diócesis de mondoñedo-ferrol

 

                                                                                         María nos entrega la Palabra de Dios          

                                                                     

 
 

edición en PDF

   

 

 

La Fiesta de la Virgen del Carmen, Patrona de los hombres del mar, llena de luz y de alegría a la familia marinera. El lema de este año, “Por María nos viene la Palabra”, alude al tema del Sínodo de los Obispos que tendrá lugar en Roma durante el mes de octubre próximo.

 

Jesús es el Verbo eterno de Dios, la Palabra verdadera que se ha hecho carne en el seno de la Virgen María para traernos palabras de vida eterna. La doncella de Nazaret, totalmente dócil  a la voluntad de Dios, ha acogido la Palabra de tal modo que, por obra del Espíritu Santo, se ha revestido de humanidad en sus entrañas virginales. "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Estas palabras de María representan -ha escrito H. Schurmann- "la cúspide de todo comportamiento religioso ante Dios, porque expresan de la forma más elevada, la disponibilidad pasiva unida a la prontitud activa; el vacío más profundo que acompaña a la más grande plenitud". Dios respeta al máximo la libertad del ser humano y le pide  consentimiento.  Bellamente escribe Nicolás Cabasilas: "Dios toma a María por Madre y se sirve de su carne, porque ella quiere prestársela. Dios se encarna voluntariamente, y por eso quiere que su madre lo engendre libremente y de todo corazón".

 

María es bienaventurada y dichosa porque ha creído, fiándose totalmente de las promesas de Dios. La Palabra se ha convertido en el centro de su vida y ha guiado siempre todos sus comportamientos: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”. Con razón la Iglesia ve en ella el modelo perfecto de discípulo de Cristo porque ella ha experimentado que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. La fe precede de algún modo. Así lo expresa san Agustín: María concibió a Cristo "antes en su corazón que en su seno". María es madre de Dios por la obediencia de su fe que le ha llevado a la plenitud de la libertad. La fe de María es un acto de amor y de docilidad. Porque María no acoge pasivamente la Palabra, sino que contribuye de modo efectivo y decisivo con su fe a que el Hijo de Dios sea realmente hombre y pertenezca verdaderamente a la familia humana. María no sólo es madre; también es discípula de Cristo. La relación espiritual entre maternidad y fe es tal que la maternidad es una forma de discipulado y el discipulado en la fe es una forma de maternidad.

 

La fe de María, siendo excepcional, sabe de pruebas y contradicciones; y, sobre todo, progresa y crece.  Sólo a la luz de la resurrección descubrió plenamente que Jesús era el Señor y el Mesías, el Hijo de Dios enviado al mundo para salvarlo. Sin embargo, ella se abandonó desde el principio en las manos de Dios, confiando totalmente en Él. La fe de María -afirma Pablo VI- se hace en el evangelio escucha, averiguación, aceptación, sacrificio, meditación, espera, interrogación, acogida interior, seguridad tranquila y soberana en el juzgar y actuar, plenitud, oración. Es una fe serena, reflexiva, adulta, al mismo tiempo que total e incondicional. María es  modelo de fe en cuanto virgen oyente, virgen orante y virgen oferente.

 

No conforme con acoger la Palabra, se la ha entregado a la humanidad entera en la persona de su prima Isabel llena de gozo incontenible al recibir a la Madre de su Señor. Para salvarnos es preciso acoger la Buena Noticia que porta María en su seno. Si cuando cruzamos el mar de la vida, la Palabra de Dios marca el rumbo de nuestra travesía, todos los vientos nos serán favorables. Para caminar por la vida y alcanzar la meta ansiada de la Casa del Padre, debemos vivir fielmente en la fe de María que es la fe de la Iglesia.

        

Santa María, como en Caná de Galilea, nos repite cada día su consigna y su testamento: “Haced lo que El os diga”. Algunas tallas de belleza muy singular representan a la Virgen Madre con el Niño sentado sobre sus rodillas. Este, mientras con una mano bendice, con la otra sostiene el libro de los Evangelios o libro de la vida. María tiene como tarea mostrarnos a su Hijo y llevarnos a El. Ella es la auténtica sede de la Sabiduría, no porque haya acumulado conocimientos y saberes de este mundo, sino porque ha acogido la Palabra de Dios y la ha entregado al mundo como palabra de verdadera vida.

 

Después del ‘hágase’ de Dios Padre en la creación del mundo, el del Hijo en la redención y del de María en la encarnación, hay un cuarto ‘hágase’ en la historia de la salvación, el de la Iglesia y de los creyentes que repiten "hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" cada día hasta el fin del mundo. Santa María, Virgen fiel, ruega por nosotros.

 

Desgraciadamente, una vez más, los dramáticos naufragios en nuestras costas a lo largo de este último año, empañan la alegría de la fiesta de los hombres y mujeres del mar. Os invito a recordar en la oración de un modo muy especial a los marineros que murieron en las costas gallegas de Vicedo, Bueu y Camelle, igualmente a los marineros del Arrastrero “Cordero”, con base en Ribeira, desaparecidos a principios de este año. También a los que murieron frente a la Costa de Cádiz en el naufragio del “Nuevo Pepita Aurora” (septiembre de 2007). Todos los diocesanos de Mondoñedo-Ferrol, al tiempo que nos unimos al dolor de sus familias, elevamos plegarias a la “Estrella de los mares” para que interceda por ellos ante el Padre y gocen ya para siempre en su Reino de paz y de gloria.

 

En fin, rendimos nuestro más entrañable homenaje a los esforzados trabajadores de la mar y a sus abnegadas familias. Si las condiciones de trabajo en el mar son por sí mismas muy duras, en estos últimos meses se han visto agravadas por el alto coste del combustible y el bajo precio del pescado en primera venta. Pedimos a la Virgen del Carmen que proteja a todos, pedimos a las autoridades que procuren mejorar sus condiciones de trabajo en todas sus vertientes y dimensiones, haciendo más digna la profesión de los marineros y de sus familias.

 

Es necesario meter a María en nuestras vidas. Tenerla siempre presente a lo largo de nuestras jornadas. Por ello, suplico a la Virgen del Carmen, Patrona de toda la gente de la Mar, que vuelva sus ojos misericordiosos sobre toda la familia marinera que le profesa una honda y entrañable devoción.

 

 

Con todo afecto en el señor, os saluda y bendice


                                                 

                                                      

   
   
   
 

11 de julio de 2008

   
   
   
 
 

                       (c) diócesis de mondoñedo-ferrol                             www.mondonedoferrol.org                                      2008                                   mcs@mondonedoferrol.org