Agradezco a todos y cada uno vuestra presencia aquí. Especialmente a los que habéis venido de más lejos. Veo por aquí a gente de Cariño, Viveiro, Ortigueira… Que en una tarde de domingo como ésta, hayáis decidido participar en este ENCUENTO DE FAMILIAS CRISTIANAS es todo un signo de vuestra valoración del matrimonio y de la familia.
1. Esta celebración tiene un carácter festivo porque el amor, la vida y la familia son realidades gozosas que alientan la esperanza. Con gratitud bendecimos a Dios de quien procede toda familia en el cielo y en la tierra y le damos gracias por tantas familias como intentan vivir cada día el ideal de familia cristiana. Vosotras estáis entre ellas.
2. Ante todo queremos dar gracias a Dios por las familias cristianas. Ellas nos gritan con su misma existencia:
-- ¡Es posible vivir el amor matrimonial con fidelidad. Los esposos, que en un día memorable de su vida sellaron su compromiso de amor en la presencia de Dios, experimentan cada día su compañía y su fuerza!
-- ¡Es posible transmitir la vida, con responsabilidad humana y cristiana. Confiando en Dios Padre bueno que cuida de sus hijos de generación en generación! El amor dilata el corazón y la esperanza vence el miedo para afrontar confiadamente la extraordinaria aventura de la vida.
-- ¡Es posible superar las pruebas, que aparece en cada tramo del camino matrimonial! No por las propias fuerzas, sino unidos a Jesucristo, cuya cruz es signo de amor hasta el extremo y de victoria sobre el mal y la muerte. La fidelidad no es escasa ni mucho menos: las familias cristianas son incontables. Aunque los medios de comunicación y los gobiernos se empeñen en lo contrario. Todos -hijos, familiares, amigos, Iglesia y sociedad- agradecemos el amor generoso y paciente de los esposos, acrisolado y fortalecido por las pruebas. Palpar la debilidad invita a apoyar la existencia en Dios, y a buscar ayuda en otras personas amigas. De la cruz nace la vida nueva. A través del sufrimiento surge el gozo. En las tinieblas brilla la luz. No es acertado arrojar la toalla ante las dificultades tomando el camino aparentemente más cómodo.
3. En este encuentro queremos también que resplandezca la verdad, la hermosura y la grandeza del matrimonio y la familia cristiana. Es una excelente vocación con una preciosa misión, bendecida por Dios al crear al hombre y a la mujer y convertida por Jesucristo en un “gran sacramento” (Ef 5,32).
La familia cristiana nada tiene que ver con la familia superada por el correr del tiempo, anacrónica y trasnochada. La familia cristiana es antigua y nueva; su vigencia es de ayer, de hoy y de mañana. Una de las medidas de su verdad, es su perduración a lo largo de la historia. Pocas instituciones como la familia han sabido adaptarse a circunstancias nuevas. Y hoy también sabrá acomodarse a las nuevas exigencias de los tiempos manteniendo su condición genuina y su solera.
4. La Iglesia quiere ofrecer a la sociedad la familia cristiana como un
bien precioso. Por eso hablamos del Evangelio, de la ‘buena noticia’, del matrimonio y de la familia. Estamos convencidos de que la oferta de la familia cristiana es uno de los servicios más valiosos que puede prestar la Iglesia a la sociedad, ya que es un pilar seguro y estable en que padres e hijos asientan la vida y donde se fragua la sociedad en el amor y el respeto, en la paz y en la esperanza. Sin la familia, la vida no tiene casa.
5. Al acudir a este Encuentro de familias cristianas construimos el futuro. El matrimonio y la familia son centro neurálgico de la humanidad. De la verdad del matrimonio y de la vitalidad humanizadora de la familia depende en gran medida la estabilidad y la esperanza de la sociedad. En un mundo donde todo se compra y se vende, donde todo es precario y está sujeto a las leyes de la competencia, la familia es el espacio de la gratuidad: el amor que brinda la familia es algo escandalosamente gratuito. El mundo necesita más familia porque necesita gratuidad. La familia es una profecía incómoda de un mundo más humano. No podemos olvidar, sin embargo, en este encuentro de hoy, a las familias con dificultades interiores y exteriores; necesitan razones para vivir y perseverar; necesitan un ambiente propicio para desarrollarse serenamente, les debemos apoyos para cumplir su misión. Que experimenten la cercanía de Dios en la ayuda generosa de las familias auténticamente cristianas.
Ofrecemos nuestro testimonio. No lo imponemos. Pero sí pedimos a Jesús, María y José, la Sagrada Familia de Nazaret, que sea comprendido, que sea aceptado. Más aún, pedimos que con vuestro testimonio constante y gozoso hagáis brillar en nuestro mundo la verdad, la bondad y la belleza de la familia cristiana.
