diócesis de mondoñedo-ferrol

 

                                                                                                             ¡ven a nuestra casa!          

                                                                     

 
 
 
   

 

 

Queridos diocesanos:
 
En nuestra casas tenemos fotos y todo tipo de recuerdos de los seres queridos que ya no viven entre nosotros. Así los hacemos presentes y no los olvidamos. Las fotos no valen mucho por sí mismas pero nos ayudan a relacionarnos con los seres queridos. Para los cristianos, los santos pertenecen a nuestro seres queridos. A través de ellos, Dios continúa haciéndonos muchos favores. Cuando acogemos las reliquias de nuestro Patrono San Rosendo pensamos en una persona real que vivió nuestras luchas y anunció el Evangelio en estas tierras y ahora vive en el cielo. Agradecemos al obispo de Ourense que haya acogido de buen grado nuestra petición de tenerlas entre nosotros durante una semana.

Recordemos la mujer enferma que tocó el manto de Jesús: "habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: "Si logro tocar aunque sean sus vestidos, me salvaré". Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal" (Mc. 5,27-29). Para ella, tocar el manto era una manera de entrar en contacto con Jesús. De forma semejante veneramos nosotros las reliquias; no por ellas mismas, sino por el santo al que representan. Dios puede concedernos favores por intercesión de los santos, pero más importante es acercarnos a ellos para inspirarnos en sus vidas e imitarlos en nuestra vida diaria.

La devoción a las reliquias, dentro de la Iglesia, es muy antigua. Primeramente se veneraron las reliquias de los mártires y se comenzó a celebrar la Eucaristía junto a sus tumbas. La Carta de los fieles de la Iglesia de Esmirna, año 156, es representativa de la veneración a los mártires: "Tomamos los huesos, que son más valiosos que piedras preciosas y más finos que oro refinado, y los pusimos en un lugar apropiado, donde el Señor nos permitirá reunirnos".

La razón del culto a las reliquias puede responder a aquellas palabras de San Pablo: "¿No sabéis que sois templo del Espíritu Santo?" (1, Cor 3, 16-17; 2 Cor 6, 16). Todos los santos y santas fueron de un modo muy especial templos vivos del Espíritu Santo.

Sin embargo, hemos de evitar algunos comportamientos en relación con las reliquias de los santos. No es correcto creer que las reliquias tienen poder por si mismas. Eso sería magia y superstición. Nuestra atención al venerarlas se dirige a la persona del santo. Tampoco se puede exagerar la importancia de las reliquias en la Iglesia: pueden ser una ayuda a la fe pero no son elemento central de ella. Por fin, tampoco debemos despreciarlas o dudar que Dios pueda utilizarlas como instrumentos suyos para concedernos favores.

Acojamos en la casa de nuestro corazón a San Rosendo, monje, obispo y pacificador entre nosotros y caminemos tras sus huellas.

                       

   
   
   
   
   
   
 

8 de octubre de 2007

   
   
   
 
 

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