¡Acordaos de nuestros pobres!

      Jornada por Tierra Santa. Viernes Santo 2009

      27.03.2009

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“¡Acordaos de nuestros pobres!” (Gal. 2,10). Es el ruego que le hicieron a Pablo y a sus comunidades Pedro, Santiago y Juan refiriéndose a los cristianos de Jerusalén. En este Año Jubilar de San Pablo recogemos esta súplica como dirigida a nosotros. Comentaba el Papa Benedicto XVI en la Audiencia general del 1 de octubre de 2008: “Quizá ya no estamos en grado de poder comprender plenamente el significado que Pablo y sus comunidades atribuyeron a la colecta a favor de los pobres de Jerusalén. Se trató de una iniciativa completamente nueva en el panorama de las actividades religiosas: no fue obligatoria, sino libre y espontánea; participaron todas las Iglesia fundadas en Occidente por Pablo. La colecta expresaba la deuda de sus comunidades hacia la Iglesia madre de Palestina, de la que había recibido el don inefable del Evangelio […] Es tan grande el valor que san Pablo atribuye a este gesto del compartir, que raramente le llama simplemente ‘colecta’: para él más bien ‘servicio’, ‘bendición’, ‘amor’, ‘gracia’, es más ‘liturgia’ (2 Cor 9). Sorprende de modo particular este último término que confiere a la colecta de dinero un valor también cultual: por un lado ésta es un gesto litúrgico o ‘servicio’, ofrecido por parte de todas las comunidades a Dios, y por otro lado es un acto de amor cumplido a favor del pueblo”.

 

Estar atentos a las necesidades de los hermanos y acudir en su ayuda es fruto del amor cristiano es una prueba de que nuestra caridad es sincera. También hoy los cristianos de Tierra Santa viven en la pobreza. Están padeciendo un paro de hasta el 70%. Y es una comunidad pequeña: 175.000 conviviendo con 6.000.000 de judíos y 3.000.000 de musulmanes. 

 

Tierra Santa conoce alternativamente momentos de guerra y momentos de paz. Hace poco nos confiaba el Papa actual: “De mis labios se eleva con extremo dolor la invocación de paz por la Tierra Santa… Que sea posible la permanencia de las Iglesias y de los discípulos del Señor allí donde los ha puesto por nacimiento la divina Providencia; allí donde merecen permanecer por una presencia que se remonta a los inicios del cristianismo. En el curso de los siglos ellos se han distinguido por un amor incontestable e inquebrantable a su propia fe, a su propio pueblo y a su propia tierra”. Y el Patriarca latino de Jerusalén nos pedía recientemente: “No tengáis miedo. La guerra ha terminado. Jerusalén es así: Guerra y Paz. Venid, venid a visitarnos, a rezar con nosotros”.

Benedicto XVI viajará en Mayo a Tierra Santa para animar a los cristianos allí presentes, para sostener numerosas obras sociales, culturales, benéficas y pastorales en favor de los cristianos necesitados. Y para mantener dignamente los santuarios custodiados por los franciscanos. En definitiva, para asegurar la presencia cristiana en la cuna del Cristianismo. No le dejemos solo.

 

En esta Jornada por Tierra Santa del 2009 correspondamos generosamente con nuestros bienes materiales en señal de agradecimiento por los bienes espirituales que de ellos hemos recibido.                                                 

                                                       
                                                 

 

                                               

   
   
   
 
 

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