diócesis de mondoñedo-ferrol

 

                                                                             homilía en funeral por el Rvdo. Eliseo Costa Duro

                                                                                                 

 
 
 
   

 

 

 

 

 

De la tienda de campaña a la casa del Señor

                                  

 

Saludo con todo afecto al nutrido grupo de sacerdotes de la diócesis de Lugo que han querido acompañarnos en la despedida a D. Eliseo Costa Duro. Igualmente a los sacerdotes de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Expreso mi cercanía y mi condolencia a los familiares de D. Eliseo, especialmente a su hermano Remigio que continúa ejerciendo el ministerio sacerdotal en nuestra diócesis. Saludo con particular afecto a la comunidad parroquial de Melide que ha merecido que Dios se fijara en muchos de sus hijos para llamarles al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada. La vocación a la especial consagración es desde luego un regalo de Dios, pero el cristiano ha de acogerlo y cultivarlo. Ninguna de estas cosas las podría hacer sin la ayuda de la comunidad cristiana en la que vive su fe. Saludo con cariño a los fieles de Corbelle y demás parroquias que atendió pastoralmente D. Eliseo durante tantos años.

 

 

 

1.      Vivamos el acontecimiento de la muerte desde la fe cristiana

 

Los cristianos no podemos vivir la muerte como los que no tienen fe. Con una imagen muy bonita san Pablo nos ha dicho en la primera lectura que mientras vivimos en este mundo somos peregrinos que tienen que montar y desmontar su tienda de campaña, pero que, tras la muerte, Dios nos acoge en la casa que nos tiene preparada en el cielo. La muerte para nosotros no es una pérdida, es una ganancia. Es verdad que nos cuesta la separación física de nuestros seres queridos, pero estamos seguros de que Dios Padre recibe a todos con sus brazos abiertos. Especialmente a los sacerdotes a los que configuró en la tierra con Cristo, Pastor bueno, para que predicaran su Palabra, celebraran los sacramentos y animaran a vivir la caridad. Seguramente que, tras la purificación que ha podido suponer para D. Eliseo sus meses de enfermedad, el Señor le habrá dicho: Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.

 

 

 

 

2.     Dios revela sus misterios a los humildes y sencillos

 

Este misterio, porque realmente es un misterio que la muerte sea ganancia y no pérdida, Dios se lo oculta a los sabios y prudentes de este mundo, como nos decía el Evangelio de hoy, pero se lo revela a los humildes y sencillos de corazón. ¿Quién de los que le han conocido podrá dudar de la sencillez y cercanía que D. Eliseo ha mostrado siempre en el ejercicio del ministerio? Era como un niño grande ante Dios. Por eso ha podido esperar siempre en el Señor y vivir confiado en sus promesas de vida eterna.

 

A vosotros los familiares de nuestro hermano presbítero Eliseo van especialmente dirigidas las palabras de Jesús: Venid a mi todos los que estáis agobiados y fatigados que yo os aliviaré, porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

 

 

 

 

3.     Las vocaciones sacerdotales

 

D. Eliseo ha sido siempre muy sensible al tema de las vocaciones sacerdotales. Eso le llevó a fundar una beca en nuestro Seminario. Tomemos conciencia de que necesitamos sacerdotes, de que los necesitamos urgentemente. Recemos, pues, por las vocaciones. Y hagámoslo con confianza y perseverancia. No nos dejemos llevar por consideraciones sobre la escasa natalidad y el fuerte proceso de secularización. El Señor nos ha dicho que para las vocaciones, lo primero es orar: “La mies es mucha y los obreros pocos: rogad al Dueño de la mies…” Recemos para tomar conciencia de la necesidad que tenemos de sacerdotes, recemos para prepararnos a acoger las vocaciones que Dios quiera enviarnos. Incluyamos esta petición en las preces de la Eucaristía y los sacerdotes en las preces de Laudes y Vísperas también. Y, sobre todo, os invito, como lo he hecho ya en otras ocasiones, a orar con la comunidad cristiana al menos un día a la semana y, si es posible, ante el Señor sacramentado.

 

 

Pedimos al Señor premie sus esfuerzos, sus ilusiones y sus  fatigas y a la Virgen del Carmen que le presente ante su Hijo con cariño de Madre.

 

 

             

   
   
   
   
   
   
 

Miñotos, a 31 de agosto de 2007

   
   
   
 
 

                       (c) diócesis de mondoñedo-ferrol                             www.mondonedoferrol.org                                      2007                                   mcs@mondonedoferrol.org