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El domingo 18 de
noviembre celebramos el
Día de la Iglesia diocesana.
Y lo hacemos justamente al concluir el Año Jubilar del patrono de nuestra
diócesis S. Rosendo que nos ha permitido tomar conciencia más viva de lo
que somos. En primer lugar, aquí y ahora somos la concreción de la Iglesia
Católica que preside en la caridad el sucesor de Pedro, el Papa Benedicto
XVI. Y cuando recitamos el Credo en la misa de cada domingo confesamos la
fe que nos une a las demás diócesis esparcidas por el mundo y que relata
los grandes momentos de una historia de salvación a la que todos
pertenecemos.
Nuestra Iglesia, que
es la Iglesia del Señor que peregrina en Mondoñedo-Ferrol tiene, por
decirlo así, un cuerpo y un alma. El cuerpo lo forman las parroquias, los
arciprestazgos, las diversas instituciones (Seminario, Cáritas, etc…) El
alma somos las personas, los hijos de Dios, agraciados con diversas
vocaciones: sacerdotes, consagrados y laicos. Viviendo en comunión y
fieles a las mociones del Espíritu, tenemos que edificar la Iglesia y
caminar hacia la santidad. No podemos ser indiferentes los unos para con
los otros, ni trasvasarnos cometidos sin más, todos somos responsables en
la comunidad eclesial, pero no todos de la misma manera.
Tres son los grandes
aspectos a los hemos de estar atentos tratando de vivir nuestra vocación
en el seno de la Iglesia diocesana: 1) Vivir la unión con Dios mediante la
oración (tanto la comunitaria como la individual), dar gracias al Señor,
ofrecerle nuestras penas y alegrías, celebrar los sacramentos,
especialmente la Eucaristía. 2) Cultivar la formación cristiana. Ahí entra
la catequesis, que no es cosa solamente de los niños y de los jóvenes,
sino también la de los adultos. Si nuestra formación cristiana es endeble,
no podemos vivir la fe en un mundo que a veces nos es hostil y tan
fácilmente puede confundirnos y manipularnos. Y, por fin, 3) hemos de dar
testimonio de la caridad y la justicia, que provienen de la Buena Noticia
de Jesucristo. Si nuestra profesión de fe no viene corroborada por una
vida en justicia y caridad, no será creíble.
Para anunciar el
Evangelio y practicar la caridad, la Diócesis necesita unos recursos
económicos que deben ser atendidas por los que la formamos.
Con el
reciente acuerdo alcanzado entre el Gobierno y la Santa Sede, se ha
producido un cambio sustancial en el modelo de financiación de la Iglesia
Católica en España. A partir de ahora tenemos que aprender a vivir por
nosotros mismos. El sostenimiento económico de la Iglesia depende
exclusivamente de los católicos y de cuantos valoran su labor. Contamos
con la generosidad de todos y cada uno. La aportación personal en la
colecta del Día de la Iglesia diocesana y la aportación a tu parroquia,
juntamente con el 0,7 % de tu Declaración de la Renta, si marcas la
casilla a favor de la Iglesia, serán nuestros ingresos.
La colecta a
favor de la Diócesis supuso un notable incremento respecto al año
anterior. 17.021, 49 euros en 2005 frente a 29.133,59 euros en el 2006. Y
aportaron ya 269 parroquias y Unidades Pastorales. Espero que este año,
con la ayuda del Señor, demos otro paso adelante significativo. Como todos
necesitamos unos de otros, nadie se puede excusar de aportar su grano de
arena.
Os agradezco
sinceramente vuestra colaboración. Recibid mi afecto y mi bendición,

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