Como Iglesia de Jesús
tenemos la honrosa misión de anunciar la belleza de la vocación al
matrimonio y la familia, de ofrecer cauces de apoyo para que esta
vocación pueda cumplirse en plenitud en la sociedad de hoy. Hemos de
trabajar en la construcción de una cultura de vida acogiendo a las
madres gestantes en dificultad que abrazan la vida que llevan en su seno
con ilusión pero desbordadas en ocasiones por los problemas que las
envuelven. Hemos de apoyar a los matrimonios que abren su casa al
acogimiento y la adopción de niños que encontraran en su amor el hogar
que nunca tuvieron.
Para rezar
por estas intenciones os convoco a los católicos de Ferrol, y a todos
los que se quieran unir a nosotros, el domingo 31 de mayo a las 8 de la
tarde para bajar en procesión hasta la Concatedral, celebrar allí la
Eucaristía y rezar a continuación el ‘Rosario por la vida’. Venzamos la
comodidad y participemos masivamente todos: parroquias, vida consagrada,
asociaciones y movimientos, cofradías, familias cristianas… Los enfermos
y las monjas de clausura también se unirán especialmente a nosotros con
su oración. Os espero a todos para orar por la vida temporal y por la
vida eterna.
