diócesis de mondoñedo-ferrol

 

                                                                                                 homilía en el funeral por Mons. Araujo

                                                                                                 

 
 
 
   

 

 

 

 

 

1. Ha muerto un obispo de nuestra diócesis

 

El pasado domingo a la caída de la tarde pasaba a la Casa del Padre quien fuera obispo de Mondoñedo-Ferrol durante 15 años, Mons. Miguel Ángel Araújo Iglesias. La última vez que lo visité en compañía del Sr. Obispo de Ourense en el Hospital había recuperado la consciencia y pude intercambiar con él algunas palabras de aliento y de cariño. Pero le vi como muy vencido por su enfermedad.

 

La muerte de quien fuera Pastor de nuestra diócesis de 1970 a 1985 nos permite recordar que en la vida y en la muerte somos del Señor. Desde el día de nuestro bautismo somos propiedad de Dios; somos suyos, ovejas de su rebaño. El nos llama por nuestro nombre y extiende sobre nosotros sus manos protectoras. Como bautizado, confirmado, presbítero y más tarde obispo, D. Miguel Ángel era muy consciente de que si vivía, no vivía para sí mismo, sino que vivía para el Señor y para los hermanos.

 

Como Pastor bueno en medio del pueblo de Dios,  predicó íntegro el Evangelio de Jesús procurando aplicarle a las circunstancias cambiantes de la historia. Congregó al pueblo cristiano para la celebración de la Eucaristía y los sacramentos de la Iglesia aplicando con fidelidad y creatividad las normas emanadas del Concilio Vaticano II y animó a vivir la caridad ajustándose a las nuevas necesidades que los nuevos tiempos habían hecho surgir entre nosotros.  Después de sus 87 años aquí en la tierra, habrá podido ver hecha realidad la promesa de Jesús: Voy a prepararos un lugar, luego vendré y os recogeré porque donde yo estoy quiero que estén los que me sirvieron.

 

Encomendemos al Padre de la misericordia y Dios de todo consuelo a nuestro Obispo D. Miguel Ángel para que, por su inmensa misericordia, perdone sus faltas y pecados y pueda contemplar cuanto antes el rostro de Dios en compañía de los santos y elegidos.

 

 

 

2. La herencia de Mons. Miguel Angel Araújo

 

2.1 Un pastor sencillo y austero.

 

Creo que la sencillez del que fuera Obispo de esta diócesis de Mondoñedo-Ferrol dejó un huella imborrable en cuantos le conocieron y trataron. Y, junto con la sencillez, la austeridad de vida. Me llamó poderosamente la atención la austeridad en que vivió D. Miguel  Ángel cuando visité las dependencias que él y su familia ocuparon en el Obispado de Mondoñedo. El no daba importancia alguna a todo esto y solía comentar que en circunstancias más precarias vivían muchos sacerdotes de la diócesis en aquel entonces.

 

 

2.2 Un pastor cercano a todos, especialmente a los sacerdotes.

 

Un pastor capaz de acercarse a la gente sencilla, a todo el mundo, pero de manera especial a la buena gente de la aldea y del mar. Mostró predilección por acercarse a los sacerdotes, siendo siempre comprensivo y bueno, no obstante aparecer en un primer momento como seco o distante y su dificultad para expresar el cariño que sentía hacia ellos. En alguna ocasión vivió la Visita Pastoral como un momento para compartir el día a día de la vida de un sacerdote en sus parroquias.

 

 

2.3. Un pastor amante de su pueblo, su cultura y su lengua

 

Como gallego de tierras orensanas, se mostró siempre amante de su pueblo y de la cultura y la lengua gallegas. Esta tarea le valió, como sabemos, ser nombrado miembro de la Real Academia Gallega.

 

 

2.4. Un pastor que vivió con entusiasmo el Concilio Pastoral de Galicia

 

El entendió que era la ocasión propicia para dar un impulso a la acción pastoral en toda Galicia siguiendo las orientaciones del Concilio Vaticano II y participó con mucha ilusión en todo lo referido a dicho Concilio al igual que sus colaboradores más inmediatos.

 

 

2.5. Un pastor marcado por el sufrimiento

 

Las tareas del discípulo de Cristo, y más las de un Pastor de la Iglesia, vienen siempre marcadas por algunas incomprensiones, ataques, obstáculos ajenos y errores propios…, en definitiva por algunos sufrimientos. D. Miguel Ángel sufrió al experimentar directamente el descenso de vocaciones al ministerio sacerdotal y por la problemática laboral de Ferrol. Últimamente su enfermedad también le causó molestias y dolores, pero siempre tuvo presentes aquellas palabras de la Carta a los Hebreos: «El Hijo de Dios con lo que padeció aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen» (Hb 5, 8-9).

 

 

 

 

3. A nosa tarefa

 

3.1. Herdemos o seu estilo: cercano, austero e sinxelo

 

Eu, como bispo, e vós queridos irmáns como sacerdotes e fieis da diocese de Mondoñedo-Ferrol, acollemos a invitación do Señor a herdar o estilo pastoral do que fora Pastor da nosa Igrexa. Sexamos cercanos, austeros e sinxelos. Estemos preto de todos, pero especialmente da xente que sofre, dos que non poden facer oír a súa voz nunha sociedade na que só contan os poderosos deste mundo.

