| |
|

"A Dios que tiene poder sobre todas
las cosas y que, en virtud de la fuerza con que actúa en nosotros, es
capaz de hacer mucho más de lo que nosotros pedimos o pensamos, a El la
gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por siempre y para siempre. Amén"
(Ef. 3,20-21).
Mis queridos diocesanos de
Mondoñedo-Ferrol:
Recibid un saludo muy cariñoso al
comunicaros que el Santo Padre Benedicto XVI me ha nombrado obispo vuestro.
Me llena de gozo sentirme llamado a participar de la plenitud del
sacerdocio de Cristo y a ser sucesor de los Apóstoles mediante la
incorporación al colegio episcopal. Quiero que mi gozo sea también vuestro
desde hoy. Me siento, al mismo tiempo, serenamente preocupado porque la
misión que se me confía es con mucho superior a mis fuerzas. Me consuela,
sin embargo, saber que voy a vosotros en el nombre del Señor, no en nombre
propio. Fiándome de la fuerza de Cristo que socorre mi debilidad, de la
que soy bien consciente. Cuento con vuestra oración y vuestra
colaboración, presbíteros, consagrados y seglares, que desde este primer
momento solicito con toda sencillez.
La Iglesia del Señor que peregrina en
Palencia recibió el 20 de noviembre de 1949 un Pastor oriundo de la
diócesis de Mondoñedo, Mons. José Souto Vizoso. El la pastoreó con total
dedicación durante 21 años, hasta su jubilación. El me ordenó diácono. Hoy
la diócesis palentina os envía a uno de sus presbíteros, para ser 'pastor
y obispo de vuestras almas'. Así vivimos en la Católica: ninguna Iglesia
es tan rica que no pueda recibir, ni tan pobre que no pueda dar. Saludo
con afecto fraterno a vuestro celoso Pastor Mons. José Gea y a vuestro
obispo emérito Mons. Miguel Ángel Araújo.
Anunciemos a Jesucristo. Con pasión y
con coraje. Dios no puede ser ni ignorado ni arrinconado en nuestra
sociedad. Eliminarle o reducirle al ámbito de la vida privada repercute
siempre negativamente sobre el ser humano, pisoteando su dignidad y
negando sus derechos fundamentales. De espaldas a Dios, el hombre se
desmorona. Sin olvidar que el Evangelio de Jesús no se impone, se propone
y sólo puede manifestar su eficacia cuando se abraza libremente y con
amor, respetando la dignidad de los pueblos, su cultura, su lengua y sus
tradiciones. Familiarizarme con la cultura y la lengua gallegas será una
de mis tareas de ahora en adelante.
No podemos perdernos en cuestiones
nuestras de escasa importancia cuando tenemos delante el desafío de
comunicar nuestra vivencia del Dios del amor y de la vida, que se nos ha
manifestado en Cristo Jesús. Reconozcamos, sin embargo, que no podemos
hablar de Dios, si no hablamos mucho con El. No es el momento de adelantar
el Programa Pastoral que elaboraremos juntos y que habrá de tener respecto
al que termina en este curso 2005, la imprescindible continuidad y la
necesaria novedad. Sin embargo, estimo que son inquietudes compartidas: el
fortalecimiento de la fe de nuestros cristianos, nuestro testimonio de
esperanza ante los que no creen, la potenciación de la iniciación
cristiana, el cultivo de las vocaciones a la vida sacerdotal y a la vida
consagrada, la animación de los laicos como Iglesia en el mundo y, en
concreto, el compromiso de las familias cristianas como 'iglesias
domésticas'. Así mismo seremos creíbles como Iglesia en la medida de
nuestra cercanía solidaria a los ancianos, los enfermos, los
discapacitados, los jóvenes, los inmigrantes, los trabajadores de la
industria y del mar, de la agricultura y de la ganadería.
Con el
bastón de peregrinos en una mano y con el Evangelio en la otra, caminemos
al encuentro de Cristo de la mano del apóstol Santiago y de nuestros
patronos San Rosendo y Nuestra Señora de los Remedios, patrona también de
mi pueblo natal.
Rezo por vosotros y me encomiendo a vuestras oraciones.
Palencia, 6 de junio de 2.005

|