“¡Acordaos
de nuestros pobres!” (Gal. 2,10). Es el ruego que le hicieron a Pablo y
a sus comunidades Pedro, Santiago y Juan refiriéndose a los cristianos
de Jerusalén. En este Año Jubilar de San Pablo recogemos esta súplica
como dirigida a nosotros. Comentaba el Papa Benedicto XVI en la
Audiencia general del 1 de octubre de 2008: “Quizá ya no estamos en
grado de poder comprender plenamente el significado que Pablo y sus
comunidades atribuyeron a la colecta a favor de los pobres de Jerusalén.
Se trató de una iniciativa completamente nueva en el panorama de las
actividades religiosas: no fue obligatoria, sino libre y espontánea;
participaron todas las Iglesia fundadas en Occidente por Pablo. La
colecta expresaba la deuda de sus comunidades hacia la Iglesia madre de
Palestina, de la que había recibido el don inefable del Evangelio […] Es
tan grande el valor que san Pablo atribuye a este gesto del compartir,
que raramente le llama simplemente ‘colecta’: para él más bien
‘servicio’, ‘bendición’, ‘amor’, ‘gracia’, es más ‘liturgia’ (2 Cor 9).
Sorprende de modo particular este último término que confiere a la
colecta de dinero un valor también cultual: por un lado ésta es un gesto
litúrgico o ‘servicio’, ofrecido por parte de todas las comunidades a
Dios, y por otro lado es un acto de amor cumplido a favor del pueblo”.
Estar
atentos a las necesidades de los hermanos y acudir en su ayuda es fruto
del amor cristiano es una prueba de que nuestra caridad es sincera.
También hoy los cristianos de Tierra Santa viven en la pobreza. Están
padeciendo un paro de hasta el 70%. Y es una comunidad pequeña: 175.000
conviviendo con 6.000.000 de judíos y 3.000.000 de musulmanes.
Tierra
Santa conoce alternativamente momentos de guerra y momentos de paz. Hace
poco nos confiaba el Papa actual: “De mis labios se eleva con extremo
dolor la invocación de paz por la Tierra Santa… Que sea posible la
permanencia de las Iglesias y de los discípulos del Señor allí donde los
ha puesto por nacimiento la divina Providencia; allí donde merecen
permanecer por una presencia que se remonta a los inicios del
cristianismo. En el curso de los siglos ellos se han distinguido por un
amor incontestable e inquebrantable a su propia fe, a su propio pueblo y
a su propia tierra”. Y el Patriarca latino de Jerusalén nos pedía
recientemente: “No tengáis miedo. La guerra ha terminado. Jerusalén es
así: Guerra y Paz. Venid, venid a visitarnos, a rezar con nosotros”.
Benedicto
XVI viajará en Mayo a Tierra Santa para animar a los cristianos allí
presentes, para sostener numerosas obras sociales, culturales, benéficas
y pastorales en favor de los cristianos necesitados. Y para mantener
dignamente los santuarios custodiados por los franciscanos. En
definitiva, para asegurar la presencia cristiana en la cuna del
Cristianismo. No le dejemos solo.
En esta
Jornada por Tierra Santa del 2009 correspondamos generosamente con
nuestros bienes materiales en señal de agradecimiento por los bienes
espirituales que de ellos hemos recibido.
