Un año más
la Cuaresma nos anuncia la proximidad de la Pascua, la fiesta mayor de
los cristianos. La Cuaresma es preparación para la Pascua, por lo tanto
no puede ser triste ni ha de evocarnos solamente sacrificios y
penitencias. ¡Faltan 40 días -nos dice la Iglesia- para celebrar el
misterio pascual! Hay que prepararse a fondo. Y prepararse para celebrar
la Pascua es tanto como ir dejando a un lado el ‘hombre viejo’ e irnos
revistiendo del ‘hombre nuevo’. Es la imagen que utiliza S. Pablo. El
hombre nuevo por antonomasia es Cristo, nosotros empezamos a
configurarnos con El, el día de nuestro bautismo y cada Pascua tratamos
de dar un paso adelante. La oración, la limosna y el ayuno que la
Iglesia nos recomienda han de ir enfocadas hacia esa meta.
Antes de
hablar del ayuno sobre el que incide el Papa en su mensaje cuaresmal de
este año subrayemos que estas prácticas cuaresmales han de ir siempre
juntas. "Estas tres cosas, oración, ayuno y misericordia, son una sola
cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno es el alma de la oración y
la misericordia la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues
no pueden separarse. El que tiene solamente una y no tiene las tres
juntas, no tiene nada. Por eso quien ora, ayune. Quien ayuna, tenga
misericordia [...] Que el que ayuna entienda bien lo que es el ayuno;
que preste atención al hambriento quien quiera que Dios preste atención
a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga
piedad quien la busca; que responda quien desea que Dios le responda a
él. Es un indigno suplicante quien pide para sí lo que niega a otro
[...] El ayuno no germina si la misericordia no lo riega, el ayuno se
torna infructuoso si la misericordia no lo fecundiza: lo que es la
lluvia para la tierra, eso mismo es la misericordia para el ayuno" (S.
PEDRO CRISOLOGO, Sermón 43: PL.52, 320, 322).
1.
¿Tiene sentido ayunar hoy?
En
nuestros días, parece que ayunar carece de sentido. ¿Por qué privarse
algunos días en Cuaresma de tomar unos alimentos que se pueden comer el
resto del año? Se ayuna, en todo caso, por motivos terapéuticos o
estéticos…, se hacen huelgas de hambre para protestar por algo serio.
Pero ¿por una motivación espiritual?
Está claro
que ayunar libremente es bueno para el bienestar físico. Pero los
cristianos no ayunamos para cuidar la figura corporal. Hay que colocar
el ayuno –como recordaba Pablo VI- en el contexto de la llamada a todo
cristiano a no "vivir para sí mismo, sino para aquél que le amó y se
entregó por él y a vivir también para los hermanos".
2.
Sentido cristiano del ayuno
Ayunar,
especialmente como preparación para la fiesta de Pascua, puede ayudarnos
a caminar con alegría al encuentro con Dios y con los hombres, nuestros
hermanos.
*
Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una
disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de
salvación. Los cristianos estamos convencidos de que “no sólo de pan
vive el hombre, sino de toda palabra salida de la boca de Dios” (Mt
4,4). San Agustín escribía muy bellamente que él ayunaba para ser
“agradable a sus ojos [de Dios], para gustar su dulzura" (Sermón 400, 3,
3: PL 40, 708). Ayunar es un medio estupendo para recuperar la amistad
con Dios. Así lo entendieron los habitantes de Nínive que aceptaron el
llamamiento de Jonás y proclamaron un ayuno diciendo: "A ver si Dios se
arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos"
(3,9).
*
El
verdadero ayuno, enseña Jesús, no consiste sobre todo en prácticas
externas para ser vistos por los hombres, sino en cumplir la voluntad
del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te recompensará" (Mt 6,18).
El verdadero ayuno tiene como finalidad comer el "alimento verdadero",
que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34).
*
El
ayuno que el hombre necesita de verdad es el que le abre a la austeridad
y a la solidaridad. El hombre que se ha saciado por completo, se vuelve
ciego y sordo a las necesidades de sus hermanos. No se ve más que a sí
mismo. El verdadero ayuno libera del propio yo, conduce a Dios y hace
disponibles para los hermanos. San Juan nos pone en guardia: "Si alguno
que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le
cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?"
(3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del
Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr.
Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para
ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa
dificultades no nos es extraño. El Santo Padre anima a las parroquias y
demás comunidades a intensificar durante esta Cuaresma el ayuno personal
y comunitario, e invita a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se
haya recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18).
3.
Nuevas formas de ayuno hoy
Hay que pensar en
lo que pudiéramos llamar actualización del ayuno:
-- evitar un
consumo de alimentos acompañado de un intolerable despilfarro de
recursos.
-- superar el
uso excesivo de bebidas alcohólicas y de tabaco.
-- vencer la
tentación de llenarnos de cosas superfluas, siguiendo ciegamente la moda
y los reclamos publicitarios.
-- controlar los
gastos, muchas veces desorbitados, en fiestas populares, familiares e
incluso religiosas.
-- privarnos de
diversiones que no significan verdadero descanso y resultan, por otra
parte, muy caras.
-- usar
moderadamente la televisión, el ordenador, el mp3, etc... pues roban
tiempo al diálogo familiar y pueden crear adicciones.
4.
Una práctica recomendada
La
práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr.
Hch 13,3; 14,22; 2Co 6,5). Los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza
del ayuno para abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. No
se trata de ayunar por ayunar. Ni para demostrar orgullosamente que
dominamos nuestro cuerpo. Recordemos las recomendaciones de San Pedro
Crisólogo.
“El Abba Antonio
decía: Un día en el que estaba yo sentado junto al Abba Arfat, hizo acto
de presencia una virgen y dijo: “Padre, he ayunado por espacio de
doscientas semanas, comiendo solamente cada seis días, he aprendido el
Antiguo y el Nuevo Testamento ¿qué me queda por hacer? Le respondió el
anciano: ¿Es para ti el menosprecio igual que el honor? No, respondió.
¿La pérdida como la ganancia, los extraños como los parientes, la
indigencia como la abundancia? No, respondió. El anciano concluyó: “Tú,
ni has ayunado doscientas semanas, ni has aprendido el Antiguo
Testamento, te estás engañando a ti misma”
Con esta
disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma.
Que nos acompañe la Virgen María, ‘Causa de nuestra alegría’, y nos
sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del
pecado para que se convierta cada vez más en "tabernáculo viviente de
Dios".
