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Agradezco al Ilustrísimo
Señor Alcalde la bienvenida que me acaba de dar y su deseo de que el
cariñoso recibimiento de los diocesanos se vaya transformando en amistad y
estrecha colaboración para mi labor pastoral en esta querida diócesis de
Mondoñedo-Ferrol.
1. El hombre, un ser
lleno de necesidades
Desde su nacimiento hasta
su muerte el ser humano es un ser desvalido. Necesita corner, beber,
vestirse, trabajar, descansar, gozar de buena salud, etc... Y más allá de
las necesidades puramente fisiológicas, el hombre necesita ser amado y
poder amar a alguien. Sin experimentar el amor, la vida carece de sentido.
Necesita también sentirse valido y gozar al menos de una relativa
autonomía a la hora de moverse y decidir. Mas aún, el ser humano necesita
superar los límites de sí mismo y de este mundo para alcanzar al ser que
le supera y envuelve, para llegar a Dios mismo.
Las necesidades humanas
fundamentales permanecen, otras varían con el paso del tiempo. Van
apareciendo nuevas necesidades. Hoy, por ejemplo, no nos preocupa ya la
subsistencia, sino la calidad de vida, disfrutar de una buena Seguridad
Social, encontrar un sentido y una finalidad a la vida, cuando nos sobran
medios para que nos resulte más cómoda.
También la comunidad
cristiana siente, entre otras, la necesidad de sentirse orgullosa por el
servicio que presta a la sociedad, impulsando el reconocimiento de todas
las personas como sujeto de derechos y obligaciones en los que se
fundamenta nuestro sistema democrático, como bien ha dicho el Señor
Oferente.
2. Nuestra Señora de los
Remedios
Ante sus múltiples
necesidades, el pueblo cristiano acude espontáneamente a la Virgen María
buscando en ella los remedios que necesita.
María ocupa un puesto
privilegiado en el corazón de los sencillos. Porque el pueblo no parte de
conceptos, sino de intuiciones. No hace disquisiciones, sino que vive; no
define, siente.
El pueblo sencillo acude
a María en sus necesidades porque la siente sobre todo como Madre, como
aquella que manifiesta con un corazón que es humano la potencia del Amor
infinito de Dios. Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no
deseches nuestras súplicas en nuestras necesidades, antes líbranos de todo
peligro, Virgen gloriosa y bendita (s. IV).
Y subrayo dos aspectos de
su maternidad: su poder y su misericordia: Rezando o cantando la Salve la
aclaman como "Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura, esperanza
nuestra". Ella es madre que siente predilección por los que sufren y que,
en modo alguno es cómplice de la injusticia, sino que actúa como suprema
valedora de quienes la padecen. Ha compartido el sufrimiento y el abandono
humanos y por eso puede ser fuente de consuelo y esperanza. María está
sobre todos, pero es de todos y para todos. Nadie tiene derecho a sentirse
excluido de su amor.
Los diversos títulos que
le otorgamos son como un muestrario elocuente de las más diversas
necesidades humanas. Así invocar a María como Virgen de las angustias, del
amparo y de los desamparados, de los dolores y de la esperanza, como
Nuestra Señora de los Remedios....
A Nuestra Señora de los
Remedios acaba de presentar el Señor Alcalde oferente las necesidades que
más hondamente sentimos en este momento: familias sólidas y abiertas, la
unidad de España amenazada por los nacionalismos exacerbados y
excluyentes, la supresión de todo tipo de terrorismos y el florecimiento
de la paz, las víctimas de los malos tratos, los jóvenes a los que hemos
de transmitir los valores cristianos capaces de dar un sentido positivo a
sus vidas, los trabajadores del campo y del mar, la necesidad de personas
que ocupen los cargos públicos capaces de buscar ante todo el bien común y
el desarrollo de los pueblos por encima de infructuosos radicalismos y
enfrentamientos estériles.
La ayuda de Nuestra
Señora de los Remedios estamos seguros de que va a ser eficaz.
3. Cultivemos la devoción
a María
Fomentemos la devoción a
María, no tengamos ningún miedo. Pero lejos de todo fanatismo.
"El honor a la Reina
-enseñaba San Bernardo- exige únicamente fidelidad; la Virgen regia no
necesita falso honor, ya que está abundantemente dotada de verdaderos
títulos de honor y adornada con la corona de muchas glorias" (San
Bernardo, Carta 174, 2: PL. 182,333).
Juan Pablo II también ha
reclamado una devoción a María basada en la Escritura y la Tradición
orientada por la Liturgia de la Iglesia: "Sí, María ha de ser muy amada y
honrada, pero con una devoción que por ser auténtica debe estar
correctamente basada en la Escritura y en la Tradición, valorando en
primer lugar la liturgia y hallando en ésta una orientación para las
manifestaciones mas espontáneas de la religiosidad popular, ha de
expresarse en el esfuerzo de imitar a la "Toda Santa" en un camino de
perfección personal, debe permanecer alejada de cualquier forma de
superstición y vana credulidad, y acoger en el recto sentido, en sintonía
con el discernimiento eclesial, las manifestaciones extraordinarias con
que la Bienaventurada Virgen se complace en ofrecerse en no pocas
ocasiones por el bien del Pueblo de Dios, debe ser capaz de remontarse
siempre a la fuente de la grandeza de María, transformándose en incesante
Magnificat de alabanza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo" (Juan
Pablo II, Jornada de clausura del XX Congreso Internacional Mariológico-Mariano,
24.09.00; Ecclesia, 3017 (7.10.00) 929).
Mondoñedo, 11 de
septiembre de 2005
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