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Celebramos este
año los quinientos años del nacimiento de San Francisco
Javier, Patrono
de las Misiones. La labor de este misionero navarro ha
traspasado los
siglos e incluso hoy se le recuerda como modelo, testigo y
maestro de la
misión. Así le queremos ver en este Domund del 2006.
Todo en su vida
se explica desde su honda experiencia de amor a
Jesucristo.
Sólo
quien está enamorado de Cristo y
apuesta por Él
llega a
dejarlo todo para irse a las más
lejanas tierras y darle a conocer. San Francisco Javier carecía de los
recursos que hoy tenemos: las nuevas
tecnologías, los medios tan veloces que
hoy se dan, los sistemas
informáticos..., pero la humanidad sigue teniendo tanta necesidad como
entonces de referentes seguros y firmes para encontrar motivos para
seguir viviendo, y un poco de felicidad
y de paz. La crisis fundamental de nuestro
tiempo consiste en 'vivir en la
superficie' de la realidad y ahogados en el
consumismo: parece como si de una "nueva religión" se tratara. El culto al
cuerpo, la adorable ocupación de
"dar buena imagen", la magia del viernes y sábado noche, el insaciable
deseo de convertir el sexo en una mística del vacío... han hecho que
muchos -tal vez inconscientemente- hayan olvidado
que sólo se puede alcanzar la verdadera
libertad si se traspasan las
fronteras de uno mismo y de este mundo. Una vida sin amor -y sin Dios
que es amor- es una vida
totalmente perdida.
En cambio, ser
testigo de Cristo es lo que de verdad realiza a la persona y
proporciona
satisfacción a sus necesidades más profundas. El Patrono de las
Misiones sólo
vivía de las ansias de dar a conocer a Jesucristo a los que no lo conocían
e introducirlos en el seno de la Iglesia. Pero llegar al fondo del
ser humano no es
fácil si no se tiene la llave que da acceso a
él:
el amor.
Jesucristo nos
ha manifestado que el amor que procede de Dios es el único
que realiza al
ser humano y que hace que la misión no se convierta en
simple
proselitismo. "La misión, si no es orientada por la caridad, es decir,
si no
nace de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse
a una mera
actividad filantrópica y social. Efectivamente, el amor que Dios tiene por
cada persona constituye el núcleo de la experiencia y del anuncio
del Evangelio, y todos cuantos lo
acogen se convierten a su vez en testigos"
(Benedicto XVI).
Agradezco a la
Delegación Diocesana de Misiones, a las comunidades
parroquiales, a
las comunidades religiosas y a todos cuantos rezan y
trabajan por la
obra misionera de la Iglesia, su colaboración generosa y
desinteresada.
Que esta jornada del Domund 2006 nos ayude a dar a
conocer al Dios
que es Amor, como nos ha recordado en su primera
encíclica
Benedicto XVI.
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