 

 

3.2. Herdemos a súa cercanía ós sacerdotes

 

Herdemos tamén a súa cercanía ós sacerdotes. Valoremos o ministerio sacerdotal nuns tempos en que a indiferencia de algúns e a fe débil de outros deixa ó sacerdote en soidade e incomprensión. Acheguémonos ós sacerdotes, sexamos con eles comprensivos e agarimosos, para que eles, á súa vez, podan facerse cercanos ós seus fieis todos.

 

 

3.3. Inculturemos a Boa Nova de Xesús nesta a nosa terra galega

 

Non podemos predicar o Evanxeo ignorando as condicións espacio temporais en que o facemos. Estamos chamados a ser homes e mulleres plenamente de hoxe e plenamente de Xesús, o Señor. A cultura galega, purificada como as demais culturas dos elementos que puideran ser incompatibles co Evanxeo de Xesús, ha ser vehículo propicio para que a Boa Nova chegue á nosa xente e cale nelas ata transformar a súa mente, o seu corazón e os seus comportamentos.

 

 

3.4. Aprendamos a fecundidade do sufrimento

 

Por último, queridos irmáns, non esquezamos que a fecundidade do noso traballo apostólico require asumir os sufrimentos que leva consigo. "Se o gran de trigo non cae na terra e morre, queda infecundo", nos advertiu o Señor. El non refugou a cruz, senón que a aceptou e morreu nela para mostrar dun modo definitivo a súa obediencia ao Pai e o seu amor ós homes. Os discípulos de Cristo non podemos correr sorte distinta da que correu o noso Mestre.

 

Démoslle gracias a Deus Pai pola labor apostólica que desenvolveu entre nós Mons. Miguel Ánxo Araújo. E demos gracias tamén ós seus familiares, especialmente ós que estiveron máis preto del nos seus últimos anos e nos seus últimos momentos. Sempre o trataron cun agarimo inmenso e mesmo con mimo. Don Rafael Lombardero, o seu fiel secretario particular, sempre me comentou que desde que comezou a súa tarefa foi considerado polo Bispo como un membro máis da súa familia. Que a todos lles chegue a nosa condolencia e o noso agradecemento.

 

 

 

 

3. Nuestra tarea

 

3.1. Heredemos su estilo: cercano, austero y sencillo

 

Yo, como obispo, y vosotros queridos hermanos como fieles de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, acogemos la invitación del Señor a heredar el estilo pastoral del que fuera Pastor de nuestra Iglesia. Seamos cercanos, austeros y sencillos. Estemos cerca de todos, pero especialmente de la gente que sufre, de los que no pueden hacer oír su voz en una sociedad en la que sólo cuentan los poderosos de este mundo.

 

 

3.2. Heredemos su cercanía a los sacerdotes

 

Heredemos también su cercanía a los sacerdotes. Valoremos el ministerio sacerdotal en unos tiempos en que la indiferencia de algunos y la fe débil de otros deja al sacerdote en soledad e incomprensión. Acerquémonos a los sacerdotes, seamos con ellos comprensivos y cariñosos, para que ellos, a su vez, puedan hacerse cercanos a sus fieles todos.

 

 

3.3. Inculturemos la Buena Noticia de Jesús en esta nuestra tierra gallega

 

No podemos predicar el Evangelio ignorando las condiciones espacio temporales en que lo hacemos. Estamos llamados a ser hombres y mujeres plenamente de hoy y plenamente de Jesús, el Señor. La cultura gallega, purificada como las demás culturas de los elementos que pudieran ser incompatibles con el Evangelio de Jesús, ha de ser vehículo propicio para que la Buena Noticia llegue a nuestra gente y cale en ellas hasta transformar su mente, su corazón y sus comportamientos.

 

 

3.4. Aprendamos la fecundidad del sufrimiento

 

Por últimos, queridos hermanos, no olvidemos que la fecundidad de nuestro trabajo apostólico requiere asumir los sufrimientos que lleva consigo. “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda infecundo”, nos ha advertido el Señor. El no rehusó la cruz, sino que la aceptó y murió en ella para mostrar de un modo definitivo su obediencia al Padre y su amor a los hombres. Los discípulos de Cristo no podemos correr suerte distinta de la que corrió nuestro Maestro.

 

Demos gracias a Dios Padre por la labor apostólica que desarrolló entre nosotros Mons. Miguel Ángel Araujo. Y demos gracias también a sus familiares, especialmente a los que estuvieron más cerca de él en sus últimos años y en sus últimos momentos. Siempre le trataron con cariño inmenso y con mimo, pudiéramos decir. D. Rafael Lombardero, su fiel secretario particular, siempre me ha comentado que desde que comenzó su tarea fue considerado por el Obispo como un miembro más de su familia. Que a todos llegue nuestra condolencia y nuestro agradecimiento].

 

                               

   
   
   
   
   
   
 

6 de agosto de 2007

   
   
   
 
 

                       (c) diócesis de mondoñedo-ferrol                             www.mondonedoferrol.org                                      2007                                   mcs@mondonedoferrol.org