Descubrir de nuevo el domingo

      Campaña diocesana "¡Es domingo! El día del Señor"

    27.04.2009

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“El Domingo en nuestras sociedades occidentales – ha dicho Benedicto XVI – se ha transformado en un fin de semana, en un tiempo libre. El tiempo libre, especialmente con las prisas del mundo moderno, se ha convertido en una cosa bella y necesaria. Pero si el tiempo libre no tiene un centro interior, del que proviene una orientación de conjunto, acaba por ser un tiempo vacío que no nos refuerza ni nos recrea. El tiempo libre necesita un centro: el encuentro con Aquel que es el origen y nuestra meta”.

Si faltamos habitualmente a la Misa dominical no nos podemos llamar cristianos porque poco a poco nos faltará Cristo.  La Misa dominical es un elemento irrenunciable de la vida cristiana. Se trata de una riqueza que no podemos perder sino que hemos de custodiar con fidelidad. Sin la Misa dominical la vida cristiana queda como sin respiración y como desnutrida, se desdibujan, e incluso se pierden, las señas de identidad de la comunidad cristiana. Convertir el Día del Señor simplemente en ‘fin de semana’, en un día de ocio, evasión y diversión, es quedarse encerrado en un horizonte terreno tan estrecho que ya no deja ver el cielo. Si el domingo se sumerge casi exclusivamente en una serie de actividades culturales y deportivas, podemos perder de vista su significado espiritual. Por otra parte, el domingo no es sólo un día de familia.

"Nosotros no podemos vivir sin celebrar el Domingo", decían con absoluta razón los mártires de Abitinia. La vida de la Iglesia esta estrechamente ligada al domingo. Esta ‘Pascua semanal’ sostiene la fe de los cristianos, alimenta su pertenencia a la comunidad eclesial y los fortalece para vivir de acuerdo con la fe en Jesús muerto y resucitado. Por todo ello, el domingo ha venido a ser, prácticamente desde los tiempos apostólicos, una institución de vital importancia para las comunidades cristianas. El domingo de los cristianos tiene que ser, por eso, radicalmente distinto del domingo de los no creyentes.

Vivir la Eucaristía dominical aporta un dinamismo nuevo a nuestra vida cristiana, que nos permite mirar al cielo sin olvidarnos de la tierra. Es revitalizar semanalmente nuestra fe,  es aumentar nuestra conciencia de Iglesia peregrina por el mundo y es coger nos infunde gusto por la oración.  La vida espiritual se fortalece en la medida en que se reza. El secreto para afrontar las dificultades de la vida se encuentra en la oración: quien reza no se desanima ante los problemas personales y sociales pues siente que Dios está siempre a su lado. El tiempo que se da a Dios no es nunca tiempo perdido. Lo confirma el testimonio de tantos santos. El contacto con Dios, si es sincero, conduce siempre indudablemente al cumplimiento de los propios deberes y a la entrega a nuestros hermanos.

Para la comunidad cristiana el domingo es el 'gran día' consagrado a festejar la resurrección de Jesús. Es la fiesta de Pascua que se actualiza cada semana. Cada domingo se nos invita a los creyentes a olvidarnos un poco de nosotros mismos, de nuestros trabajos y nuestras fatigas, para dirigir la mirada a Dios disfrutando de su presencia en un ámbito de paz y de serenidad. Es el momento del encuentro fraterno, de la oración en común, de celebrar la Cena del Señor. "Por medio del descanso dominical -recordaba el Papa Juan Pablo II-, las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las que nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro. Las mismas bellezas de la naturaleza... pueden ser descubiertas y gustadas profundamente..."(Dies Domini 67) Y a continuación presenta también el domingo como el Día de la solidaridad, como una llamada a una exigente cultura del compartir (Dies Domini 69).

Siguiendo la programación de este curso pastoral 2008-2009 estamos viviendo una Campaña para vivir plenamente el Domingo. Ojalá estas líneas sean un fuerte aldabonazo en la conciencia de muchos cristianos que favorezca un nuevo descubrimiento del Día del Señor e inviten a otros para que hagan la misma experiencia.

 

 

 

   
   
   
 
 

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