diócesis de mondoñedo-ferrol

 

                                                                                        vivir en parroquia, vivir en familia          

                                                                     

 
 
 
   

 

 

 

Tenemos todavía fresco en nuestra retina y en nuestro corazón el encuentro con el Papa Benedicto XVI en Valencia de este verano. Allí nos recordó que la familia, fundada en el matrimonio, es un bien necesario para las personas y para los pueblos. Y una institución insustituible según el designio de Dios. Por eso la Iglesia no puede dejar de anunciar y promover el evangelio de la familia, para que sea vivido siempre con responsabilidad y alegría. La familia es, sin duda, el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor y donde es educada en la fe. El lenguaje de la fe se aprende en los hogares donde esta fe crece y se fortalece a través de la oración y de la práctica cristiana. Los abuelos son, en muchas ocasiones, los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias, y juegan un papel absolutamente  imprescindible en la transmisión de la fe. Por eso no deben ser excluidos del ámbito familiar. Son, en verdad, un tesoro que no podemos arrebatar a las nuevas generaciones.
 
La familia cristiana participa también en la misión de la Iglesia. Y, sostenida por la gracia del sacramento del matrimonio, no es sólo destinataria de su acción pastoral, sino también protagonista de la pastoral de la Iglesia. La familia cristiana está llamada a vivir su vocación, no como una pesada carga impuesta desde fuera, sino como un don de la gracia del sacramento del matrimonio. Si los esposos permanecen abiertos al Espíritu y  piden su ayuda, él no dejará de comunicarles el amor de Dios Padre manifestado y encarnado en Cristo.
 
La familia cristiana nace de la Iglesia; en el seno materno de la Iglesia, esposa de Cristo, surge el vínculo sacramental de los esposos y el amor conyugal se alimenta del amor eucarístico de Jesucristo. Por eso, la familia cristiana, para poder vivir, necesita a la Iglesia y la comunidad eclesial tiene la responsabilidad de ofrecer acompañamiento, estímulo y alimento espiritual que fortalezca la cohesión familiar, sobre todo en las pruebas o momentos críticos.
 
En la tarea de “acompañar la vida de la familia”, la parroquia,  por su cercanía a las familias, tiene un protagonismo singular. Es el lugar propio de la celebración de los sacramentos y de los acontecimientos familiares en los que se hace presente de modo peculiar la Iglesia en la familia. Para el desarrollo de su vida cristiana la familia necesita abrirse a la comunión de la Iglesia en la parroquia, donde vive y comparte la fe con otras familias. La parroquia debe convertirse en un verdadero hogar para todos en donde las familias se sientan acogidas, ayudadas y acompañadas. Vivir en parroquia debe ser siempre vivir en familia. Todavía es una tarea en gran medida por hacer que nuestras comunidades sean más familiares.
 
Un ámbito de la colaboración entre la parroquia y la familia es la preparación a los sacramentos de la iniciación cristiana que, en nuestra sociedad descristianizada, es cada vez más urgente. Por eso la renovación de la pastoral familiar exige la recuperación de la iniciación cristiana de los niños, los jóvenes e incluso los adultos, cuyo lugar propio es la parroquia. De este modo, a través de las parroquias, la Iglesia será “fuente de vida” para las familias. Cuando se acerque el momento del discernimiento de la
vocación la comunidad parroquial ofrecerá a los jóvenes los medios para una adecuada preparación al matrimonio o a la vida consagrada. El sacramento del matrimonio se celebra también en la parroquia, y desde ese momento la comunidad parroquial debe comprometerse en el acompañamiento a los esposos.
 
Además de la palabra de la Iglesia, es muy importante el testimonio y el compromiso público de las familias cristianas. "La unidad y la firmeza de las familias, ha recordado Benedicto XVI, ayudan a la sociedad a respirar los auténticos valores humanos y abrirse al Evangelio". Esto pido para las familias cristianas de la diócesis y eso espero de ellas.
 
Que estos días navideños nos sirvan para estrechar los lazos familiares y la comunión eclesial de las familias que se reúnen en las parroquias para la celebración de los misterios de la Navidad. Y que Dios nos bendiga por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret y nos ayude a estar cerca siempre de las familias más necesitadas.
 

Con mi afecto y bendición
 
                    

   
   
   
   
   
 

 

 

21 de diciembre de 2006

   
   
   
 
 

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