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Juliano,
emperador romano de mediados del siglo IV, había sido educado en el
cristianismo. Sin embargo, llegó un momento en que se convenció de que había
que volver al paganismo para alcanzar los tiempos de más esplendor para
Roma. Ni corto ni perezoso apostató de su fe cristiana. Pero no lograba
acabar con el cristianismo ya muy arraigado en el pueblo. Se desesperaba
ante el avance de la nueva religión. Un día, fuera de sí, y tal vez harto de
vino, arrojó una lanza al cielo en un gesto arrogante de querer matar a
Dios. La lanza subió, pero volvió a bajar abriéndole una herida en el
costado. Entonces, blasfemando, exclamó: “¡Venciste, Galileo!”
Traigo a
colación esta anécdota porque pone de relieve que las ofensas a Dios a
quienes perjudican en realidad es a quien las hace. Como dice un viejo
refrán castellano: “El que al cielo escupe, en la cara le cae”.
Pues bien, no
hace mucho tiempo algunas personas particulares con la colaboración de
instituciones públicas se han dedicado a ofender los sentimientos de los
católicos y de cualquier persona educada haciendo públicas unas imágenes
repugnantes y blasfemas de Jesucristo, la Virgen María y los santos. Nos
hemos sentido ofendidos en extremo porque han pretendido atacar a nuestros
seres más queridos. Estamos realmente indignados. Parece como si se hubiera
abierto la veda para los ataques a la religión católica y para la
ridiculización de los símbolos religiosos.
El Comité
Ejecutivo de la Conferencia salió al paso de estos acontecimientos con una
Nota titulada: “Respeto por la fe católica y sus imágenes”. Indicaban que la
Constitución Española reconoce y protege el derecho de libertad religiosa de
las personas y de las instituciones y, cuando se quebranta este derecho
fundamental, hay que exigir con toda firmeza respeto a la fe católica, a sus
imágenes y a sus signos. Y también pedir las responsabilidades
correspondientes por las vías pacíficas y legales previstas en el
ordenamiento de nuestro Estado democrático y de derecho. Nos consta que, al
menos un abogado de La Coruña, ha interpuesto denuncia ante el Tribunal
Superior de Justicia de Galicia, con lo cual, al menos hasta tanto se
pronuncie este alto Tribunal, no se podrán distribuir estas fotos blasfemas.
Sin justicia, no es posible la convivencia en libertad, ni siquiera sería
posible el perdón, que no negaremos nunca a quienes nos ofenden.
Como creyentes no podemos
caer en la autoflagelación
ya que más que arrepentimiento es huida, escamoteo y orgullosa complacencia.
Hemos de luchar por el derecho a la libertad religiosa, porque es una
necesidad para la convivencia humana y de una consecuencia intrínseca de la
verdad, que no se puede imponer desde fuera.
También en momentos como éste nos
conviene recordar estas
palabras del Papa Benedicto XVI:
‘La Iglesia antigua, con naturalidad, oraba por los emperadores y por los
responsables políticos, considerando esto como un deber suyo; pero, en
cambio, a la vez que oraba por le emperadores, se negaba a adorarlos, y así
rechazaba claramente la religión del Estado. Los mártires de la Iglesia
primitiva murieron por su fe en el Dios que se había revelado en Jesucristo,
y precisamente así murieron también por la libertad de conciencia y por la
libertad de profesar la propia fe, una profesión que ningún Estado puede
imponer’.
Se han
publicado, como digo, algunas fotos ofensivas para la Madre de Dios y Madre
nuestra. Os animo a que manifestéis vuestro cariño de hijos y reparéis las
ofensas que han pretendido inflingirle, y que pidáis para que recapaciten y
se conviertan quienes han cometido tamaños desmanes.
Alabemos al Dios que nos ha
revelado su misericordia y bondad en el Corazón de su Hijo, incluso para los
que tratan de ofenderlo. Demos gracias a Dios que nos ha regalado como Madre
nada menos que a la Madre de su único Hijo. Que la gratitud y la alabanza
resuenen con fuerza entre nosotros.
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