diócesis de mondoñedo-ferrol

 

                                                                                        plan pastoral diocesano 2006-2007          

                                                                     

 
 
 
   

 

 

Queridos presbíteros, consagrados y seglares:

Os saludo con palabras del apóstol Pablo a los cristianos de Tesalónica: "En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros, recordándoos sin cesar en nuestras oraciones. Tenemos presente ante nuestro Dios y Padre la obra de vuestra fe, los trabajos de vuestra caridad y la tenacidad de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor (1 Tes. 1, 2-4)".

Os invito a que acojáis con entusiasmo la Programación del curso pastoral 2006-2007 que tenéis entre las manos, elaborada con la colaboración de todos, para que podamos llevarla a la práctica.

Tres son las principales tareas que vemos que el Señor nos propone para este curso:

1. Aprovechar en todas sus dimensiones la oportunidad de celebrar el Año Jubilar de San Rosendo.

2. Conseguir los objetivos que nos hemos propuesto en la nueva configuración de los arciprestazgos.

3. Elaborar con la colaboración de todos el nuevo Plan Pastoral Diocesano.

Que en todo se note que, como agentes de pastoral, emprendemos la conversión personal con un acercamiento mayor a Jesucristo el buen Pastor, y también la conversión pastoral que nos impulsa a realizar acciones nuevas y a realizar de una manera más evangelizadora las actividades que hasta ahora venimos realizando.

Que todo nos sirva para crecer en la comunión. Con el cardenal Van Thuan recordamos que, además de don de Dios, la comunión exige de nosotros un trabajo que repara en los pequeños detalles: "La comunión es un combate en todo momento. La negligencia de un solo instante puede pulverizarla; basta una nimiedad; un solo pensamiento sin caridad, un juicio conservado obstinadamente, un apego sentimental, una orientación equivocada, una ambición o un interés personal, una acción realizada por uno mismo y no por el Señor. [...] Ayúdame, Señor, a examinarme así: ¿cuál es el centro de mi vida: tú o yo? Si eres Tú, nos reunirás en la unidad. Pero si veo que a mi alrededor poco a poco todos se alejan y se dispersan, es signo de que me he puesto a mí mismo en el centro (1).

Con mi afecto y mi bendición,

               

   
   
   
 
 

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